Diario de Cuarentena: La vie devant soi

«Para tener miedo no hacen falta motivos, Momo» (Rosa)

La vida ante sí es una novela sobre el amor de Émile Ajar (Romain Gary) premio Goncourt publicada en 1975. Sobre ese amor indispensable entre seres desamparados que viven en un mundo sórdido y degradado. El señor N’Da Amédée, el doctor Katz, el señor Hamil,  la señora Lola y otros seres que deambulan por las calles de ese barrio parisino.

Momo es un niño de 10 años. No conoce ni a su padre ni a su madre. es el protagonista   Vive en un suburbio de París lleno de prostitutas, proxenetas, ladrones, inmigrantes ilegales, buscavidas.  Solo quiere sobrevivir. El pasado es difuso. El futuro es algo lejano.
Momo vive con una anciana judía que ha sobrevivido a miles de avatares y que se encuentra en el final de su vida. En una pensión cobija a cambio de una cantidad de dinero mensual a los hijos de las prostitutas que no pueden o quieren hacerse cargo de ellos. Momo es uno de esos chicos. La señora Rosa.

Era una persona que vivía de recuerdos. Ustedes pensarán que es una estupidez, que todo aquello ya está muerto y enterrado pero los judíos son muy tozudos, y más cuando han sido exterminados. Ellos siempre dale que dale.
En un mundo degradado y cruel, hay espacio para el amor, para la esperanza.El amor que sin quererlo, sin saberlo, se establece entre Momo y la señora Rosa es un amor que lleva a cumplir promesas, incluso imposibles.
La señora Rosa dice que la vida puede ser hermosa, pero que nadie ha dado con ella todavía y que, entretanto, hay que vivir.
Este año en Netflix se ha vuelto a llevar al cine esta novela de la mano de la gran Sophia Loren, que juega con el realismo mágico en la figura de una leona soñada por Momo, tal vez como un símbolo materno de fuerza o espiritualidad.

Romain Gary gano el premio Goncourt en 1956 con Les Racines du ciel. Émile Ajar, ganó el premio Goncourt con La vida ante si.  Émile Ajar es el pseudónimo de Romain Gary. Romain Gary nació en Lituania en 1914 y murió en París en 1980. Es mi autor recomendado de hoy.

Es un libro singular . Una especie inusual de las que se cuentan pocas en la literatura. Y su autor no fue menos singular. Emigró a Francia, combatiendo en el Frente de Liberación, siendo condecorado. Ocupó cargos diplomáticos en Nueva York, Londres y Los Ángeles. Después de un primer fracaso matrimonial se casó con Jean Seberg, de la que tuvo un hijo. Al año de suicidarse ella no pudo con la depresión y se disparó un tiro en la boca con un revólver Smith & Wesson, muriendo en el año 1980.
Su vida es novelesca, y no sólo por sus peripecias o sus 30 novelas, sino por los avatares con los críticos franceses. Le acusaron de mal escritor y de carente de ideas. Se refugió en varios cambios de nombre para burlar a los críticos Con el nombre de Emile Ajar llegó el escándalo. Su segunda novela en esta nueva etapa, La vida ante sí, cautivó a todos los jurados del país y le concedieron su segundo Goncourt. Al poco se supo la verdadera autoría del libro, considerado por sus antiguos detractores una obra maestra. Pero el autor no pudo con el peso de su vida, es que…

«¿Se puede vivir sin alguien a quien querer? (Momo)

Diario de Cuarentena: Matate,amor.

Ariana Harwicz nació en Argentina en 1977 y vive en Francia desde 2007 donde escribió sus dos novelas Matate amor (2012) y La débil mental (2014). Sus novelas son huis-clos campestres que se devanean entre el agobio familiar y un bestial mundo interior que las hace únicas.  

