Diario de Cuarentena: Revolución

Revolución procede del latín revolutĭo, -ōnis, es un cambio social organizado, masivo, intenso, repentino y generalmente no exento de conflictos violentos para la alteración de un sistema político, gubernamental o económico. En argentina, estamos gobernados por personas que se dicen revolucionarios. Pero que sin embargo mantienen a raja tabla su propio status quo.

Revolución es usado como vocablo sinónimo de ‘inquietud’, ‘revuelo’ o ‘alboroto’ y por otro lado es usado como ‘cambio’, ‘renovación’ o ‘vanguardia’ y por ello su significado depende del lado en que se está de la historia de la revolución. Los revolucionarios gobernantes piensan ahora que aquellos que tenemos intenciones libertarias o liberales somos los que revolucionamos su tranquilo populismo.

La diferencia entre revolución y rebelión, dentro del ámbito de las ciencias sociales y ciencias políticas, radica en que la revolución implica necesariamente un cambio concreto y generalmente radical y profundo, en cambio la rebelión no es organizada y se caracteriza por la revuelta como característica esencial humana. Esta aclaración viene a colación en mi diario de hoy porque creo que necesitamos una revolución cultural. Dejar de lado un montón de parámetros anquilosados en los culos pesados y millonarios de los que se dicen progresistas, pero sostienen un estado monarca y lleno de corrupción y avalan líderes de pacotilla que se creen pastores de un rebaño servil. Habemos aún muchos ciudadanos independientes que no nos creímos relatos construidos para devaluar la educación, que padece sindicatos nocivos y degradantes, la salud, que dicen defender pero que, a costa de sus propios bolsillos, dejan sin un salario digno, la seguridad, llena de jóvenes que se suman por falta de trabajo, sin vocación y a los que exponen a morir con sueldos miserables, el transporte, que hoy en día no existe, ante el aislamiento y las fronteras creadas, pero que vive constantes abusos de un sindicato que destrata y amenaza como método. Hay que desterrar el mito de que el progresismo pasa por alejarse de la ley y de políticas culturales realistas y libres, que no construyan falsas retóricas. Las demagogias construidas es para un grupo de dirigentes que se enquistó en el poder y hambrea al pueblo. Debemos salir de esas falsas premisas. Hay que educar, pensar, repensar y cuestionar para poder crecer.

Según los antiguos griegos hasta la edad media, como Platón y Aristóteles, la revolución fue considerada como una consecuencia evitable de la decadencia e incerteza del sistema de valores, los fundamentos morales y religiosos de un Estado. ¿No les suena conocido?

En la época del Renacimiento que empieza el pensamiento revolucionario moderno. El inglés John Milton (1608 – 1674) fue uno de los primeros en considerar la revolución como: una habilidad de la sociedad para realizar su potencial y un derecho de la sociedad para defenderse de los tiranos abusivos. Milton asumía la revolución como la manera de la sociedad para alcanzar la libertad asociándose al concepto de la ‘utopía’.

Pero yo hoy escribo mi diario para proponer una revolución en la cultura, en la educación, en la mirada social, no una que conlleve violencia, en un mundo donde se somente al ciudadano a rebaño, pensar es revolucionario. Pensar distinto es un arma poderosa. En mecánica, por otro lado, una revolución es un giro o una vuelta completa de una pieza sobre su eje. Eso necesitamos. Dar vuelta una historia construida a costa de la riqueza de un país y de los sueños de los ciudadanos. Nos nos cuidan, nos destruyen, en salud, basta ver los números, en economía, miremos nuestros bolsillos, en política, estamos aislados del mundo, cada vez más y en seguridad, para muestra sobran botones. Para no caer en lo mismo que quienes nos gobiernan, recordemos al maestro Carlos Fuentes cuando dijo: Las revoluciones las hacen hombres de carne y hueso, no santos, y todas terminan por crear una nueva casta privilegiada.

Diario de cuarentena: Si de Justicia se trata…

“El hombre es libre si sólo tiene que obedecer a las leyes y no a las personas.” Friedrich von Hayek

El Senado ayer, siendo quienes deben velar por nosotros promulgó reformas que pretenden solucionar entuertos judiciales privados, en nombre de lo público y apelando a la Justicia Social.

