Mecenazgo Cultural: Que la cultura sea

Desde la antigua Grecia, tal vez antes, el arte y el dinero han mantenido una intensa relación.

PorGrupo La Verdad

Desde la antigua Grecia, tal vez antes, el arte y el dinero han mantenido una intensa relación.

El intercambio de obras de arte por dinero u otros bienes ha sido una constante a lo largo de los siglos, y ha ido evolucionando con la historia. Fue en el Renacimiento cuando el gusto y apoyo a las artes tomó una dimensión diferente.

Algunas de las familias más acaudaladas del momento tomaron la decisión de acoger bajo su protección a artistas que, por su nombre o su talento, destacaban del resto.

Este es el caso de la familia Medici, cuya fortuna fue destinada al apadrinamiento de artistas. valiéndoles para pasar a la historia como unos de los primeros mecenas. Sin embargo, algunos de los motivos por los que los renacentistas realizaban esa labor de mecenazgo siguen vigentes hoy en día, La finalidad del mecenas, en un principio, siempre es altruista; en cambio, es sabido que dicha filantropía viene acompañada de un reconocimiento de sus semejantes, y que reporta el necesitado prestigio, en aquel tiempo, por la nobleza, y hoy el status social derivado del mecenazgo, lo tomaron las empresas, que crean una imagen social con este método.

El arte y la cultura, en general, se convierten, por lo tanto, en “la otra cara de la moneda” de las empresas.

Continuando la historia, la actividad de mecenazgo prosiguió los siglos posteriores, pero, en los siglos XVIII y XIX, se produjeron una serie de acontecimientos que harían cambiar el rumbo histórico y que desembocarían en el siglo XX con variantes en el apoyo a los artistas e, incluso, en el concepto de mecenazgo.

La llegada de los museos y la ruptura de los artistas con la sumisión a crear un arte predeterminado por sus mecenas, trajeron en consecuencia el nacimiento de nuevas figuras: los galeristas.

El galerismo provocó cambios que, marcarían el mundo del Arte. La burguesía, que hasta entonces no había sido tomada en cuenta en sus gustos artísticos, comienza a ostentar un gran poder económico y demanda la existencia de un arte para ellos. Con figuras como Durand-Ruel, Vollard o Kahnweiler, los galeristas empiezan a convertirse en los nuevos mecenas del entrante siglo XX. Este hecho, unido a la democratización del arte, generará un nuevo sentido del mecenazgo, y consolidará el patrocinio. Pero qué significa el término “Mecenazgo”: “En el mecenazgo, al menos en teoría, existe una contribución, o donación sin otra contrapartida que la satisfacción de ayudar a un artista a desarrollar sus capacidades de expresión. No debiera haber una contrapartida directa o cuantificable económicamente”.

En este sentido, el mecenazgo queda encuadrado como una actividad altruista en beneficio de los artistas. Sin embargo, el comentario “al menos en teoría”, indica el hecho de que no siempre el mecenas realiza sin ánimo de lucro su labor, sino que, se busca un reconocimiento o determinados beneficios fiscales. Aun así, el mecenazgo es actualmente una actividad minoritaria en lo que a volumen económico se refiere ya que, generalmente, es realizado por personas físicas cuyo poder adquisitivo es notablemente inferior al de las compañías patrocinadoras.

Ley de Promoción Cultural de la Provincia de Buenos Aires
En la actualidad, la discusión sobre la participación del sector privado en el financiamiento de los proyectos culturales permitió pensar en los alcances y las modalidades para la sanción de una legislación cultural que alentara el Mecenazgo cultural.

El tema, recurrente en algunos países de Latinoamérica como Brasil y Chile, que tienen regímenes de mecenazgo de alcance nacional mientras que, en Argentina y Uruguay los regímenes son regionales o locales. Venezuela, Perú, Colombia, México, Bolivia, Ecuador y Paraguay tienen distintas modalidades de mecenazgo en marcha.

Nuestro país no cuenta con una Ley de Mecenazgo Cultural de alcance nacional, sin embargo, desde el año 2006 la Ciudad Autónoma de Buenos Aires posee una ley que ha beneficiado a varios y diversos proyectos culturales.

