Maniobras de evasión

«Hago como que corro con todos, pero siempre me siento al margen, soñando otra cosa, nunca me creo la vida, ese juego tan raro que practican los demás.»

Pedro Mairal

Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970), autor entre otros, de  Una noche con Sabrina Love, libro que alguna vez reseñaré y que leí hace bastante más de quince años, es un autor interesante. No puedo decir que está entre mis favoritos, a veces noto una excesiva tendencia autobiográfica, o crónica en su obra, y esto lo digo desde lo personal, tal vez una mirada por demás subjetiva la mía. Pero me propuse leer y reseñar
Maniobras de evasión, que recoge textos escritos y publicados por revistas, otros que fueron parte de un blog del autor, llamado El Señor de abajo; y algunos escritos para el libro. 

Maniobras de evasión ha sido editado por la escritora juninense Leila Guerriero. Mairal en sus presentaciones, contó que Leila descartaba textos que Mairal quería que entraran en el libro, con una conciencia de selección muy ajustada. O le proponía escribir nuevos textos para volver sólidos algunos de los tema que se trataban.
En Maniobras de evasión, hay algunas secciones no definidas, tras una intro donde Mairal nos cuenta sus problemas para sentarse a narrar en concreto, el libro habla de infancia, adolescencia y una primera edad joven. Es evocativo, con la dureza que el autor habla de si mismo. Un niño que es elegido último para armar el equipo de fútbol, que simula jugar rugby, que esta primero en la fila. Un loser setentoso que nos vuelve cómplices en cada historia de los desaires sufridos.
En Maniobras de evasión se caracteriza por los finales de los textos, cada uno deja un cierre pulcro y consolidados. Grandes finales.

El sobrino de Bioy, es un texto de regodeo donde Mairal nos cuenta lo que significó ganar el premio premio Clarín, a los veintiocho años con Una noche con Sabrina Love. Adolfo Bioy CasaresAugusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante lo eligieron y por supuesto lo criticaron y decidieron los rumores volverlo sobrino de Bioy, yo lo quitaría del libro. Pero es el libro de Mairal, y una reseña es solo la impresión de un lector más o menos avezado sobre una obra.

La adolescencia y la juventud se coronan como tema hablando de la madre, y su terrible perdida de la memoria y el habla. Babas del diablo o Desde el camión  son producto de artículos encargados por diarios o revista. que muestran la voz de Mairal a la hora de narrar historias, íntimas, reales.
Uno de los temas del libro es el sexo, porque el autor aceptó encargos para hablar en un artículo sobre «tetas» y en otro sobre «culos». Son textos políticamente incorrectos, tal vez por eso me gustaron mucho, a pesar de lo limitados del tema y el humor.
Mairal escribe sobre el trasfondo, la periferia de los viajes literarios o ferias, donde el sexo, y las fiestas vuelven a tomarlo, y su desdén hacia la propia imagen de macho desdicen cualquier posición machista anterior. En Es Ahora nos incomoda con la urgencia, con la vida del hoy, suspendida en un tiempo que no admite la espera.
Otro tema es la continua lucha del autor con su texto. Los plazos impuestos como límite a la calidad, las idas y vueltas, las distracciones, las redes. Y me gustó mucho su respeto al lector, cierro esta reseña con sus palabras. «Aunque hay autores que confrontan al lector, y lo hacen bien, yo prefiero ir desplegando las escenas delante de los ojos, a la par del lector, sin obstruir el paisaje, prefiero hacerme a un lado, quedar hombro con hombro, escribir como quien va manejando un camión y lleva al lector de acompañante.»


 Maniobras de evasión es un libro coherente, con un Mairal en evidencia, que se acerca al lector. No me atrevo a pensarlo valioso, sin embargo lo leí de corrido y forzando la sonrisa.

Flores que se abren de noche

«En mi casa no van a hacer chanchadas, dice, te conozco, te veo la porquería en la mirada, como tu mamá, igualita a tu mamá. Cuando papá le daba con el cinto, ella gritaba de contenta».

Flores que se abren de noche, Tomás Downey


Tomás Downey nació en Buenos Aires en 1984. Es escritor, guionista de cine y traductor. Publicó dos libros de cuentos, Acá el tiempo es otra cosa (Interzona, 2015), que obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes y fue finalista del III Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez (Colombia), y El lugar donde mueren los pájaros (Fiordo, 2017), que obtuvo una mención en los Premios Nacionales 2014-2017 y fue traducido al italiano.
Además de esos datos biográficos, Tomás Downey es un gran escritor. De esos que te hacen sudar las manos, que crean universos únicos, que pueden volver cotidiana la extrañeza. No es mi primera reseña sobre Downey y estoy segura que es otra de muchas, porque este autor tiene sabiduría vieja, de esa que se adquiere cuando uno se atreve a lo profundo de la vida, sin elegir entre luces y sombras.