El agobio, la falta de aire, dan ritmo a una narración ahogada, apretada, como si los planos de su vida fueran cortados en pedazos. Desde las primeras páginas de Matate amor, en que la protagonista está agazapada en los pastizales mirando de lejos a su casa con un cuchillo en la mano, pensando si va o no va a matar a su marido y a su bebé ; y en esas huidas desesperadas y compulsivas al bosque y los matorrales donde a veces encuentra la mirada misteriosa de algún ciervo. Ariana Harwicz se atreve a sentir lo indecible y a expresarlo con maestría absoluta.

En un desesperado intento por liberarse de lo que se espera de ella en su rutina de madre-esposa-dueña de casa, de un marido pusilánime y de un hijo concebido a la fuerza, la protagonista de “Matate, Amor” huye a la catarsis brutal casi en una evocación a la brujería. Podríamos decir que la protagonista es una bruja poseída, de aquellas que los hombres quemaron vivas o ejecutaron públicamente por no adherirse a lo que se suponía que tenían que ser. Con frecuencia, la vemos revolcándose en la tierra, masturbándose con urgencia, y realizando, sin querer, los que parecen ritos paganos. También, en actos de rebeldía liberadora, recurre a una indiferencia furiosa, a la infidelidad y otros yeites. ¿Es una loca? tal vez, pero también somos nosotras, enfrascadas en una etiqueta mordaz que nos impide ser.

En “Matate, amor” cada“capítulo” de la obra es como un gran párrafo, sin puntos aparte, y mientras más libre y más errática se vuelve la protagonista, más frenético el relato. ¿Será porque está más cerca del objetivo? Como lectora, pude sentir el fiereza de huir de lo establecido y la búsqueda desesperada del querer (deseo perdido) en lugar del deber. Ariana Harwicz escribe como pensamos, como podemos pensar o como no nos atrevemos a pensar. Hay una ambivalencia entre el aburrimiento y la belleza del paraje aislado pero hermoso en el que habita la historia,pero para la protagonista esa hermosura se va transformando en hastío, desesperación, ansiedad hasta llegar a un grito salvaje: “Lo traje al mundo, ya es suficiente. Soy madre en piloto automático. Lloriquea y es peor que el llanto. Lo alzo, le ofrezco una sonrisa falsa, aprieto los dientes. Mamá era feliz antes del bebé. […] Qué quiere de mí. ¿Qué querés? No me deja dejarlo. Se arquea. Ayer tuve que ir a hacer con él, hoy prefiero hacerme encima”.

Las pulsiones se relacionan con lo indefinido. En Matate Amor, las categorías de la novela quedan en la indefinición. No es lo que se espera, el espacio es un campo cualquiera, un no-lugar que sin embargo está bien delimitado por las acciones de los personajes y las relaciones que entablan entre sí (el marido que va al trabajo, el hombre de la moto que va y viene, los vecinos que viven al lado, el bosque y la casa). Es dicotómico porque por una parte encierra y por otra parte está el bosque que parece liberar, que es un lugar de escape. El tiempo también es indefinido porque es repetitivo, marcado por el ritmo del campo y de lo cotidiano, el ritmo del bebé con sus necesidades, y el de las compulsiones de la protagonista. Alterna entre lo mental y lo exterior . La noche está, en cambio está siempre, a toda hora. . Los personajes no tienen nombres. Es interesante notar que el marido tiene una historia y una familia en la novela, pero ella no tiene historia, no tiene familia. ¿No es?

Me entusiasmé mucho con la relectura de Matate, amor durante esta semana, y creo que puede sacudir nuestras cabezas racionales y volverlas cada día más locas. Como autora, de lo mejor que leí. Y el final no desilusiona, enriquece.

Diario de Cuarentena: Cicatrices

Los domingos, un libro, por que leer y releer nos va cicatrizando, creando esas líneas que las vida nos deja en ocasiones para recordar lo vivido.

En Cicatrices, a mi juicio la primera novela equilibrada en lo formal y en la madurez literaria de Juan José Saer (Serodino, Santa Fe Argentina, 1947 – París, 2005), escrita en 1969, es   la primera persona que narra cada historia la que nos va a llevar hasta el fondo de sus tribulaciones a través de su peculiar  mirada del mundo.