Al pensar determinada política cultural se debe atender la necesidad de financiamiento de los proyectos culturales donde esté la presencia del sector privado para ello hay que modificar la mirada sobre el rol del Estado como único proveedor. Es menester, buscar nuevas soluciones que atiendan a la producción cultural desde una perspectiva centrada en la acción del Estado a través del desarrollo de políticas públicas, pero con la suma del aporte privado a la hora de financiarlas.

La provincia de Buenos Aires sancionó en diciembre del año 2016 la Ley Provincial Nº14904/2016 el Régimen de Promoción Cultural en cuyo texto deja expresado el alcance a los fines de: “(…) regular el mecenazgo cultural de la provincia y a estimular e incentivar la participación privada en el financiamiento de todos aquellos proyectos que se enmarquen en las distintas áreas de cultura (…)” y la definición de Mecenazgo sobre la cual se sustenta la Ley. Articulo N.º 2: “A los fines de esta ley, por mecenazgo cultural se entiende la financiación con aportes dinerarios que realizan personas físicas o jurídicas para la realización de todo tipo de proyecto cultural a cambio de un beneficio fiscal y bajo la modalidad de una donación y/o un patrocinio.”

El Régimen de Promoción Cultural llegará a los proyectos culturales sin fines de lucro presentados por personas físicas o personas jurídicas que estén encuadrados en las siguientes categorías: Teatro, Circo-murgas-mímica y afines, Danza, Música, Letras poesía-narrativa-ensayos y toda otra expresión literaria, Artes visuales, Artes audiovisuales, Artesanías, Diseño, Arte digital, Publicaciones, radio y televisión, Sitios de internet con contenido artístico y cultural y finalmente, Patrimonio Histórico Cultural. Mantenimiento, apertura y difusión de establecimientos educativos, museos, monumentos y cualquier sitio que puede ser considerado de interés cultural.

El Mecenazgo se presenta bajo dos formas, que son: a través de los benefactores quienes realicen aportes sin relacionar su imagen con el mismo y los patrocinadores que relacionan su imagen o la de sus productos con el proyecto patrocinado.

La Ley provincial esta promulgada y publicada en el boletín oficial desde el 02 de marzo de 2017 y toma como ejemplo a la Ley N.º 2264/06 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Para que se aplique hay que definir los requisitos de operatividad de dicha Ley. Y ése es el desafío con el que los actores de la cultura nos encontramos. La ley tal vez no sea la que nos abarque a todos, es posible que tenga fallas que deban salvarse a medida que la podamos poner en práctica, pero es necesario que se operativice, la cultura lo amerita. Ahora bien: ¿Por qué y para qué es necesario financiar la cultura?

Porque es factor de desarrollo y fuente de identidad, porque es uno de los motores de crecimiento y, además, la cultura es un derecho humano. Necesitamos comprender el valor de la cultura, comprender que el desarrollo cultural de una comunidad se basa en hechos culturales, en patrimonios tangibles y/o intangibles.

Debemos crear nuevas alternativas de financiamiento, que valoren la creación y el talento de los ciudadanos, sumar a la idea de cultura público a privada un nuevo concepto colaborativo, para que más cultura emerja y los nuevos modelos económicos apunten al desarrollo cultural participativo, Qué lugar se le asigna a la cultura desde lo público es lo que se viene, debemos repensarlo, reformularlo e insistir en que esta ley se ponga de pie de una buena vez, para ver el alcance final del Mecenazgo Cultural.

Nuestra ciudad debe apelar a sus legisladores y nuestros colectivos culturales, deberán observar cuán participativos son, si quieren que la acción cultural devenga en construcción de ciudadanía y democracia cultural. Que la cultura sea.

(*) Escritora
Miembro de AAGECU

La construcción social del paisaje

Por Soledad Vignolo (*)

La construcción social del paisaje es un concepto que intenta proporcionar una exploración metodológica y de pensamiento crítico que contribuya al debate sobre un tema novedoso que pretende recuperar al paisaje como un elemento clave para reconstruir la geografía cultural de inicios del siglo XXI. Así el paisaje es tomado como el resultado de la transformación que la sociedad y su cultura imprimen sobre la naturaleza, constituyendo una dimensión paisajística cultural de la sociedad que amerita nuestro apoyo y reconocimiento.