El libro que nos ocupa, Flores que se abren de noche, se compone por el cuento que lo nombra, una historia de primos que dudan ser hermanos en el Delta, un relato donde la crueldad, la belleza y la maldad son partes de lo cotidiano, con mucha mística, con mucha destreza, el autor nos hace sentir cómodos en un mundo que pertenece a lo inefable, y terminamos comprendiendo a Anahí, y a Migue y a Liliana, terminamos apropiándonos de su historia inmensa por ambigua, por posible, por feroz.


En CET, la segunda narrativa, una lluvia de meteoritos descarga huevos de los que nacen seres tubulares que sirven para hablar del amor y el desamor, la familia, las contradicciones de pareja entre Pedro y Lucas, que pueden ser otros o volverse ellos mismos CET, estos organismos que nunca son reconocidos por nadie, y sin embargo viven en medio de todos. Así como llegaron, de la nada, un día se van. Y no es extraño.
La paciencia nos viene a contar que a los muertos se los puede reanimar. Si tu hijo hubiese muerto, ¿ lo reanimarías? Ir contra las leyes naturales es un hecho posible en Downey, que nos lleva a pensar en “reanimados” sin temor, pero que sin embargo nos llena de preguntas a responder. La belleza del texto, construido con solidez es que es posible, es aterrador, perturba y cuestiona. Gran trabajo de narración, que me remitió a lo mejor de Samanta Schweblin.
Por último, Hombrecitos, nos pone a los humanos como mascotas, o juguetes, nos vuelve nimios, frágiles, dependientes, en una historia de pérdidas y otra vez la familia, la amistad, las relaciones primarias son ambientes propicios para la extraña creatividad de Tomás Downey, que nos vuelve muñecos de juego, o nos cuenta que lo somos ya.
Cada uno de los cuentos, nos indaga, nos convierte en títeres, su prosa humanista no le impide pasearse por mundos futuros, sueños impropios, y hasta delitos, si es necesario, para hablar de desencuentros, falta de comunicación, vida. Estas historias son novelas mínimas que con una verosimilitud asombrosa nos dejan entrar a ambientes únicos, reales, impropios, lacerantes, logrados por una observación exacerbada que Downey ejecuta además, con una narración impecable.
Flores que se abren de noche, es de lectura obligada, y tal vez con el tiempo, de culto

Reseña de Lamberti

El loro que podía adivinar el futuro

Por mucho tiempo quedó una depresión en el lugar donde habían estado los árboles, algo que hacía difícil el juego, pero después la marca se fue borrando y hoy ya nadie se acuerda de nada..

Luciano Lamberti.

Es muy interesante reseñar este libro porque cada uno de sus relatos me llevó a otros autores que admiro, pero sin que el autor cordobés pierda su esencia, su propio decir. Pasé por momentos donde Roberto Bolaño, quien da origen al nombre de mi página, susurraba los personajes de Lamberti a mi oído, jugueteé con Stephen King en algunos momentos de tensión, me volví una especialista en mundos extraños, en enanos, loros y sentí latir a Dick entre sus páginas, antes de comprender que el autor, sin dudas, quiere dejar claro que el mundo no es blanco y negro, que el espacio y el tiempo le pertenecen a quien narra, a las historias mismas, y a los lectores, que no hay realidad posible sin dejar un lugar a lo extraño, a universos nuevos, con humanoides, miedos, y bosques perversos rodeándola.

El Loro que podía adivinar el futuro contiene seis relatos. Voy a intentar dejar una impresión personal de cada uno de ellos: “Perfectos accidentes ridículos”, es un conjunto de relatos que se nos clavan, como un cristal estallado en el medio del barrio en que sitúa las historias. Lo psicológico y la telekinesis en un pibe con claras dificultades, otro que no para de atraer la mala suerte, y el fantasma del suicidio cotidiano. Todo relatado con una prosa limpia, sin adornos, que hace la lectura llevadera. “La canción que cantábamos todos los días”, me resultó de tal ambigua crudeza que lo leí dos veces. La hermandad percibida desde un hecho que produce una ruptura familiar y genera una extrañeza de la que ninguno puede volver, padre, madre y el protagonista, modifican el ecosistema familiar y la relación de cuatro, deja a uno de los hermanos en otro orden. El suspenso, y las capas que aparecen en los personajes, crean un ambiente único.