La primera parte, Febrero, marzo, abril, mayo, junio, está protagonizada por Ángel Leto, joven de 18 años al que ha participado en una novela anterior. Ángel convive con su madre y trabaja en el diario local, junto a  Carlos Tomatis.

Es un joven que esmera su rabia, la desahoga bebiendo, leyendo hasta tarde en su cuarto o desnudo en su patio y caminando sin cesar por la ciudad. Su voz narrativa joven se denota por ejemplo cuando dice:  “Al tipo no lo había visto en su perra vida”.

Tomatis, el personaje donde veo  representado a Saer con más fuerza vuelve a expresar alguna de sus teorías sobre la novela: “Hay tres cosas que tienen realidad en la literatura: la conciencia, el lenguaje, y la forma. La literatura da forma, a través del lenguaje, a momentos particulares de la conciencia. Y eso es todo. La única forma posible es la narración, porque la sustancia de la conciencia es el tiempo”.

En esta novela aparece por primera vez el juez Ernesto López Garay (no estoy segura de cuál de los dos hermanos López Garay es: si el que murió asesinado por los militares o el que vive en París), obsesionado por realizar una nueva traducción de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde.

Pero me quedo en la primera parte de la novela con la cuestión metafísica: cómo Leto cree encontrarse en las calles de la ciudad con su doble e intenta perseguirlo.

Ángel piensa acerca de su doble: “…el campo de él era un campo para mi desconocido pero familiar.” “…lo único terrible en la cuestión de mi doble era la posibilidad de que él estuviese viviendo una vida que yo no podía vivir”.

Esta primera parte termina con una frase que podría ser la que justifica el título del libro: “Cualquiera hubiese sido su círculo, el espacio a él destinado a través del cual su conciencia pasaba como una luz errabunda y titilante, no difería tanto del mío como para impedirle llegar a un punto en el cual no podía alzar a la llovizna de mayo más que una cara empavorecida, llena de esas cicatrices tempranas que dejan las primeras heridas de la comprensión y la extrañeza” Y queda  Leto enfrentado a su doble.

La segunda parte, Marzo, abril, mayo, la narra Sergio Escalante, abogado que no ejerce, porque se dedica a malgastar su dinero –y el heredado– en el juego. Entre una timba y otra escribe ensayos sobre filósofos mezclados con cultura popular, con títulos como El profesor Nietzsche y Clark Kent (es posible que todos los títulos de ensayos que aparecen en esta novela de 1969 sean  las novedades de fin de año de la editorial Blackie Books).

Y si en la parte de Leto, con su  devaneo metafísico, ya habíamos pensado en Dostoyevski, aquí expresamente cita su novela El jugador. Escalante dice algo que muchos hemos sentido al leer El jugador, y es que Dostoyevski conjetura la adicción y no se mete de lleno en ella salvo en el final de su novela. La narración de la obsesión por el juego es agobiante aquí, nos alucina, agota al lector, es en sí una novela corta espectacular, sin necesidad de las tres partes que la acompañan.

Cuando describe el juego de cartas favorito de Escalante y afirma: “De modo que en el juego de punto y banca la repetición es imposible”; creo que Saer dialoga con Borges, cuando en el poemario Fervor de Buenos Aires, éste describe el juego del truco y escribe: “Una lentitud cimarrona / va demorando las palabras / y como las alternativas del juego / se repiten y se repiten”. Esta etapa descriptiva del juego asfixia y ahoga, nos somete como lectores a la misma pesadez que tiene el protagonista en su vida.

Saer habita con comodidad el arte de  narrar sobre la vida, reflexiona sobre ella, pero lo utiliza como escape, para tornar al fin de cuentas en secundario el resumen de los hechos. Se apropia del universo  de sus protagonistas para interpelarnos, entonces las referencias al lugar parecen más relevantes que las propias personas,

En la segunda parte, desnuda como al pasar que César Rey, uno de los personajes de La vuelta completa, murió en Buenos Aires atropellado por un tren. Como si Tomatis y Leto se hubiera escapado de una novela y boyaran en ésta otra.