Esto significa que hablar de paisaje es hablar no solo de los espacios que se ven y se evidencian, sino de los que son invisibles o se ocultan, de los efímeros paisajes metropolitanos, los que producen miedo, y acá amerita citar a Alex Richter-Boix cuando nos dice que la identificación de lugares peligrosos genera así unos “paisajes del miedo” o “geografías del terror” que se evitan. Unos paisajes que compartimos con el resto de los animales. El miedo es un factor ecológico más que moldea los ecosistemas. También aquellos paisajes que se generan a partir del sentimiento, esa ciudad oculta en la que aparecen los odios, los amores, la vulnerabilidad social, y se mezclan con los del género el cuerpo, o los paisajes que nos devuelve la nostalgia.

Todos ellos son piezas claves en la conformación de una nueva geografía paisajístico cultural que nos otorga miradas alternas a la tradicional del paisaje descriptivo, material, real y evidente que es al que veníamos acostumbrados. Esta nueva construcción habla de aquello que está sin estar, más subjetiva, más perceptiva, una geopolítica que se hace cargo de lo que se encuentra detrás de lo que parcialmente se ve, es entonces que podemos comprender, conociendo lo oculto, los espacios del control y de la planificación basados en los elementos que recomponen la parte evidente de los procesos crean ese paisaje determinado.

El paisaje ha sido un tema constantemente en la vida humana, representado a lo largo de la historia con diferentes estéticas e intenciones, modificándose su imagen en la historia del arte, la geografía, el patrimonio, lo cultural. Como afirma Joan Nogué en La construcción social del paisaje, de donde está tomo el título de esta reflexión, “el paisaje puede interpretarse como un producto social, como el resultado de una transformación colectiva de la naturaleza y como la proyección cultural de una sociedad en un espacio determinado”. En ese sentido, “no solo nos muestra cómo es el mundo, sino que es también una construcción, una composición, una forma de verlo”.

Por lo antedicho, el paisaje no es la naturaleza o el lugar que se contempla, sino lo que se construye a partir de ello, una construcción cultural que debe ser interpretada, y a partir esa construcción ciertos universos físicos existentes se convierten en paisaje. Es decir, elaboramos un paisaje por medio de un proceso creativo en el que la intención, intervención e interpretación del observador de ese espacio territorial da como producto una visión o una idea.

Entre los asuntos a tratar en el futuro respecto al paisaje está el acercamiento a la naturaleza entendida a veces de forma concreta y otras de modo abstracto, la preocupación por la intervención del hombre o la memoria como elemento fundamental en su construcción, en el que lo importante no es lo que se ve, sino lo que no está presente, pero forma parte de la historia del lugar y de las personas.

Es relevante también comprender la ciudad posmoderna y su periferia llena de límites indefinidos se vuelven centro de atención que requieren una reflexión sobre esa transformación, esa ruina, y una construcción de lo degradado. Todos los paisajes, son paisajes construidos, porque es producto de una construcción social. Esta pandemia mundial nos permite reflexionar sobre lo que le hacemos al paisaje natural, sobre la necesidad de sostener políticas que conserven sin impedir el desarrollo, sobre una búsqueda sustentable en lo que se ve, pero también en aquello que esta como fondo de cocción del paisaje.

Nosotros tenemos en nuestra ciudad humedales, laguna, y mucho paisaje urbano que se modifica sin tener a veces una mirada amplia sobre el mismo. Dice Roberto Mulieri, presidente de la RAP Red Argentina del paisaje: “El mundo va a necesitar voces autorizadas, con carisma y fuerza simbólica, con una visión nueva sobre la relación de la sociedad con la naturaleza y también sobre este modelo de producción que lleva decenios de saqueo de los bienes de la tierra y la modificación del clima.”

Todo eso es cierto, pero agrego que debemos plantear soluciones que tengan trazabilidad, que mantengan la producción, aunque adecúen los métodos, que volvamos a pensar que somos una especie que debe preservar su hábitat, y que lo que puso en juego la pandemia, es mucho más que la certeza de la mortalidad. Podemos elegir cómo vivir. Y pensar la construcción social del paisaje es la llave para comenzar una nueva forma de existencia, posiblemente más igualitaria.

(*) Miembro de AAgeCu

La cultura de la razón y la mediación

Decidimos entonces tener una certeza: después de esto, el mundo no será igual.

En tiempos de pandemia todo se asemeja. Las semanas pasan volando y con ellas vuelan las certidumbres arraigadas. El virus reaparece en los lugares del mundo que creían haberlo superado. Los virus no pasan, esa es la cuestión.