Hayek decía que la razón por la cual la mayoría de la gente continúa creyendo firmemente en la «justicia social», incluso después de haber descubierto que no saben realmente lo que significa la frase, es que piensan que si casi todos creen en ella, por algo debe ser. La base para esta aceptación de una creencia casi
universal, cuyo significado no es comprendido por la gente, es que todos hemos heredado de un tipo anterior y diferente de sociedad, en la cual el hombre existió por mucho más tiempo que en la presente, hay algunos instintos hoy profundamente arraigados que son inaplicables a nuestra civilización actual.

De hecho, el hombre emergió de una sociedad primitiva cuando, en ciertas condiciones, un número cada vez mayor de individuos tuvo éxito, descartando aquellos mismos principios que habían mantenido unidos a los grupos más antiguos.

El total vacío de la frase «justicia social» se demuestra en el hecho de que no existe ningún acuerdo sobre lo que requiere la justicia social en cada instancia particular; también en que no existe ningún test conocido a través del cual decidir quién está en lo correcto si las personas difieren, y que ningún esquema preconcebido de distribución puede ser efectivamente diseñado en una sociedad cuyos hombres son libres. Esto en el sentido que les es permitido usar su propio conocimiento para sus propios propósitos. En efecto, la responsabilidad moral individual por las acciones de cada uno es incompatible con la realización de cualquier modelo general de distribución.

¿En manos de quiénes estamos dispuestos a dejar esa supuesta justicia distributiva, que dista de ser social?

La palabra justicia, vilipendiada y destratada por los sucesivos gobiernos se refiere a lo justo. ¿Es justo que la ciudadanía esté viviendo la pandemia en estas condiciones? ¿es justo que, con la gente temiendo por su vida y carente de libertad se realice una reforma a la justicia? ¿ Hay siquiera algo de sentido de lo justo en la inconducente sucesión de decretos para definir la vida de una sociedad republicana? Los miedos por un virus no pueden tapar lo obvio. Necesitamos urgente una nueva mirada cultural. La evolución cultural a través del aprendizaje es la que nos enfrenta con los instintos naturales que poseemos. No vamos a crecer por creencias populistas.

La civilización creció, no por la prevalencia de aquello que el hombre pensaba que podría ser más exitoso, sino por el crecimiento de aquello que se demostró como tal, y que, precisamente porque el hombre no lo entendía, lo llevó más allá de lo que hubiera podido jamás concebir. Si de justicia se trata, en este país hay que empezar por los líderes, que todo el tiempo tratan de esquivarla. Por eso no vivimos en paz, porque «La verdadera paz no es simplemente la ausencia de guerra, es la presencia de la justicia».1

1-La frase corresponde a Jane Addams.

Diario de Cuarentena: Hogar

«La libertad es el medio no el fin de la política de nuestra Constitución. Cuando decimos que ella ha hecho de la libertad un medio, queremos decir que ha impuesto al Estado la obligación de no intervenir por Leyes ni Decretos restrictivos al ejercicio de la producción, pues en economía la libertad del individuo y la no intervención del Estado, son dos locuciones que expresan un mismo hecho» Juan Bautista Alberdi

Anoche viví un encuentro poético sobre el Éxodo Jujeño, que fue ejemplo de pluralidad, de respeto por la patria, por los valores. Todas las voces fueron oídas, desde las instituciones Belgranianas, hasta la sangre quechua perdida en los intentos libertarios del general. En un hilo histórico y poético se construyó un lazo virtuoso con el pasado, que mejoró un presente donde la libertad es escasa.