Y me atrevo a pensar que allí reside el gran acierto del libro, Luciano Lamberti tiene una propuesta de mundos, de climas subterráneos, acuáticos, fantásticos y aciagos, pero personales. Y lo hace muy bien. “Algunas notas del país de los gigantes” es una obra maestra del esfuerzo por complementar tiempos, historias que corren a la par, diversos géneros, y logra encuentros ficcionales memorables.

Lo más atractivo de leer a Lamberti es reconocer en el autor a un gran lector. Los guiños, las influencias percibidas, son sutilezas que solo pueden resultar de lecturas sublimes. El cuento “La feria integral de Oklahoma” nos pone a prueba, ilumina los bordes de los personajes y los entrelaza con la pureza de su narrativa. No hay remilgos para hablar de un abuelo capaz de comprender a todo tipo de animales, ni en definir a un enano sin escrúpulos, todo es posible en sus historias y todo es a la vez de una rareza que intriga y subyuga, ¿Quién puede desconocer que en una feria o en un circo todo puede suceder?

“La vida es buena bajo el mar”, un nuevo mundo creado por ficción bien escrita, con reglas particulares, que parece contar algo y de golpe se nos escapa, vuela y termina en otra dimensión que no habíamos previsto. Una raza convive con los humanos, son obreros calificados muy capaces, pero que viven con un desasosiego inquietante, extrañando la humedad de su entorno original. Un psicólogo especializado en estos seres, se vuelve adicto a sus disloposibilidades mentales, que son viajes hacia lo líquido, lo materno tal vez. Toda la descripción del placer de esa adicción me remitió al útero. Como broche, “El loro que podía adivinar el futuro” nos cuenta la locura en forma de loro sobrenatural, que es viejo como la peste y puede ver más allá, o justificarnos en misiones obligadas que rompen las leyes de nuestro orden, como si lo ancestral y lo divino tuvieran como aliado a este loro cósmico. El protagonista termina siendo un hombre con cabeza de loro. Y no nos hace ruido, porque Lamberti prueba que con ideas claras, lo real puede ser ambiguo, volverse extraño y atractivo como una atmósfera que pesa pero de la que no queremos escapar.

Vencé

“la oración ensancha el corazón,
hasta hacerlo capaz de contener el don de Dios”
.

Madre Teresa de Calcuta

La reseña de este sábado es particular, excede lo literario y tiene que ver con esas cuestiones que la vida nos pone delante para que no perdamos la fe. Conozco y quiero al autor, Nicolás Martín y fui testigo del proceso de enfermedad y sanación que cuenta en su libro. El tiene su propia fe, que no es la mía, o la tuya tal vez, pero que a la vez es la de todos los que creemos que no basta con la ciencia y que no se puede sin ella.

Nicolás relata su historia, maravillosa y entrañable, desde su propia voz, una voz inquieta, única, luminosa y perdurable. Recuerdo con claridad su cara frente al viento en la costa del Este el día que lo conocimos, su sonrisa perfecta, y su abrazo al saludar, con la confianza que da la fortaleza del amor. Nicolás no escribió en vano sobre David y Goliat, o sobre el esfuerzo por creer, ni es inútil la constante referencia a Dios en su libro. Josué es un ángel que lo acompaña y su hermanos, sus maravillosos padres, un ejemplo para otras familias que atravesamos dolores, porque como bien dice Nico, cada uno tiene su gigante delante.

Nicolás cita la Biblia, pero yo creo que la Biblia lo cita a él, he visto su lucha, he comprendido su causa y ha sido ejemplo para mi familia y mis hijos su valor y su energía. ¿Quién dijo que flaquear es no vencer? Nico tuvo miedos, los superó, Nico tuvo dudas, las reemplazó por certezas, Nico tuvo recaídas, y las pasó con la fuerza del amor y la fe.

Esta reseña no es nada más que eso. El libro de Nico es muy interesante, en especial cuando en primera persona nos cuenta su padecer, sus dolores en plena adolescencia, sus proyectos truncados, esas luchas dispares a las que se vio obligado por la vida. Pero también nos habla de familia, de amigos, de hermanos, de padres, abuelos, compañías preciadas para atravesar sus bemoles. Nico es testimonio y por suerte lo dice, lo escribe, deja registro. Porque la historia no es memoria viva, y en su libro Nicolás Martin une lo inexplicable, la histórica pelea desigual de David con el gigante y la memoria concreta de un joven rosarino, que puede ser tu hijo, el mío, o vos, que se volvió historia para vencer.