Decidimos entonces tener una certeza: después de esto, el mundo no será igual. Pero ese futuro va a depender de las acciones del presente. No hay dioses que decidan por nosotros, como vemos, nada está escrito.

Y aquellos que creemos en la ciencia, vemos que es a partir del conocimiento y de la acción, que podremos modificar las cuestiones actuales para acercarnos a un futuro deseado. Pero claro, nada es para siempre.

Polanyi dice que en los últimos 50 años pasamos ‘De la gran transformación a la gran financierización’, pero olvida que hay también un pasaje de la modernidad de los grandes relatos a una posmodernidad que fluye, que deja atrás lo sólido, los mandatos de las grandes instituciones, donde el sujeto no es colectivo sino individual, esa “modernidad líquida” como la define Bauman, una corriente cultural que resalta al individuo, su subjetividad y su libertad emancipada de lo grupal.

Es fácil demonizar como neoliberal esa cuestión cultural individualista que poseemos, pero también es dejar de hacernos cargo de la desigualdad e indiferencia; la obsolescencia, la diferenciación y el narcisismo.

Tenemos que cuidarnos de los relatos ajenos, que afectan el sentido común. ¿Por qué estaría mal el mérito, la aspiración, el sacrificio y el deseo de un “país normal”?, tal vez el error es creer que eso puede lograrse sin lo comunitario. Y ahí caen todas las corrientes ideológicas. Ese híper, está hoy presente en ambos lados de una grieta que solo conviene a pocos.

El mérito propio y la solidaridad no son enemigos. Los valores morales no son sólo signos ególatras. A través de los valores, uno puede entrar a relacionar con la comunidad, sin caer en discursos vacíos que alejan la posibilidad de unión a través de la cultura. Los símbolos sociales y culturales son necesarios, pero deben ser verdaderos, para que no fragmenten el tejido social.

En el mundo de hoy hablamos todo el tiempo de consumo, pero no hablamos de qué consumimos. Y eso atraviesa la cultura y su problematización en todo el abanico ideológico. ¿Qué consumimos aquellos que decimos ser de una izquierda social, y los liberales? Sincerar los discursos en esta liquidez social que el virus desvanece, es menester. Los estatismos demostraron no poder resolver el golpe del coronavirus, tampoco el extremo individualismo. Ahora ambos, están amenazados y a su vez amenazan con necesitar de aquello mismo que anteriormente cuestionaban.

La política es razón y mediación. El individuo es productor de sí y es guardián de la acción pública, porque el estado somos todos. No es un resguardo creado por un lado de la grieta. Las políticas de estado son las que nos están faltando. Y no se consiguen con soberbia o con divisiones, se logran con consenso, con madurez, con todo el arco ideológico político trabajando en forma mancomunada.

Uno de los temas más debatidos respecto de los efectos de la pandemia se vincula con la conciencia de finitud, de la muerte, de la fragilidad que portamos. La decisión para tomar es si nos encerramos, en un concepto nacionalista obsoleto o si volvemos a encontrarnos como especie humana diversa y enriquecida por múltiples miradas.

La crisis del coronavirus trastoca el tiempo, pero también la reconfiguración del espacio. La pandemia, cualquier pandemia, es una experiencia muy territorial, pero debemos pensar que respuesta damos a esto como sociedad. Nos lavamos las manos o nos hacemos cargo. Somos seres finitos.
Hoy formamos parte de una sociedad en transición -en el sentido de Gramsci- donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo tarda en nacer.

En esta transición de la subjetividad individualista, ha decrecido la importancia de la apariencia, se diluye la inmediatez. Los tiempos van cambiando. Aparece como necesaria la paciencia para soportar la cuarentena, pero, tal vez, se requiera de una paciencia activa, porque considerar que solo guardándose se puede esperar, aguantar y llegar a la normalidad, puede ser exasperante.

Se requiere un sentido para afrontar los miedos cotidianos, la desaparición de las rutinas, el subsistir, aprender algo y ayudar, pero no todos pueden. Y entonces ese discurso pseudo social se desarma porque lo colectivo no alcanza, no llega a todos. Por eso digo que el estado no es un ente ajeno. Somos nosotros, aquellos individuos aspiracionales y tildados de muchas maneras los que con impuestos sostenemos el aparato estado para que dé respuestas en situaciones como ésta. ¿Las da en forma adecuada? ¿Hay justicia en las acciones del estado?