Una vez pasado el evento, me quedé pensando en esas voces y las contrapuse al arrebato que intenta el gobierno con la reforma de la justicia federal, como si en este momento nos interesara que algunos corruptos se salven. Los jujeños dieron sus vidas y sus casas por nuestra libertad. Y ahora pretenden salvar a quienes roban a la patria. Porque no presentaron una reforma laboral, ni de ninguna otra parte de la justicia, solo la federal. Manotazos de ahogados de corruptos totalitarios que lamentablemente tienen mayoría dada por un pueblo al que prometieron otras cuestiones. Vivimos un momento de gran avasallamiento a la constitución de Alberdi, que no era un ingenuo soñador. Pero mucho menos demagogo. No pretendía agradar sino asegurar un futuro lleno de garantías ciudadanas. No sólo proponía preceptos sino que dejaba claro los medios para lograrlos, porque conocía el fracaso de otras cartas magnas latinoamericanas:»Así, en América gobernar es poblar. Definir de otro modo el gobierno, es desconocer su misión sud-americana» y añadió: «Para poblar el desierto son necesarias dos cosas capitales: abrir las puertas para que entren y asegurar el bienestar de los que en él penetren, la libertad en la puerta y la libertad adentro«. Hemos hecho tan mal las cosas, que hoy tenemos un país despoblado y un AMBA superpoblado que es sinónimo de esclavitud política y pobreza. La inmensa mayoría de los argentinos provenimos de una inmigración permitida la Constitución que abrazó a nuestros ancestros para que poblaran el país y ellos, con trabajo , ayudaron a edificar esta gran Nación que hace cien años estaba entre las primeras potencias del mundo, una que se fundó con bases liberales, de apertura, de bienvenida, como reza nuestro Preámbulo, «… para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino». Para el Dr. Juan Bautista Alberdi la inmigración significó población,trabajo, ahorros y capitales que permitirían ayudar a comunicar el país con ferrocarriles que nos unificaron y que están hoy parados. Cómo está parado el libre tránsito, la circulación y la libertad. El gobierno argentino está avasallando nuestra Constitución. Atentos. No es una liviandad.

Me considero una persona comprometida con la realidad y de apertura política. No pertenezco a fuerza alguna pero he pertenecido a varias. Creo en los ideales, aunque me importan más los hombres que los respetan y ayudan a construirlos. Doy bienvenida a las críticas, me construyen y me ayudan a crecer. Pero si hay algo que rechazo de plano es la falta de libertad y la corrupción pública. El espíritu de nuestra Carta Magna, no sólo es actual, sino que fue el que llevó al país a la grandeza, a la producción y al crecimiento. Una República debe aspirar al equilibrio entre seguridad jurídica, confianza económica y estabilidad política, estamos con todos los parámetros en crisis. Y le sumo un Estado omnipresente que destruye a quien debe defender. Según Alberdi, el estado debe tener cinco funciones primordiales, tres monopólicas: Justicia, Defensa y Seguridad y dos subsidiarias: Educación y Salud. El Estado debe hacerse cargo de la Educación (Ley 1.420 – Laica y Gratuita) y de la Salud de los más necesitados, recordando siempre que todos los seres humanos hemos sido creados iguales en derecho y distintos en capacidades. Decía con claridad: «El Gobierno no ha sido creado para hacer ganancia sino para hacer justicia. No ha sido creado para hacerse rico sino para ser guardián y centinela de los derechos del hombre».

El populismo actual, que trata de reemplazar el trabajo con prebendas que empobrecen la dignidad y los bolsillos de los necesitados, le dan a nuestra Constitución una vigencia tremenda. Y van por ella. Estamos ante avances totalitarios, de un clasismo intolerable y con embates diarios en los últimos ocho meses contra la libertad.  Recordemos a Alberdi, protejamos nuestros derechos. La libertad genera igualdad, son una, consecuencia de la otra. El Tucumano decía: «Realicen las transformaciones imprescindibles con coraje y determinación. El gobierno anterior no tuvo ese coraje, el actual tiene intenciones descabelladas. Pero los pobladores, nosotros, los ciudadanos, debemos ponernos de pie. No permitamos que nos mientan, no podemos seguir rifando el futuro de nuestros hijos. Es menester levantarnos contra la impunidad, contra el irrespeto a la propiedad, contra la creación de odio al ciudadano que trabaja, que crece, que amerita. No fue así el espíritu que nos transformó en una gran Nación.

Alertemos a nuestros conciudadanos, pongamos un cono de atención contra los que nos quieren pisar. Actuemos en conjunto, con y para los otros, sin odios. Vecino con vecino, en paz. Aprendamos de los norteños. Ellos fueron parte de un éxodo doloroso y trágico que ayudó a gestar libertad. Dejaron su hogar y volvieron a construirlo. Ayudaron a crear una Nación. Y esta Nación es nuestro Hogar. En el que, al menos yo, quiero vivir.