La tercera parte, Abril, mayo, La cuenta el juez Ernesto López Garay, el juez al que vuelve muchas  páginas después,  para contarnos sobre un encuentro entre él y Leto, narrado desde el punto de vista del juez López Garay está lejos de los hombres (a los que llama dentro de sí gorilas) y para reforzar esa distancia, Saer se sirve del recurso de narrar largos paseos en coche, describiendo cada calle o peculiaridad del camino, de manera minuciosa y obsesiva, a lo Saer. López Garay sueña, y sus sueños son una orgía caníbal de hombres primitivos o el incendio de una llanura, que aparecen en Cicatrices como premoniciones de otra novelas posteriores, tales serían  El entenado y Las nubes.

La cuarta parte, Mayo, la más corta del libro nos narra el último día de la pareja Fiore, cómo van a cazar patos a una laguna por la mañana y a la noche él le pega un tiro mortal en la cara a ella. Una narración costumbrista, con profusos diálogos, cuyo desenlace terrible y del que no podemos escabullirnos afectó ya a los personajes de las otras tres partes de la novela.

Cada narración es una novela en sí misma. Cortas, insistentes, con un único punto de conexión entre ellas que es el asesinato del obrero, sumado a algún personaje secundario aislado, pero lo narrado no gira en torno a este hecho, se utiliza como una conexión a mi juicio forzada y tenue entre las partes que solas, cada una, cuentan historias magistralmente.

Al fin de cuentas, eso son las cicatrices, partes de un todo que se ha vivido, que tiene que ver con una historia propia, aunque cada cicatriz cuente una particular. Por ejemplo, cuando Ángel huye de lo que vio, su madre y mentor juntos, se topa  por primera vez con su doble frente a frente. Ve en el otro su propio rostro “…una cara empavorecida, llena de esas cicatrices tempranas que dejan las primeras heridas de la comprensión y la extrañeza”.

Así lo dice el autor. No agrega una palabra más, circunda de ese modo lo indecible, y permite que cada uno haga su propia interpretación del texto. Aparece clara la función del lector. Aquí en esta escena nos muestra las cicatrices que dejan la confrontación con la castración materna que lo  lleva a la propia. Ángel hasta ese momento sólo tenía heridas, tal vez invisibles para sí mismo, sin cicatrizar y que lo llevaban a  suponer que otro estaba viviendo una vida que le era negada. Esa posición de sombra que elegía, le hacía imposible vivir una vida fuera de la endogamia familiar.

Confrontar a su madre como mujer de otro hombre,  lo corre de posición, y le abre la posibilidad de ser él un protagonista de su propia vida.

Los acontecimiento dejan huellas en el cuerpo. Aunque estamos ante un personaje literario, Ángel puede ser cualquiera de nosotros tratando de  descifrar de qué están hechas nuestras cicatrices.

Y a eso nos enfrenta Saer en esta obra.

Diario de Cuarentena: Middlesex

Este domingo recomiendo un libro que me recomendó mi amigo y maestro Luis Mey, que voy a releer mucho. Porque los libros que interpelan, y que juegan con nuestros valores y pensamientos fijos, esos que arrastramos por mandato, son aquellos que releo una y otra vez. Ha ganado el Man Pulitzer Book Award . Y es lectura de la buena. Me voy a comprar Las vírgenes suicidas y luego se los comento. Pero leer este libro fue un deleite. Pero paso a contar un pogo de esta obra de Jeffrey Eugenides:
Calíope Stephanides, de familia griega, nació con una mutación que lo hace diferente a los demás: Es hermafrodita. Nació con el fenotipo de mujer, pero con el genotipo de hombre. Después de una vida con singularidades, Cal se propone explicarnos su historia y la de sus antepasados, sumándole una biografía de Estados Unidos, Detroit en particular, desde los años veinte hasta finales de los setenta. El autor
parte de un principio que se cree sencillo (la biografía de un hermafrodita) para complejizar la historia que se llena de personajes, bordes y sombras donde la sexualidad es un tema más entre la integración social, los guetos o el racismo. La historia está narrada por Cal,que se vuelve omnisciente al contar sobre sus abuelos y padres.