Siento que se va produciendo un quiebre con el sentido común anterior y en la cultura. La pandemia y el aislamiento forzado y protocolizado ha agudizado tendencias que ya estaban presentes antes de la aparición del Covid-19. La cuestión es que las respuestas dependerán de la reserva moral de nuestra sociedad, tal vez estemos ante una transición no solo de la subjetividad del modelo cultural, sino también con un cambio donde lo comunal adquiera un nuevo sentido que no desprecie el mérito, o lo individual, sino que a partir del mutuo apoyo y del esfuerzo personal construyamos sociedades más justas.

Hay una lucha cultural y política que deberemos llevar adelante en la pospandemia si queremos volver mejores. Y creo que debe redefinirse el rol del Estado. Comprender que Estado no es gobierno, que Estado es políticas a futuro, reservas a futuro, proyectos y crecimiento, de lo contrario, se transforma en un elemento de uso y abuso de los gobiernos de turno.

Como sociedad debemos mirarnos sin tapujos, y reconocer que las políticas todas, de cualquier abanico ideológico, desde la izquierda al mal llamado neoliberalismo, solo acrecentaron la desigualdad en los últimos cuarenta años. La corrupción y el desfalco a lo público fue moneda corriente, pero no llegan al poder agentes externos sino actores sociales, que forman parte de una moral colectiva que se viene deformando abarcada en discursos colectivistas pero vacíos que abusan de la ignorancia de gran parte de nuestra sociedad.

Ya no es cuestión de partidos, es de actitud. ¿Vamos a ser justos y fraternos? ¿O vamos a caer en la terrible inequidad de la sociedad actual donde es lo mismo ser ladrón que honesto, trabajador que vago, como un cambalache posmoderno y sin moral?

Esa nueva conciencia es necesaria, para que la solidaridad no sea una fake news. Más allá de la pandemia y de sus secuelas de miedo y cuarentena, los ciudadanos de a pie tienen la oportunidad de darse cuenta de que son más que los políticos y los gobiernos, que pueden transformarse en una fuerza social e imponer su voluntad al mundo que viene.

Nuevas rutas pueden abrirse, porque estos escenarios complejos y con nuevas incertidumbres, tan evidentes en la pandemia, no desaparecerán cuando esta concluya, forman parte ahora del mundo actual, pero no serán rutas que pasen solo por el Estado, el compromiso individual es decisivo para crear una sociedad donde la cuota de subjetividad sea la necesaria, sin ampulosas definiciones de izquierda ni de derecha, sino orientada a la búsqueda de un bien común, donde se utilicen los mejores recursos y los más sustentables, porque la desigualdad que va a dejar la cuarentena, es mucho más terrible que la pandemia, y nos va a sumir en un proceso de pobreza difícil de remontar.

Y no lo va a remontar un Estado omnipresente, por el contrario, el estado solo debe definir políticas a futuro, con eficacia y disminuyendo su estructura elefantiásica para poder crecer como sociedad, lo va a remontar una ciudadanía comprometida. Argentina debe cambiar su mirada, apoyar la creación de empleo genuino, el fortalecimiento de las industrias, el crecimiento de la producción, la generación de riqueza debe ser aplaudida, porque crea empleos, condiciones dignas, debemos volver a la cultura del trabajo, a la de los que forjaron este país. Sin temor de decirlo. El esfuerzo no es lo mismo que el asistencialismo. Llena el alma, crea conciencia, sentido y valor.

Un país que castiga el crecimiento está condenado al fracaso. Pero los argentinos no somos así. Debemos abrazarnos y ayudarnos a crecer, de pie, como hermanos, unidos por un fin de grandeza para nuestros hijos, que son los de todos y cada uno de los ciudadanos. El cambio es cultural, y es posible.

(*) Escritora/Gestora Cultural
Miembro de AAGeCu

Ciudad post coronavirus ¿Va a transformar la pandemia el diseño urbano?