Diario de Cuarentena: Gente que no

Resulta complicado mantener este diario después de más de ciento cincuenta días largos. Más aún si a diario estamos contando la gente que se enferma y la gente que muere. Estos hechos ocurren desde el inicio de la humanidad, pero no nos pasamos la vida contabilizando sus datos. Lo cierto es que hay gente que enferma y gente que no. Gente que muere y gente que no. Y como ocurre desde que el mundo es mundo, nos puede tocar a todos, en especial durante una pandemia, que no es la primera, y no va a ser la última mientras exista la humanidad. Vivir aterrado no es vivir. Estamos en una estación del año, donde todos tosemos, o nos resfriamos, pero en 2020 eso parece sinónimo de asesinato, y así anda la humanidad desconociendo rostros porque no nos vemos detrás de los barbijos. Desconociendo sueños y alegrías. Si quisiéramos terminar con esto, bastaba con políticas de test masivos que por supuesto no fue realizada. ¿Ahora bien, como vamos a salvarnos como sociedad si no somos libres? No podemos transitar, no podemos viajar, no , no, no. Somos gente que no.

Es muy difícil no ser autoreferencial en un diario personal, pero lo voy a intentar. Como liberal, he soportado desde mis 17 años muchos agravios. En un país en el que el populismo nacional es vedette, soy considerada hereje. El liberalismo arrastra el sambenito de que su afirmación de la libertad y la responsabilidad individual, como pilares fundamentales de la sociedad, y de la primacía de mercado sobre el estado, en la asignación de los recursos y la distribución de los bienes y servicios, supone desentenderse de la suerte de los pobres y los menos afortunados.Pero nada más contrario a la verdad. En el corazón del pensamiento liberal está, como lo señala Bertrand de Jouvenel, “la idea de que los que sufren necesidades apremiantes deben ser atendidos es inherente al concepto mismo de sociedad”. No debe haber ninguna duda al respecto. La discusión tiene que ver con sobre la forma en atender esas necesidades: por la familia, la acción solidaria de la comunidad o la coacción del estado. Esa atención solidaria de los necesitados, que hoy en día son millones, gracias a planes que dicen defenderlos, no puede confundirse con el ideal, rechazado ese sí por cualquier liberal, de igualación de rentas y patrimonios por la acción del estado, por obra del asistencialismo ilimitado del estatismo parasitario que aqueja a la argentina y gran parte de américa latina.

Nada puede ir contra el valor más relevante de una sociedad liberal: la responsabilidad de cada uno de su propio destino.

En nuestro país hace décadas que vamos por la gente que no. La que vive de ayudas o empleos poco demandantes del gobierno que sin dudas socava la dignidad personal y el sentido de libertad, y predispone a la aceptación de la sumisión y la servidumbre. Los ideólogos totalitarios son los ideólogos del asistencialismo, que busca hacer a las personas dependientes del gobierno porque esa dependencia moldea también, las actitudes políticas.

La idea no es transformar el diario en clase de economía que tampoco podría dar, pero si defendernos un poco de una política brutal que nos está desprotegiendo en todos los sentidos y desmitificar la historia vieja de que ser liberal o capitalista es odiar al necesitado, o destruirlo, por el contrario, creemos que hay que propiciar la movilidad de clases y la educación para que eso se logre. los liberales tenemos que atraer a la gente a nuestros ideales. La seducción del populismo en su forma moderna de expropiación de los resultados de la producción, mediante la acción de un estado parasitario, clientelista y corrupto es muy grande y seguramente se avivará en esta crisis.

No debemos temer enfrentarla si queremos un país mejor. No es cuestión de partidismos, es hora de ser racionales y emocionales a la vez. Podemos seguir con la historia nefasta de revictimizar al pobre, o ayudarlo a crecer, con esfuerzo, con estudio, con mérito. Basta de contar enfermos o muertos. Hay que luchar por la libertad, que no significa dejar de cuidarse, pero sí, rechazar esta cuarentena espantosa que nos cercena la mente, el cuerpo y el corazón. No quiero ser gente que no. Que no puede ir a ver a sus hermanos. Que no puede ir de una ciudad a otra. Que no puede moverse en el país con libertad. Que no puede trabajar. Que no puede proyectar. Que no puede visitar una provincia. Que no puede salir del país. Que no puede elegir cómo vivir. Estamos en una pandemia. Se manejó mal, nos burlábamos de paises que estan mejor que nosotros. Seguimos soberbios. Incompetentes. 300000 contagiados que debemos multiplicar por diez como mínimo. Y no producen cambios, ya se equivocaron, el virus circula, basta de ineficacia. Déjennos vivir eligiendo quienes queremos ser. Decía Einstein:

Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes

Diario de Cuarentena: Manifestación

Cuando un grupo de individuos se convierte en una unidad social reconocible es porque hubo un proceso dinámico anterior que lo fue gestando. Ayer gran parte del pueblo argentino se manifestó, en una ceremonia propia de los movimientos sociales, que aunque insistan en no reconocerlo, un movimiento social es todo aquel en el que el pueblo se manifiesta y no es propiedad de una izquierda que usa la calle como propia, sino que es esa transformación de individuo en sociedad reunida para la protesta. Es raro ver al populismo gobernante, que siempre utilizó la manifestación como modo de intervención política., desconocerla cuando otros la realizan. Solo muestra la relevancia que adquirió ayer esa unidad social apartidaria y hasta sin un lema único, sinónimo de pluralidad, fue una masa social organizada como en un ritual, personas unidas cargadas simbólicamente y escenificadas en la esfera pública por tercera o cuarta vez en un momento necesario para defender valores, la gente lucha como actor colectivo, en pos de la supervivencia de un modo de vida que está suspendido y se ve amenazado por conductas totalitarias. Las emociones desencadenadas en el curso de estas manifestaciones coadyuvan a reforzar la identidad y la solidaridad colectivas de un grupo social que se percibe a sí mismo vulnerado cuando trata de preservar lo que amenaza las fronteras de un sistema en el que desea vivir.. En la medida en que los actos de masas cohesionan a sus participantes, las autoridades, azoradas porque la calle fue tomada por aquellos que usualmente no lo hacen, intentan banalizar o desconocer el hecho, como si la manifestación hubiera sido un suicidio colectivo.

Ahora cuando estos mismos actos, son realizados para amedrentar empresarios por parte de sindicatos, o para apoyar los pensamientos únicos y reduccionistas del actual gobierno, es el pueblo que se manifiesta.

Yo fui al banderazo de ayer. Volvería a ir las veces que sean necesarias para defender la libertad y la república. No hace falta rotularse. Con ser libre alcanza. Hay mucho miedo a un virus, que es pandémico e inevitable, pido que también temamos a los destrozos que podemos evitar. El destino es todavía una quimera pero la realidad nos azota con la fortaleza habitual: la enfermedad que asola al mundo no es elegida ni nos pertenece, pero la sumisión, el destrato, el autoritarismo, el encierro, las inequidades, las malas decisiones, los idiotas al poder, y las insistentes políticas de miedo y el desoir a una ciudadanía que se adelanta al gobierno , toda ésta locura que supera ya los 150 días es soslayable. Reducir la manifestación de ayer a lo sanitario, habla de un gobierno que no tiene destino. Y como decía Borges:

“Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.”

Diario de Cuarentena: Máximas

Seamos libres y lo demás no importa.José de San Martín

Ayer fue el día del niño. Un día del niño lleno de rarezas, sin bullicio y con chicos aburridos y desconectados de otros chicos, sin abrazos. Aunque la gente se rebela y a pesar de los casos y los DNU comenzó a vivir su vida, nada fue igual. Para empezar ahora se llama Día de las Infancias (ojalá hubiera más de una) o día de la niñez, éste último resulta más lógico. Qué manía de igualarnos como si lo diverso fuera pecado. Mis hijos ya están grandes, pero los abracé igual, muy a pesar de ellos, y me emocioné recordandolos en mis brazos. También pensé en la madre de Facundo, que pasó el día entero frente a un cadáver esqueletizado que puede ser su hijo, luchando contra toda la policía bonaerense. En la titular del PAMI diciendo que si alguien convocaba a su madre a una marcha, lo mataba, mostrando con claridad su sutileza y su nivel de empatía y grandeza. En la familia del adolescente cordobés baleado por la espalda y en los hijos de Rosa, asesinada acá nomás. En la tristeza que me produce el país a oscuras y cerrado, las fronteras que van creando las ciudades, los terraplenes y los avances sobre la justicia o el derecho a la propiedad. Las locas manías de Grabois, que con sarcasmo habla de labriegos cuando se refiere a usurpadores y se olvida del labriego Eugenio que cobra cerca de un millón de pesos por mes. Y entonces me acuerdo que hoy, 17 de Agosto, rendimos honor al General San Martín, al que no me gusta llamar padre de la patria. Me cuesta esto de buscar padres para todo. Yo creo en la horizontalidad y descreo del verticalismo. Me gustan más los grupos de trabajo que los líderes carismáticos y prefiero los estadistas antes que los caudillos.