Este libro es mucho más que el hermafroditismo del protagonista, nos arrastra a las cuestiones ancestrales que llevaron a que Cal porte ese gen. Las mutaciones, ese gen, las cuestiones científicas que rodean la historia, nos permite confiar en lo que se cuenta. La calidad narrativa no decae y la atención de uno como lector, se sostiene en sus seiscientas páginas.
Los personajes son reales, emocionan y accionan, como Lefty y también Capítulo Once -el rarp hermano de Callie- estos y otros personajes junto a el / la protagonista soportan el peso de la historia con solidez.
Eugenides sabe cómo ambientar la novela, describe Detroit o Bursa y nos lleva allí, o nos hace recorrer la casa de los Stephanides.Impecable. Es un libro largo, cargado de ironía y universalidad. Nos cuenta una y miles de historias dentro de ella, tiene la preciosidad de lo que un amigo valioso te aconseja leer, y la magia de un gran autor. Imperdible.

Diario de Cuarentena: Mamá

Domingo. Octubre. Día de la Madre. Cuarentena. Pero no es que caí en un lugar común, sino que voy a recomendar una novela de Joyce Carol Oates, Mamá es su título en castellano que olvida el «missing» o desaparecida del original que ya nos pone a tiro de la tragedia posible. El centro narrativo es la relación entre madre y hija, o entre una hija con ausencia de madre.. «Esta es la historia de cuánto echo en falta a mi madre», nos dice Nikki Eaton al principio de Mamá. La autora siempre toma la violencia la acción que nos arrebata lo que queremos. Un accidente, una enfermedad, un crimen atroz, violencia: Oates es capaz de estar en la cabeza de los asesinos tan claramente como en la de las víctimas. Es maravilloso el momento en que describe cuando Nikki descubre que su madre no contestará más a sus preguntas, está narrado desde lo irreparable,aquello inenarrable casi irracional. Esa escena es una herida abierta en el relato, que poco a poco mostrará lo aciago para luego iluminarse con el fulgor de la resiliencia..

Las primeras 50 páginas de Mamá transcurren en el Día de la Madre que Gwen Eaton celebra invitando a amigas, vecinos y familiares para no estar sola. Nikki, la hija pequeña, con su look parece ser la oveja negra del grupo. Sabe ser amante de un hombre casado aflige a su madre, y Oates describe con con una certera compasión a Gwen, que primero nos extraña, pero luego define la culpa de Nilli cuando ya no la tiene, cuando no puede ayudar a esa mujer confiada que prefería a los extraños que a la soledad. Así el hogar de la madre que falta se transforma en el de la hija que la añora demasiado tarde. Oates transforma esa casa en un refugio donde los vivos imitan fantasmas y repiten una vida hipnotizados por el pasado. Mamá es una decisión de Oates, principio a fin, una autora que siempre se arriesga a los límites entre la literatura popular y la considerada de élite, con excelente resultado.

La novela no usa sentimientos rasos para emocionar, no los necesita.

No es casual que Nikki encuentre la calma en los brazos de un hombre ordenado, cabal, honesto y leal a sus principios, como toda heroína que se precie, es mucho más normal que lo deseable. Mamá es un homenaje a su propia madre, Caroline Oates, y el amor, con las carencias y los grises propios es el lenguaje elegido, aunque hay una frase que puede inquietarnos como nos dice Nikki Eaton al principio de Mamá: Algún día, de una forma única, también será tu historia.

Feliz día a todas las madres y a la mía que puebla el Cielo.