La vida social y comunitaria, al menos por un tiempo se verá transformada. Las ciudades pospandemia parecen ser una sombra de lo que fueron. El miedo a las multitudes, la distancia social, el teletrabajo, la prohibición de alejarse a más de un kilómetro de la vivienda en algunas urbes lo muestran. La pandemia del coronavirus y el confinamiento han cambiado nuestra forma de relacionarnos con la ciudad y también su diseño. No siempre los cambios son buenos. Pero son. Las primeras modificaciones han sido vertiginosas y eventuales como las restricciones de paso, las mamparas en los supermercados, las marcas en el suelo o los balcones reconvertidos en centros de la actividad social. Pero muchos de estos cambios, que van desde los materiales constructivos hasta la circulación urbana, están cimentando las bases posibles de las ciudades post-coronavirus.

Las ciudades frente a la epidemia.

La arquitectura moderna tiene más que ver con la defensa de la salud que con cualquier otra cosa, suelen decirnos los arquitectos actuales. Y es muy posible que así sea. Las enfermedades y los cambios hacia adelante en el diseño de las ciudades han ido históricamente de la mano. A inicios del siglo XX, los arquitectos tomaron más ideas de médicos y enfermeras que de la teoría de la arquitectura. La tuberculosis provocó cambios en la forma de edificar y habitar con espacios más higiénicos, que evitaran la concentración de polvo y paredes blancas. La enfermedad es lo que modernizó la arquitectura, no sólo los nuevos materiales y tecnologías. Una de cada siete personas moría de tuberculosis en el mundo, pero en una gran metrópoli, era más bien una de cada tres. Los arquitectos tenían una muy buena razón para querer limpiar, no sólo en lo estético. Esta época no será excepción a la regla, y modificará la arquitectura futura y el comportamiento urbanístico de las ciudades. En especial de las megalópolis.

Siguiendo un hilo histórico, las primeras leyes urbanísticas nacieron en el siglo XIX durante la Revolución Industrial para controlar las enfermedades infecciosas. Se implantaron para aumentar el tamaño de las viviendas, como que hubiera ventilación o que llegara la luz del sol. Al respecto el sociólogo estadounidense Richard Sennet escribió que este poder transformador reside en que las epidemias afligen tanto a ricos como a pobres en las ciudades. Sennet dijo que teme que la ciudad sana que demanda la pandemia de coronavirus sea incompatible con la ciudad verde, que se basa en la concentración y densificación de los transportes colectivos. «La ciudad sana requiere que el sector del transporte garantice de alguna forma una distancia segura entre los viajeros, algo incompatible con la forma en la que los transportes públicos funcionan». Estos planteos fueron analizados en el “Repensando el Mañana” realizado en Madrid. Según el sociólogo, la solución para esto sería el concepto de “la ciudad de 15 minutos” en la cual es posible ir a pie o en bicicleta a los nodos de trabajo o compras. En Europa, Paris está probando este método. Pero Latinoamérica no está muy cerca de estas opciones. Tal situación está fuera del alcance de la mayoría de las ciudades pobres, donde los lugares de trabajo o los colegios se encuentran muy alejados de los barrios u otras formas de asentamiento irregular. No podemos pedirle a alguien que pase tres horas pedaleando al trabajo y luego tres horas para volver. «La cuestión y la gestión de la densidad es clave para entender lo que significa esta pandemia para las ciudades», concluye Sennet.

El problema radica en que la densidad es la forma más verosímil de habitar, ya que la concentración de los servicios permite su acceso a una mayor población. Es raro pensar en una solución basada en un mundo disperso, si la sociedad es cada vez más aglutinada y populosa.

Es muy probable que las ciudades post pandemia vuelvan a abrazar al vehículo privado. Una de las principales intervenciones higiénicas a corto plazo a raíz del coronavirus será el auge del transporte privado ante el miedo a los transportes públicos, pero no necesariamente debería ser auto. Hay otros medios sustentables como la bicicleta y las motos eléctricas que pueden efectivizarse sin cambiar la morfología urbana.

La pandemia no va a modificar los espacios “limpios” en las ciudades chicas o mediana, tal vez los consolide, pero los vehículos privados ocupan un espacio que se va a necesitar para ampliar las aceras del centro de las grandes capitales. En medio de la pandemia, es difícil imaginar la masificación a la que estaban habituados lugares como la Avenida 9 de Julio o la del Libertador, Corrientes y Córdoba en CABA. Pero con el tiempo esa masa de gente volverá.  Y en ciudades en que la bicicleta es medio de transporte como la capital, habrá que aumentar las sendas para hacerlo. Claro que nuestra inmensidad dificulta el uso masivo, que probablemente sea posible en las capitales europeas.