Qué pensaría Don José Francisco de San Martín que nació en Yapeyú, hoy provincia de Corrientes, un 25 de febrero de 1778. Vivió, estudió y batalló en Europa. Finalmente en enero de 1812 San Martín emprende el regreso a su tierra natal a bordo de la fragata inglesa George Canning. “Yo serví en el ejército español desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos de Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento a fin de prestarle nuestro servicio en la lucha.»  El 24 de marzo de 1814 cuando se reunió el Congreso en Tucumán. San Martín, preocupado por la demora en sancionar la independencia dirige una carta al diputado por Cuyo, Godoy Cruz. «¿Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra independencia? ¿No es cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y escarapela nacional y, por último, hacer la guerra al soberano de quien se dice dependemos, y permanecer a pupilo de los enemigos?» El héroe tenía muy claro el valor de la libertad. El 16 de agosto de 1816, nació Mercedes Tomasa de San Martín, su hija. A principios de 1817 comenzó el heroico cruce de los Andes. «Compañeros del Ejército de los Andes: La guerra se la tenemos que hacer como podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje.», durante muchos tramos San Martín debió ser trasladado en camilla debido a los terribles dolores provocados por la úlcera. A poco de cruzar los Andes, el 12 de febrero de 1817, las fuerzas patriotas derrotan a los españoles en la cuesta de Chacabuco, iniciando de esa forma la independencia de Chile No fue el único cruce ni su única travesía libertaria,  En 1823, cruzó por última vez los Andes, estuvo unos días en Mendoza y pidió autorización para entrar en Buenos Aires para poder ver a su esposa, que estaba gravemente enferma. Rivadavia, ministro de gobierno del gobernador Martín Rodríguez, le negó el permiso argumentando que no estaban dadas las condiciones de seguridad para que San Martín entrara a la ciudad. Las mezquindades ya comenzaban a marcar nuestra patria. Cuando muere Remedios, se va a Europa con su hija, San Martín atravesaba en Europa una difícil situación económica. Del gobierno argentino no podía esperar nada y ni el Perú ni Chile le pagaban regularmente los sueldos que le correspondían como general retirado. También la injusticia azotaba ya la creación de nuestra nación.En febrero de 1829 llega al puerto de Buenos Aires pero no desembarca. Se entera del derrocamiento del gobernador Dorrego y de su trágico fusilamiento a manos de los unitarios de Lavalle. Muchos oficiales le envían cartas a su barco y lo van a visitar con la intención de que se haga cargo del poder. San Martín se niega porque piensa que tome el partido que tome tendrá que derramar sangre argentina y no está dispuesto a eso. Triste y decepcionado decide regresar. Los restos recién volvieron a su tierra durante la presidencia de Avellaneda que lo repatrió en 1880 , 30 años después de su muerte. Su hija, a la que educó y crió desde los siete años, recibió de su padre las famosas máximas que hoy comparto, con la esperanza de que en este día, con banderazo incluído, nos volvamos patriotas:

  1. Humanizar el carácter y hacerlo sensible aún con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una Mosca abriéndole la ventana para que saliese: “Anda, pobre Animal, el Mundo es demasiado grande para nosotros dos.”
  2. Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira.
  3. Inspirarle gran Confianza y Amistad pero uniendo el respeto.
  4. Estimular en Mercedes la Caridad con los Pobres.
  5. Respeto sobre la propiedad ajena.
  6. Acostumbrarle a guardar un Secreto.
  7. Inspirarle sentimientos de indulgencia hacia todas las Religiones.
  8. Dulzura con los Criados, Pobres y Viejos.
  9. Que hable poco y lo preciso.
  10. Acostumbrarle a estar formal en la Mesa.
  11. Amor al Aseo y desprecio al Lujo.
  12. Inspirarle amor por la Patria y por la Libertad.