En casa queremos mucho a Nicolás y sus hermanos, todos amigos de mis hijos, pero además estamos orgullosos de conocerlos. Y en este libro Nico demuestra a otros lo que vimos durante años, la fuerza es una comunión de carácter, creencia, amor, historia y memoria. Si somos capaces de enfocarnos en lo bueno de la vida, a pesar de lo que pase, como ahora, en pandemia, si podemos hacer pie en lo mejor de una experiencia, estoy segura de poder decirte a vos lo que dice Nico en su libro, que recomiendo fuerte: anda, hermano, andá y Vencé.

Les dejo el poema de Rubén Darío, te lo regalo a vos Nicolás Martin

En medio del abismo de la duda
lleno de oscuridad, de sombra vana
hay una estrella que reflejos mana
sublime, sí, mas silenciosa, muda.

Ella, con su fulgor divino, escuda,
alienta y guía a la conciencia humana,
cuando el genio del mal con furia insana
golpéala feroz, con mano ruda.

¿Esa estrella brotó del germen puro
de la humana creación? ¿ Bajó del cielo
a iluminar el porvenir oscuro?

¿A servir al que llora de consuelo?
No sé, mas eso que a nuestra alma inflama
ya sabéis, ya sabéis, la Fe se llama.

Discusión

Las escritura de Borges para la fecha de publicación del libro ya había comenzado a madurar, sin los excesos jóvenes del los que él mismo hablo, Un año antes comenzó su colaboración con la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo, que sería un hito cultural en toda la América hispanohablante. Pero lo cierto es que en 1932 se atreve a un nuevo libro de ensayos. El primero, Inquisiciones (1925),no volvió a reeditarlo en vida.

Discusión trata todos los temas del universo borgiano: el Martín Fierro, sus antecesores, las comparaciones, es muy interesante ver como a la metafísica, Whitman, las traducciones de Homero o las paradojas lógicas, los invaden la poesía gauchesca, y los temas que a Borges lo desvelaron en esa época. Imperdible las comparaciones entre Lussich y Hernández y como se divierte desestimando la copia y hablando de evolución.  Es un libro que nos ilustra, a veces diría que alumbra, como en el ensayo «El arte narrativo y la magia», en el que el maestro nos muestra su filosa mirada para encontrar los yeites de la escritura, esas técnicas que los normales no vemos y que el logra unir para hacer posible su magia. Nos atiborra de ejemplos de cómo un narrador se ve obligado a una determinada causalidad, que asienta sobre detalles , que le otorgan pequeños encuadres espejados a los relatos. Pero son pequeños amagues, porque deja claro que el caos natural de la causalidad de la realidad, sería tan aplastante que el lector descreería. Borges atisba lo que otros no, y se vale de autores como Frazer y de libros como La rama dorada, por ejemplo para mostrar una magia amigable y hechizada.

Trata una cuestión interesante sobre todo cuando rescata la figura del paisano en los antecesores de Hernández y es el hecho de tomar la literatura como acto (como Roland Barthes, Borges denuncia el artificio del lenguaje, el abuso del estructuralismo, la forma y el dogma para catalogarse como «literario»); la cábala (una práctica antigua que se cree obsoleta pero de lógica impecable: si la Biblia fue escrita por Dios, una inteligencia perfecta no hubiera dejado ningún atributo al azar: «un libro impenetrable a la contingencia, un mecanismo de infinitos propósitos, de variaciones infalibles, de revelaciones que acechan, de superposiciones de luz, ¿Cómo no interrogarlo hasta lo absurdo, hasta lo prolijo numérico?»), es uno de los temas que trata, y por supuesto a Whitman y Flaubert.

Este libro es una gran clase de Borges, de la que se vale para refutar una vez más, el realismo y el psicologismo en la novela, y arguye tan genialmente que es factible creerle. ¿La realidad no sería verosímil? es una de las cuestiones que nos deja Discusiones. Por otra parte, la reseña que hace el gran autor de Luces de la Ciudad (1931), de Charles Chaplin, es increíble, dice Borges; «Su carencia de realidad sólo es comparable a su carencia, también desesperante, de irrealidad.»

Un dulce olor a muerte

Voy a comenzar esta reseña hablando de su autor, el novelista mexicano Guillermo Arriaga,un autor polifacético, con aspecto recio, que fue boxeador, futbolista, basquetbolistas y que él mismo se define como un tipo con calle, que no se define como escritor sino como un «cazador que escribe», al que le molestan las etiquetas,  reniega de ser guionista aunque hya ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2005 y ha sigo nominado para Globos de Oro o a los Óscar con películas comoAmores perrosBabel, 21 gramos, o Los tres entierros de Melquíades Estrada lo prueban.

Me atrevo a pensar que Arriaga escribe siempre novelas, historias a las que le dedica tiempo y corrección no importan cual sea su destino final, si un libro o un guión cinematográfico.