Diario de Cuarentena: Brujas de Carupá

Los domingos desde hace un tiempo, dedico mi diario a recomendar libros, pero el de hoy no es para mí un libro más. Es de mi maestro y mi amigo Luis Mey, y es un libro que con su lectura me proveyó y sació mis dudas sobre todo lo que aprendí con el autor durante este año en el que corregimos mis textos. Resume sus enseñanzas y es ejemplo de la escritura que propone siempre una participación del lector.

La novela nos muestra mundos, hay uno externo que Arnaldo, un personaje entrañable con evidentes problemas cognitivos, intenta comprender, y desde su mirada lo hace. Vive en un barrio pobre y como a todos, le tocó un lugar en el mundo, el de Arnaldo esta lleno de situaciones grotescas, asistentes sociales, en fin, complicado y disfuncional. Pero el tema es su mundo interior, uno lleno de ciénagas y secreto no develados que nos hace bordear la fantasía y el terror durante toda la novela.

 Brujas de Carupá es voz de la entereza de la la infancia tanto como de su vulnerabilidad, con esa necesidad extrema que los niños representan, intentando escapar del mundo hostil que construimos los adultos. La eficacia y la maestría de Luis Mey en esta novela reside en no saber nunca en que realidad o en qué plano de la misma nos encontramos como lectores.

Con un narrador en primera persona, Arnaldo, Brujas nos propone poderes sobrenaturales como su título promete, hechizos y lo siniestro de la mano de una paródica mirada infantil, que va a contar lo pavoroso de un universo de adultos en problemas, y que nos hace transitar de la risa al miedo, de la paz al sobresalto.

Luis Mey se lanza a un suspenso en una doble existencia , que nos hace dudar sobre el pensamiento del niño, lo que cuenta, respecto a lo que le ocurre aunque no lo desee, en forma sobrenatural. Ahora, ¿esto es fantástico, o realmente su familia consta de una abuela bruja y una madre heredera de poderes que desprecia?

Si como lector, deseás conocer a un gran autor, es una obligación leer Brujas de Carupá, que vale la pena por muchos motivos, pero el ambiente que Mey crea es mérito suficiente. Les dejo una muestra de la voz que el autor impone en toda la historia. Y espero comentarios cuando la lean. Una gran novela. Un gran escritor.

“Mami puede decirme estúpido porque ella es la que dice que los demás no pueden. Eso ya me lo explicó hace un montón y yo le digo que sí y me dice entendiste y yo digo sí, sí, sí porque ella es la que dice lo que se hace mal, que es lo que le pone la cara cuando decimos Carupá o abuelo”

Diario de Cuarentena: Nefando

Llegando a los 200 días de cuarentena ya es pasional recomendar un libro cada domingo, hoy me la juego por una novela de la talentosa ecuatoriana Mónica Ojeda.

‘Nefando’ es una novela estructurada a la manera de la segunda parte de Los detectives salvajes, (No hay escritor al que no le guste Bolaño; al menos yo lo idolatro)una novela que podría llamarse coral. La autora nos muestra una investigación sobre un videojuego que presumió un gran escándalo al incluir entre su despliegue gráfico videos de pederastía. Los responsables directos de que dicho videojuego —llamado ‘Nefando’, claro—son tres hermanos, los Terán, que lo colgarán en la ‘web oscura’, y e descubrir cómo se les ocurrió la demencial idea de jugar con imágenes escalofriantes. deciden entrevistar a colaboradores y amigos de los creadores. La novela nos va llevando a un clima en el se oculta una novedad patológica, que no deseo spoilear pero que amerita la lectura. Durante las entrevistas, se configuran los relatos particulares de cada personaje que aparejan una voz propia, un estilo propio en un gran trabajo formal por parte de Ojeda, que demuestra un sólido dominio del idioma, una decisión definida en lo moral ya que no escatima escenas peliagudas en tiempos donde todo está mal visto, aún en la ficción, a punto tal que los libros se han vueltos recetas mojigatas de la vida; pero lo más interesante son sus cualidades narrativas. La versatilidad de Mónica Ojeda es admirable.