La arquitectura y el urbanismo de la ciudad post-coronavirus

A corto plazo veremos cómo los municipios experimentan con la instalación de elementos de segregación social en lugares públicos, tales como mamparas. También habrá un cambio de materiales. Se buscarán materiales que transmitan menos los virus, éste o cualquier otro del futuro.

Por otra parte, el impacto del coronavirus en el turismo se verá rápidamente reflejado en aquellas ciudades más dependientes del mismo. Ya está ocurriendo. Esto va a llevar a la reconversión de ciertos tipos de turismo de manera acelerada. Los hoteles van a tener que buscar soluciones temporales a su uso por la falta de demanda, y también todo el tejido de vivienda turística que ha producido procesos de gentrificación muy interesantes se verá afectado. Esto puede suponer el fin del predominio de los departamentos destinados a alquileres turísticos en los centros de las grandes ciudades a favor de su regreso al alquiler convencional, para dar un ejemplo concreto y de mediano plazo.

Con el paso del tiempo veremos que muchos de los cambios van a estar impulsados por el teletrabajo y el redescubrimiento del entorno más cercano a la vivienda. El hecho de que más personas trabajen desde casa va a impulsar cambios en las oficinas al tener que albergar menos puestos de trabajo y en el tejido urbano de restaurantes y cafeterías que se sustentaba en esos trabajadores que ahora se quedarán en sus barrios. Los barrios se comercializarán y se generarán nuevas centralidades. Los bienes cambiaran su valor y el centro original perderá preponderancia. Esto trae también un nuevo comportamiento social, y nuevas expresiones culturales descentralizadas.

La vivienda también va a cambiar a medio plazo hacia entornos más cómodos que demandarán un espacio para el teletrabajo y verde. Se modificará el urbanismo y la regulación debe estar acorde a estos nuevos parámetros de convivencia. Las ciudades post-coronavirus imagino que serán más verticales, con más árboles y mejores parques y más lugares para hacer actividad física en los barrios. Pero esta pandemia nos puede traer otra, que puede causar aun más muertes. Porque los cambios que deja apuntan al sedentarismo. Una conducta social quieta, en las cercanías. En un mundo en el que se van a reducir los desplazamientos al trabajo, esto será un reto aún mayor. Pero las ciudades saldrán reforzadas de la pandemia. Siempre lo hacen, se reconstruyen tras guerras o debacles climatológicas. Se sostienen en los cimientos de su historia y el poderío de sus habitantes.

Las epidemias son un big bang y sirven en muchos casos para que las ciudades se adapten con el fin de mejorar la vida de las personas. Que así sea. Este análisis pretende concientizar sobre cambios que vendrán, en los que todos debemos involucrarnos. Como dice el filósofo mediterráneo Nuccio Ordine: “El coronavirus nos muestra que las personas no son islas”.

Soledad Vignolo

Escritora/Gestora Cultural

Miembro de AAGECU

Diario de Cuarentena: Los pasos perdidos

«Había grandes lagunas de semanas y semanas en la crónica de mi propio existir; temporadas que no me dejaban un recuerdo válido, la huella de una sensación excepcional, una emoción duradera; días en que todo gesto me producía la obsesionante impresión de haberlo hecho antes en circunstancias idénticas -de haberme sentado en el mismo rincón, de haber contado la misma historia, mirando al velero preso en el cristal de un pisapapel. Cuando se festejaba mi cumpleaños en medio de las mismas caras, en los mismos lugares, con la misma canción repetida en coro, me asaltaba invariablemente la idea de que esto sólo difería del cumpleaños anterior en la aparición de una vela más sobre un pastel cuyo saber era idéntico al de la vez pasada. Subiendo y bajando la cuesta de los días, con la misma piedra en el hombro, me sostenía por obra de un impulso adquirido a fuerza de paroxismos -impulso que cedería tarde o temprano, en una fecha que acaso figuraba en el calendario del año en curso-. Pero evadirse de esto, en el mundo que me hubiera tocado en suerte, era tan imposible como tratar de revivir, en estos tiempos, ciertas gestas de heroísmo o de santidad». Alejo Carpentier