Un dulce olor a muerte, que tuvo también su versión cinematográfica, es la narración de los acontecimientos que acontecen indefectiblemente, casi como una premonición inevitable en un lejano y en apariencia tranquilo pueblo mexicano, Loma Grande, cuando una mañana aparece muerta de un cuchillazo un a joven desnuda en medio del cañaveral. Se trata de Adela. Es maravilloso como el autor logra que sus personajes, tras hallar el cuerpo, y con pureza perversa, van generando equívocos, falsos supuestos que el boca a boca transfroma en verdad absoluta, hasta para los propios involucrados que comienzan a dudar de sus propios actos y sentimientos.Todo esto va creando un rara clima donde la venganza adquiere peso. En este juego de falacias todos le otorgan al adolescente Ramón Castaños la calidad de novio de la chica y al Gitano la culpabilidad del hecho. La construcción colectiva de un relato hace relativa a la verdad, y una posverdad profética se eleva como gigante en el pueblo.

No es una novela larga, en especial porque cada personaje es verosímil, y vivo. El autor narra sin dejar la intención a la vista,creyendo en el lector. Toda la acción sucede en un corto período de tiempo donde los personajes se trasladan fluidos de escena en escena, creando el ambiente de una vida pueblerina. El narrador explica poco y solo cuando es necesario para lograr el ambiente.

El clima que logra en el comienzo de la novela le da a Guillermo Arriaga el territorio perfecto para su narración con profundas raices en la vida misma, en las cuestiones lugareñas. Toda su obra mama el paisaje agreste, el habla llena de mexicanismos que aprovecha para contar como Rulfo, la realidad y la otra verdad de esos parajes que no parecen pisados por dios alguno. Toda la novela es la historia de rumores de pueblo, escritos en maravillosa narrativa, cada capitulo nos deja cuenta que la verdad no importa que si o sí tal afrenta y tal culpa, ambas inexistentes, debe vengarse, porque es un “crimen equivocado” (p.105) que llevará a una verdadera locura. El “juicio inobjetable” (p.98) de todo un pueblo, Loma Grande, nos viene a contar como podemos construir una conciencia social ( toda una sociedad creyéndola) basada en una gran mentira, y entonces esa comunidad sospecha, juzga y “da caza” al Gitano, autor de muchas travesuras pero no del crimen.

Tal vez Guillermo Arriaga juegue con la idea de cazadores en sus obras, en esta misma, pero lo cierto es que la ficción que nos cuenta no dista de la lamentable realidad que muchas veces padecemos los latinoamericanos, en hechos más pudientes que la muerte de una Adela en un pueblo perdido.

Gran autor. Para no perderse nada de lo que escriba.

El origen del mundo

Es un ejemplar sencillo, sin pretensiones, uno accede a su texto en busca de un milagro: y se produce. Michon muestra que no hay temas imposibles para poetizar sobre el cosmos y se lanza a la belleza en su texto que es un climax literario y maduro, que abanica, mece, maravilla. La modernidad, siempre economizando significados, nos invita a una búsqueda en el aislamiento, despojada, corriendo tras la quietud. Por eso Pierre Michon, probablemente el maestro coetáneo en lo que hace a estructuras metafórica, ambienta El origen del mundo en un pueblo de la Dordoña, cerca de Lascaux, con sus cuevas rupestres, y sus grafías primigenias.

Cuando el narrador de esta novela llega a Castelnau, muy cerca de Lascaux, tiene veinte años y encara su primer trabajo. En estas comarcas, donde aún se representa a la manera antigua el origen del mundo, el sexo separa dos universos: el de los hombres, depredadores, frustrados pero terriblemente astutos, y el de las mujeres. Así ha sido la crítica del libro que reseñaré: «Con una prosa a la que la madurez ha llevado a la cima de la precisión carnal, de la sensualidad en sus evocaciones tiernas o brutales, Pierre Michon describe un universo de evidencias y de misterios cuyo recuerdo nos perseguirá» (Jorge Semprún).

«La lujuria, el deseo, son un tema común en la literatura, pero rara vez han sido expresados con tanta poesía y profundidad» (San Francisco Chronicle).

«El poder de la imaginación que sostiene la escritura de Michon no decae jamás» (Roger Shattuck, Harper’s Magazine).

La historia transcurre a principios de los sesenta. Esta década loca de ilusiones no alcanza a Castelnau, donde lo simple es la norma en una paz solo perturbada por la irrupción del profesor protagonista, que cree en el paraíso lento de la localidad, y aquí el autor, maestro absoluto, discurre como nadie en el terreno deseado y nos regala como lectores una experiencia única.