La portada de ‘Nefando’, muestra pelo y agua, y lo cierto es que su lectura nos remite al horror de algunas películas donde estos elementos son causantes de lo inefable. ‘Nefando’, es innovador, intelectual, es un libro que inquieta, fastidia, nos pone en lugares incómodos. Tal vez por eso se los recomiendo.

Diario de Cuarentena: Prins

En esta costumbre encuarentenada, los domingos recomiendo alguna obra de algún autor, y este domingo de primavera lluviosa, que parece bendecir y salvar los humedales incendiados y las tierras de Códoba y la sequía del campo y las lágrimas sin agua ni sal que suspiramos, me decidí por la locura psicodélica de un autor de culto. Cesar Aira y su Prins.

En el eje de esta novela hay un escritor de novela gótica comercial, muy consciente de lo pueril de su obra, que decide dejar de escribir e invertir en el consumo de opio la media hora diaria que le permite esa decisión. Claro que el asunto no es simple, porque el opio que adquiere en un extraño local llamado La Antigüedad resulta ser un paralelepípedo blanco del tamaño de una lavadora, entregado a domicilio por un tipo decidido a instalarse en su casa por tiempo indeterminado. Encima, los antiguos ghostwriters del narrador, ahora desocupados, se convierten en una banda criminal que siembra la delincuencia en Buenos Aires siguiendo cada tip de los clásicos e inamovibles relatos góticos que antes producían en negro. Desde luego, este es un caso para el Doctor Aira, de modo tal que le permitirá escribir su irónica y casi psicodélica  Casa Tomada.

«Tras una sobria y concienzuda consideración me decidí por el opio», dice el narrador de Prins. Esta novela, tiene todo lo que Aira ofrece: un narrador que se nos ríe en la cara pero que nos divierte; personajes que parecen hologramas charlatanes que se proyectan espacial y temporalmente; lo poblacional, lo barrial y lo urbano; pero también filosofa sobre la necesidad de escribir; o de no escribir; o sobre la necesidad de drogarse. Sobre necesidades.»Me preguntaba cómo era posible que esa enorme cantidad de gente se las arreglara sin el opio», dice el narrador de Prins. «Eran vidas realistas; iban por los carriles de bronce de la realidad». Increíble parábola esta de carriles de bronce, adustos, quietos cuando deberían ser ágiles. Así es todo el texto que como en todas sus novelas, las fortalezas de Aira en Prinz pueden ser también sus flaquezas. Como la prosa pesada y rebuscada que se pone onanista y entonces cambia nuestra mirada del maestro y los hologramas son a veces de un papel glacé. Pero en realidad todo eso la vuelve verosímil y nos deja sabor a poco, como siempre con Aira uno termina con un hueco en el estómago, con un vacío intenso que solo se llena con más Aira. Y más Aira. Y más. Y más Aira. Sí, como una droga.

Diario de Cuarentena: Frutos extraños

La humildad no es algo que nos sobre a los juninenses, pero a ella sí. Como cada domingo, recomiendo un libro, hoy recurro a una vecina que además es autora y periodista de renombre, a la que admiro por su impecable prosa y por el oficio de muchos de sus libros, pero voy a dejar que sus palabras presenten este: Leila Guerriero, asegura que no hay nada «más sexy, feroz, desopilante, ambiguo, tétrico o hermoso que la realidad». Frutos extraños es una antología que hace honor a lo que la autora piensa de la crónica, ella dice que debe tener «la forma de la música, la lógica de un teorema, y la eficacia letal de un cuchillazo en la ingle». Este libro nos descubre la cara más sensible, tensional e inquietante de una profesión que atraviesa tiempos difíciles, el periodismo.