Diario de cuarentena: Lenguaje.

“Todo lenguaje no es ni reaccionario ni progresista; es simplemente fascista, ya que el fascismo no es impedir que hablemos sino obligarnos a hacerlo” R. Barthes.

Uff, que cargada de tensiones viene la vida en la cuarentena. Ayer tuve que ir a realizar un trámite a un organismo del estado, y comenzó la primera contradicción del día. Una cola de veinte minutos, con gente a poca distancia, algunos con barbijo, otros sin, solcito fresco. Sale un oficial de atención y me pregunta a qué voy, con tono de no tenés otra cosa que hacer. Explico mi situación y vamos cuesta arriba hasta que comprenden, me apoyan un termómetro digital en la frente (pienso que no debería tocarme pero bueno) y me echan un mínimo toque de alcohol en gel en la mano, llevo en ella el dni, que uso también para frotarme, accedo al interior. Hay cinco empleados y una recepcionista, digo buen día, nadie saluda, me siento sola en una silla de espera en tándem de otra repartición que ha sido donada. Dos empleadas conversan sin barbijos entre ellas, me gusta. Porque veo una confianza diaria, están ahí, son compañeras, se apoyan. Deja de gustarme cuando no me atienden, aunque soy la única. Al rato una se sienta, se coloca el tapabocas negro y me llama, le explico y me mira como si hablara otro idioma, lo digo más alto, pienso que el barbijo me impide ser clara. Me mira, y le grita a otro compañero, se acerca, le explica. Ah! dice y toca dos teclas. El trámite se logra. Alivio.Cuando me retiro, vuelvo a saludar, nadie me contesta. Afuera hay mucha gente «reunida» esperando.

De ahí vamos al super a retirar un pedido online. Toman la fiebre, alcohol, mucha gente conversando en la puerta, los empleados hartos de tener que ejercer un poder de policía que no les corresponde, me dan las cajas, toco las cajas, me dan el ticket, toco el ticket. Mismo procedimiento y cola y gente en la farmacia, y en los trámites básicos que me toca, nos toca, realizar. Me alegra ver gente paseando y viendo vidrieras, implica trabajo, comercios que van a poder sustentarse. SIento que, como nadie nos hizo test a tiempo, tal vez seamos miles o millones los portadores de covid en el país (la mayoría asintomáticos o leves, gracias a Dios), que sin palabras, vamos creando una inmunidad colectiva. Porque esto que vi en mi ciudad, es un botón respecto a los que ocurre en AMBA, que es donde el virus circula a full. Y como soy escritora, pienso en el lenguaje, en cómo lo utilizaron, en la retórica del miedo y la mentira. Y me doy cuenta que hemos sido obligados a hablar todo el día de esto. Todo el día hablamos de cuarentena y COVID y SARS y la reverenda pandemia. Mientras, en el sur, una madre tiene que parir hijos muertos en un baño de hospital porque no la atienden, desaparecen jóvenes, los ancianos se mueren solos y enfermos de otras cosas, balean adolescentes que escapan de ladrones, en el centro del país, por pasar un control, sin ver a los verdaderos delincuentes. Nos obligan a hablar de un virus que mata a algunos, y me aterra que lo haga, para poder matarnos a todos. Porque dejarnos sin derechos, sin justicia, sin dinero, sin trabajo, sin proyectos, es morir.

Apelo a volver a pensarnos como éramos, para que el lenguaje pase de ser un fascismo obligatorio a un idioma de los sentimientos, de la palabra como eco de una vida, y cito a Cortázar en Rayuela: “Pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días
y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso”.

Diario de Cuarentena: Ruido

“Para quien tiene miedo, todo son ruidos.”
SÓFOCLES

Pongo en juego el día de ayer. A 125 días de la cuarentena, nuestra ciudad está en fase 5, por ahora, porque la inequidad llega hasta las arbitrarias fases. Este absolutismo aciago que nos rige los últimos meses , ya más de cuatro, parece escrito por Mariana Enríquez o algún otro maestro del terror. La noche de ayer. Día del amigo, hijo de 21 años. Primera salida en 125 días. Birrería con cuatro amigos. Aunque no dije nada, hasta lo alenté al festejo, sentí miedo.