Hay una tendencia literaria que utiliza lo rural para bordear y resumir el universo, donde las personas son casi mitos y las féminas son objeto central de observación. En El origen del mundo la historia ocurre rodeando a tres mujeres. Hélène, la posadera madre constante con la paciencia de los que comprendieron su finitud. Su posada es un espacio de borracheras y consejos escondidos tras las puertas de sus habitaciones.

En una de ellas el profesor profesa intenciones a su compañera ocasional, un goce transitorio para no morir en la espera de su sueño hecho mujer, llamada Yvonne. Ella trabaja en una especie de kiosco donde vende diarios, cigarrillos, y otros placeres, todo lo hace detrás de un mostrador que la potencia, la vuelve intocable y la expone a los ocasionales visitantes. En un texto la voz es todo, pero la escritura contiene, y el autor logra lo propuesto. Transforma a Yvonne en un símbolo de la decadencia. Las frases cortas y vertiginosas, el sistema nervioso a prueba, la pulsión entre Marlboros e incomprobables amenazas.

El profesor, además se perpetúa en sus jóvenes alumnos, el hijo de Yvonne sufre la frustración prolongada de noche en un bosque cercano donde la lujuria cede al rito. Es tan capaz Michon que transforma el deseo momentáneo en poesía. Magnífico, intrigante.

Los simbolismos continúan en Jean el pescador y JeanJean , nombres pensados, elegidos. Uno por su persistencia a sobrevivir, el otro guiando hacia un pasado relacionado al ocio. Los artistas de Montignac pintaban tras ir de caza. También conscientes de su cuota en el mundo, colgaban los animales que dibujaban como prueba de amor, como oda asesina agradecida.

Pierre Michon establece toda una relación con lo pionero, lo antiguo para narrar El origen del mundo, nos lleva desde lo cotidiano a lo épico, sin escala. Nuestros instantes serán calendario, lo que hoy es nimio para cada uno de nosotros será cultura. La astucia del autor es animarse a sublimarlo en un libro que como reza, nos plantea lo más intrínseco de nuestra existencia: el origen.

La Gallina Degollada

Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 – Buenos Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937) fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. ; maestro del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista.

Sus relatos, que a menudo retratan a la naturaleza bajo rasgos temibles y horrorosos, y como enemiga del ser humano, le valieron ser comparado con el estadounidense Edgar Allan Poe. Sin pecar de ambiciosa reseñista considero que Quiroga es particular e incomparable, y eso responde a la fantástica interpretación que hace de la naturaleza y su afectación a las personas. Por eso me encantó hallar esta edición de bolsillo de La Ganilla Degollada como libro en sí mismo, no como parte de un libro de cuentos, la hizo la UNGS, dentro de la colección Contra Tiempos, y tiene especial calidad.

Durante dos años Horacio Quiroga trabajó en multitud de cuentos, muchos abocados al terror rural, pero otros en forma de deliciosas historias infantiles provistas de animales que hablan y piensan sin perder las características naturales de su especie. A esta época pertenecen la novela breve Los perseguidos (1905), producto de un viaje con Leopoldo Lugones por la selva misionera, hasta la frontera con Brasil, y el terrible y magistral El almohadón de pluma, publicado en la revista argentina Caras y Caretas en 1905. A poco de comenzar a publicar en ella, Quiroga se convirtió en un colaborador famoso y prestigioso.

La gallina degollada es un cuento que fue publicado por primera vez en Cuentos de amor de locura y de muerte, en 1917. Relata los acontecimientos que viven los   hijos del matrimonio de Mazzini y Berta, un matrimonio feliz, que a los tres meses de casados deciden tener hijos. Los cuatro hijos primeros del matrimonio Mazzini-Ferraz quedan con retraso mental a causa de una meningitis. Lo único que saben hacer es imitar, sus padres se desilusionan con la vida y entre ellos y amargan la relación . Al quinto intento nace una beba y la niña crece sana y salva. Los padres pierden todo interés por sus cuatro hijos mayores, adorándola como primogénita.
Un día los cuatro varones observan como la sirvienta degolla una gallina para preparar una comida. Tiempo después, los padres salen on su hija. Al regresar, mientras Berta saluda a unos vecinos, la niña regresa sola a su casa, donde se cruza con sus hermanos. Estos acaban por hacer algo aterrador.

Es un cuento de terror, pero el terror de Quiroga incluye verdad, locura, amor, hipocresía y se nos vuelve propio, al punto de incomodarnos porque nos reflejamos en alguna de las cuestiones que sus personajes poseen. CIto su propio texto.

Después de algunos días los miembros los miembros paralizados recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el alma, aún el instinto, se habían ido del todo; había quedado profundamente idiota, baboso, colgante [..] (p. 116) 

Esta vez Mazzini se expresó claramente:

—¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?