La primera parte contiene dieciséis crónicas y perfiles de esos frutos extraños que a Leila la fascinan: un mago con un solo brazo, un gigante que supo ser de la NBA y ahora sobrevive aburrido en un pueblo olvidado, el baterista con síndrome de Down de una banda de rock indescriptible , la amable señora que que asesinó a sus amigas con cianuro en el té, la inmensa y pavorosa Patagonia. Cada crónica es un mundo, un exquisito estilo las construye, pero está asentado todo en un gran trabajo de investigación. En cada crónica abunda la buena escritura, la realidad o un cuidado acercamiento a la misma. La niña que escondió su embarazo y mató a su bebé no es una asesina despiadada o bruta, es una chica del interior con una inocencia probada por la vida que paga su condena, en una cárcel donde no la hay. El Rey de la Carne, tiene modales mafiosos, pero también es un padre amoroso y un buen vecino y de allí caemos en el retrato de un médico playboy que se hace pasar por Freddie Mercury. No es fácil el salto de una historia a otra que nos propone Guerriero. La tercera nos instruye “Sobre el periodismo” abarca cuatro reflexiones donde intenta explicar cómo hace lo que hace. Y comprendemos mejor lo que nos vino sucediendo con estos frutos de la realidad que nos cuenta.Como llevó la vida a Romina Tejerina,de niña a asesina: “Me voy a poner porno: lo difícil no es entender que una víctima puede no ser monolíticamente un santo, sino entender que un dictador puede no ser monolíticamente un hijo de puta”. Leila Guerriero es sólida, potente. Y lo es porque trabaja para ello.

“Discusiones”, contiene cinco ensayos breves donde controvierte costumbres que deben estar bien –y debemos aceptar– por corrientes: contra los guardianes de la salud, contra las chicas Cosmo, contra los city tours y la última es a favor de decir no. Son breves textos bien sostenidos por esta artesana del lenguaje, de la idea eureka y de la investigación obsesiva. Dice textualmente: “Erradicadas las pestes más o menos peores, la clase media occidental ha salido a buscar nuevos peligros, y los ha encontrado: carnes rojas, baños de sol” y “Las ciudades existen más allá de sus lugares comunes”.

Leila Guerriero es un orgullo para Junín y para cualquiera que ame la literatura, y Frutos extraños, otra de mis relecturas de cuarentena, lo demuestra.

Diario de Cuarentena: La débil mental

A casi 180 días de esta cuarentena que nos impide circular con libertad, y que está siendo utilizada con fines políticos y desprecio por nuestra salud, me siento con la mente obnubilada por el deseo diezmado y la alienación a la que me veo sometida. Y nadie como Ariana Harwicz para representar esa situación de locura y de arrebato en la que la vida nos somete. Aquí va mi libro recomendado este domingo: La débil mental.

Esta novela de la autora de Mátate amor, es un viaje a las entrañas profundas de los vínculos familiares, en especial a la aciaga relación entre madre e hija. Ariana Harwicz es profundamente perturbadora, leerla se transforma en una experiencia con intensidad extrema. En La débil mental , Harwicz nos arrastra a las entrañas más radicales de los vínculos de familia, a una relación casi animal entre madre e hija.

Escrita como un flujo de consciencia que recuerda la mejor tradición de la literatura moderna -Virgina Woolf, Nathalie Sarraute- se entremezcla con una violencia que se desata inevitable y que no vemos en la narrativa argentina. La débil mental es el relato de una continua pulsión sexual , del desamparo de una infancia llenas de preguntas irresolutas, de la historia contada de un cuerpo donde todo recuerdo se entierra.

La débil mental también inscribe el lugar de la escritura en ese lugar de la debilidad mental, de la carencia de suficiencia como el lugar propio de escritura. Hay en la obra una necesidad de elaborar otras representaciones, otras ficciones y otros imaginarios que permitan un despliegue como sujeto en
diferentes relaciones y fuerzas de la dependencia.

Narrada a través de desgarradoras escenas breves : madre con hija en clubes, con hombres, con whisky pero también madre e hija jugando , divirtiéndose, amándose; la novela a pesar de lo contado se aleja magistralmente de la sordidez, en cambio a pesar de la temática se acerca a lo poético y nos interpela respecto a la condición humana, a nuestro propio deseo, y la vida supeditada a los incumplibles mandatos familiares. No se la pierdan. La autora y la obra merecen lectura.