Bueno, parece que el país va a comenzar a liberarse de a poco, después de tanta crónica espantada por la desidia y la pereza, Pero, aunque es un gran paso, es un paso que puede ser en falso si no somos capaces de controlar las cuestiones urgentes como sociedad. Parece que quieren reformar la justicia, como no tenemos problemas siguen insistiendo en crear nuevos. Esa manía argenta de tener justicia que coma de la mano del ejecutivo de turno. Por otra parte, le decimos al mundo que no tenemos plan económico, cosa de que se asusten más. A veces cuando hablo con mi familia y amigos que viven en países predecibles, no pueden creer la resistencia de nuestro pueblo. A veces me pregunto si no confunden resistencia con ignorancia.

Comenzamos a andar, con muletas, sin ilusiones y por senderos escabrosos, llenos de obstáculos de todo tipo. Expectantes, ese gran paso dará lugar a otros, para rehacernos, para volver a contar la vida y no la muerte, para descontrolar un poco las emociones, cafetear con amigos, y aún sin abrazarnos, sentir que estamos más cerca de lo natural. Aunque sea un rato de tu día podrá ser diferente. Y en el abanico de sensaciones con sabor a pasado vivido, subiendo con la misma piedra al hombro una y otra vez, tal vez hallemos un dejo de paz.

Diario de Cuarentena: Caja.

La libertad suena donde las opiniones chocan. Adlai E. Stevenson

Buen domingo para todos, Tres meses y medio atrás, no teníamos conciencia del valor de la libertad en la que vivíamos. Y hoy no tenemos conciencia del sentido de esclavitud que adquirimos. Cada vez más el otro es un enemigo mortal. Los gobiernos sostienen que es delito federal ver a tus amigos, o reunirse. ¿Saben desde cuando no ocurre esto? Sí, lo saben. Pero hacer cola con desconocidos no es peligroso, tener trato cotidiano con el panadero o verdulero tampoco, ir al banco o al cajero para pagar impuestos no nos hace nada. Ahora, si se te ocurre festejar algo podés ir preso. Si te pegás un abrazo con tu viejo, lo querés matar.

Muchos dicen que esto es cavernícola, y es verdad. Pero veo algo peor, esto es debilitante, Nos quiebra, nos deja sin cable a tierra. Y para comprender que está todo mal, digamos que abrimos la sociedad cuando más casos tenemos, o sea estuvimos encerrados tres meses por las dudas y cuando el virus finalmente llegó comenzamos la apertura. Una payasada. Lamento no creer en la bondad de las autoridades, prefiero confiar en gente que conozco y a la que no puedo ver. Los ancianos cada vez más tristes y flojos porque a diario les recuerdan que la muerte esta cerca, pero esta vez además los aisla. Tenemos a los niños y a los adolescentes hace tres meses y medio encerrados por las dudas. ¿Por las dudas qué? que un virus contagioso pero de muy baja letalidad les agarre? Entonces vivamos para siempre en una caja de cristal hasta que nos muramos asfixiados por el propio monóxido de carbono. Porque hay mucho riesgos aparte del corona, podés contraer muchas enfermedades en la vida, y sí, también te podés morir.

Yo quiero hacerlo lo más tarde posible, pero libre. Eligiendo. Sintiendo que hay futuro y que no depende de paladines mediocre que solo quieren cuidar su trasero. Mientras nuestros jóvenes son «asesinos irresponsables» si se quieren juntar. Basta de privilegios para pocos y encierro para todo el resto. Exijamos transparencia e idoneidad. Porque si no lo hacemos, no hay libertad y sin libertad no hay mañana.

Celebración de los Poetas por la Patria

Este jueves, día que se conmemora nuestra Independencia, el grupo Poetas por la Patria hará una celebración virtual con poetas desde La Quiaca hasta la Patagonia. 

Con idea del poeta Darío Lobato, de Buenos Aires, y coordinación de Ernesto Rojas, leerán: Alfonso Nasiff, Roberto Espinosa, Lucía Carmona, Coqui Sosa, Melcy Ocampo, Mario Tolaba, Hilda García, Honoria Zelaya de Nader, Edith Albaini, Darío Oliva, Lidia Vinciguerra y Soledad Vignolo. Cantarán el himno nacional, hablará la Directora del Museo de la Casa Histórica de la Independencia y luego tendrá lugar el recital programado. Todo por las principales redes.