—¡Ah, no! —se sonrió Berta, muy pálida— ¡pero yo tampoco, supongo!… ¡No faltaba más!… —murmuró.

—¡Qué, no faltaba más?

—¡Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, entiéndelo bien! Eso es lo que te quería decir.

Su marido la miró un momento, con brutal deseo de insultarla. (p. 118) 

Prestaron oído, inquietos, pero no oyeron más. Con todo, un momento después se despidieron, y mientras Berta iba a dejar su sombrero, Mazzini avanzó en el patio (p. 122)

La soledad, la angustia y la vida difícil se sobrelleva en este cuento con una niña que es la luz de la pareja. Pero la vida…

Quiroga sabe que para aterrar solo basta mostrar un momento cotidiano que desencadena la tragedia.

Este cuento es una obra maestra del terror, con hilos invisibles que inquietan y cuentan pero en justa medida, con un desenlace impecable que descuartiza literalmente cualquier posibilidad de redención.

Merecía una reseña.

Hienas

Hienas, del escritor chileno Eduardo Plaza, un libro directo, íntimo, sin golpes bajos, consta ocho cuentos con personajes vivencialmente claros, llenos de todo lo necesario para cachetear al lector y recordarla la vida. Tienen nostalgia, desarraigo, abandono, dejos de crueldad y por momentos indiferentes, que de un modo y otros los obligan a correr desaforados para evitar esos sentimientos que los marcan. Es un libro lleno de rastros. Podemos ver como el autor desde un lenguaje llano, con primeras personas, nos relata tortuosos recuerdos infantiles de los que estos protagonistas no pueden librarse. Y lo que debe olvidarse vuelve.

Plaza nos narra con recursos interesantes y diálogos perfectos los apuros y la inocencia de sus personajes. Todo fluye, porque no hay remilgos a la hora de presentar lo cotidiano, lo que les acontece cada día, aún cuando sea violencia el condimento periódico de esas vidas. Y nos quedamos ahí, abrumados por un tiempo freezado en las mentes perturbadas de todos los que se desnudan para mostrarnos como nos pueden atravesar los miedos, las culpas, los golpes. Cuan salvajes, como hienas doloridas, podemos llegar a ser.

Los relatos se territorializan en una región de la costa chilena, dentro de una pequeña ciudad portuaria en la que el avance social pasa por esas industrias multinacionales que llegan para abrazar la pobreza de los habitantes y ofrecer un respiro a la marginalidad. El primer cuento, “Teresa” hablas de la malicia inocente de niños abusando de un animal, las escenas son bestiales y nos dejan pasmados por la crueldad, pero no pretenden adjetivarla, la muestran. «Animales de compañía”, “A ti nadie te obliga” y “Hienas”, un cuento que se eleva para mostrar en plenitud la voz de Plaza, y que le da nombre y estructura a todo el libro, nos cuentan de la infancia quebrada, el abandono desolado de amigos de veranos o nos invitan a rever principios. “Federici cree ser emperador” deja clara la estructuralidad de la pobreza en Sudamérica, de la que se intenta salir, o al menos esconder, aunque los vestigios aparezcan como capas transversales y desgarradas, en las que el pobre no tiene arreglo y el que nace en cuna de oro tiene todo para crecer y sobresalir de la chatura reinante. El libro tiene una postura, quizá hasta política, como cuando dice: “(…), pero durante esos momentos a solas, yo podía, quizá por algunos minutos, mirar bajo esa pila de frases de catálogo de las que se deshacía para almorzar en la pobreza, abandonándose al resentimiento. Verlo comer solo era como verlo comer desnudo: se asomaban las cicatrices”, pero el autor no deja que esto se apodere de la verdadera historia, la privada, la personalísima, que apura al lector y lo engancha.

En “Carolina Fellay” y “Mariposa” el tiempo se quiebra para inquietar, el miedo resignado de una vida plana huele a pescado seco, y se vuelve espinosa como la vida de tantos pueblerinos que rodean al puerto y sus miserias. Puede resultar reiterada la continua alusión al rico y al pobre, inamovibles en sus jaulas, un rezongo que por momentos nos desvía de aquello que el Plaza mejor hace, que es narrar la infancia desde una adultez torturada.

Hienas nos invita a conocer un territorio, lleno de restos y recuerdos, que se narran para no cejar. Vidas dialogadas en tiempos que se escabullen, historias que no sabemos si tienen final. No hay lugar para héroes, cuando el abandono cala, cuando el escape es necesario, cuando hasta la historia que cuenta es cárcel. Dice en el cuento Hienas: “Los niños de la playa vivíamos siempre con ese destino precario: hacer amigos que desaparecían”, y con esa frase todo un atlas se abre paso al lector, lo invita a conocer los esqueletos mínimos de estas vidas que cuenta Eduardo Plaza, con un estilo cuidado, pero que sin dudas nos interpela.

Eduardo Plaza nació en La Serena, Chile, en 1982. Es narrador y periodista. Su libro de cuentos Hienas fue publicado por primera vez e la editorial Librosdementira, en 2016. Sus cuentos, muchos parte de este volumen, ponen en escena la intimidad, con climas muy bien logrados, dando voz a la infancia al mejor estilo Salinger, pero contando hechos, desprovistos de cualquier disfraz, dejando aparecer el desvanecimiento del amor, la rutina resignada, por ejemplo cuando dice: Preparaba un café, se duchaba, se tomaba el café tibio, conversábamos cinco o diez minutos por mensaje de texto, miraba televisión y se dormía antes de comerciales”; o también: “Según las clases de Ciencias, El Culebrón era un humedal de taguas, chorlos y huaraibos. Para nosotros solo era las canchas”.

Es que Plaza sabe que la vida, siempre, puede ser peor.

Mi abandono

 Mi abandono de Peter Rock (Utah, 1967), autor con quien tuve hace unos días la posibilidad de comentar su obra, gracias a la generosidad del Taller Bazterrica Caride, es una novela que nos lleva a una especie de relanzamiento del estilo bucólico, contrario al mundo capitalista, al que aún en esta historia, basada en la vida real, le cuesta esquivar.

Caroline y Padre habitan los bosques de Oregon leyendo diccionarios, caminan y, se preparan como en un ritual para situaciones de escape forzoso. Caroline es una preadolescente que nos cuenta su presente de actividades que componen su día; su mirada es muy particular y es como si tuviera una cámara en la frente que va relatando todo.

Pero día el balance perfecto de esta vida en los bosques se ve intervenido: Mientras Caroline lee sobre un árbol, unas ramas caen y hacen salir de su trance a un corredor que estaba cerca. Este hecho rompe el sistema que mantenía el funcionamiento de éstos dos personajes y comienza una nueva etapa, podría decirse de «civilización» en la que se los detiene y terminan obligados a la sociedad que tanto evitaban.

Rock trabaja en una hipótesis límite entre la domesticación y una forma innombrable de vida en la que el ejercicio, la alimentación y la educación resultan relevantes. Esta comparación criticable de la sociedad actual se viene realizando desdee Thoreau hasta la hoy. El epígrafe del libro “Es notable cuántas criaturas viven libres y salvajes en secreto en los bosques, pero se alimentan en los alrededores de los pueblos bajo la sola sospecha de los cazadores” nos pone en evidencia y nos obliga a comprometernos. De qué lado estamos, podemos aplacar el avance del capital o solo lo atrasamos.

Mi Abandono, está editado por Godot, y es una obra que nos tensiona desde diversos lugares, y esa tensión se sostiene más allá de la página final, es muy interesante la primera parte en el bosque, que no es una vida idílica, sino que es real, que ese bosque lo habitan los personajes en todos los sentidos, y que es utilizado por el autor para poner en evidencia inequidades y cuestiones socioculturales que corrompen la trama de afuera de ese mismo bosque. Los conflictos que cruzan a los personajes no son ajenos a los nuestros, las cuestiones humanas no resueltas de estos personajes, ¿padre? ¿Hija?, el propio autor descree de una relación sanguínea al consultarle al respecto, tienen el común denominador de todos los seres humanos. Lo relativo aparece para interpelarnos y descorrer verdades de perogrullo.

Padre e hija llevan cuatro años viviendo juntos. Durante ese tiempo aprenden de l la naturaleza y le otorgan valor a sus días.. Son vegetarianos y los viernes ayunan, llevan un reloj cada uno marcando la misma hora, que no es la que usa el resto de la sociedad; o usan la ubicación de la luna o el sol. Juegan ajedrez, y Caroline estudia, Padre le enseñó todo hasta esa edad y ahora comienza su auto aprendizaje, a veces, visitan la ciudad.

Todo el libro florece en pequeños relatos, y aún ante el momento de terrible desasosiego, cuando los hallan, la escritura de Rock está trazada sobre un borde en el que la libertad individual y la esclavitud se rozan. La creación de ambientes, las luces que le da al bosque y a las relaciones humanas, los hábitos que narra, nos embadurnan de literatura al punto que al cerrar el libro vamos a tener que tomar contacto con lo natural, y respirar bien hondo, antes de continuar viviendo.