Me quedé con esa sensación en la boca del estómago que tenemos las madres cuando los hijos salen, y lo resolví comiendo unos cereales -estoy tratando de ser saludable- y viendo una serie muy mala, pero es lo que va quedando por ver. Cuando llegó le dije como autómata: lavate las manos. Y ahí el miedo fue peor. Me dí miedo. ¿Qué estoy haciendo? Sí, amigos lectores, caí en la maquinaria propagandista maquiavélica de este gobierno. Tuve miedo por mi hijo, a pesar de estar en fase 5 (que no se aún porqué está tan cerca de la 3) y de combatir la construcción del temor y la falta de libertades. El engranaje del miedo nos pega donde está depositado nuestro amor. Por eso usan el miedo para que este pueblo siga quieto a pesar de las atroces políticas públicas, de la denigrante situación a la que nos someten y de la destrucción del país en pos de salvar algunas pocas cuestiones personales de dirigentes sin ética. Porque el miedo es ruido y aturde, confunde y altera las propias creencias.

Ya lo dijo Aristóteles: el miedo siempre permanece. Un hombre puede destruir todo lo que tiene dentro de sí mismo, el amor y el odio y las creencias, e incluso la duda; pero mientras se apega a la vida no puede destruir el miedo.

Toda la lógica que apliqué, en una ciudad con dos casos y sabiendo que estamos ante una pandemia exagerada por intereses políticos internacionales, y aprovechada por el licencioso gobierno nacional; no alcanzó para frenar el miedo creado tras cuatro meses de encierro totalitario. Me considero liberal, y respeto al liberalismo como la ideología que nació contra el miedo,  liberalidad que se encuentra hoy abatida ante el resurgimiento de un fascismo rejuvenecido y tecnologizado. Aunque no fui vehemente en transmitirlo, lo sentí. Y pienso trabajar en ese miedo para construir una libertad más firme, por mis hijos y por los hijos de otros. El miedo somete. Seamos libres.

Diario de Cuarentena: Mallas

«Si la felicidad estuviera a la venta, solo un tonto no la compraría», The Joy Makers, James Gunn, 1961

The Joy Makers plantea una sociedad sin dolor, sin deseos, sin enfermedad, sin angustia, un mundo de status quo permanente con tecnología de avanzada para «todos». Eventualmente construyen una máquina con instrucciones para que todos sean felices, entonces la máquina va tomando los seres humanos y los coloca en celdas similares a una matriz, alimentados por fluidos y viviendo en fantasías, todos perfectamente felices.

Uno de los personajes, Douglas, que estudió filosofía, comprende la diferencia entre la fantasía feliz que vive y la lucha cotidiana del mundo real. Es la diferencia que nos humaniza, que nos hace no ser cerdos satisfechos. En una lucha épica en la que se enfrenta a todo tipo de fantasías y a la realización de sus deseos, cada vez que su entrenamiento le permite salir de la ilusión al mundo real, da pelea hasta que vence a la máquina. Rompe ese cerco fascinante donde te dan de comer en la boca a cambio de seguir dentro de un sistema perverso y se atreve a la pelea diaria por los logros.

Siempre pensé que el libro de Gunn es una implacable lección sobre la vida y la libertad. El objeto de estar vivos no puede ser la idiotez calma de los «comedores de lotos», sino la lucha por alcanzar los anhelos personales, ese camino hacia «la búsqueda de la felicidad», tal como dijo Jefferson, mas que la felicidad en sí misma.

Cada domingo dedicaré mi diario a un libro, que sienta que aporta a la lucha por constituirnos en seres libres, capaces de no caer en sistemas que nos brindan comodidades materiales y seguridad a cambio de la libertad para luchar por los deseos. Esas mallas contenedoras son ilusorias y perversas. Hoy sugiero leer Los hacedores de alegría, de James Gunn. Cualquier similitud con la realidad, es pura coincidencia.

Diario de Cuarentena: Olvido

Buen día. Me siento mejor. La verdad aflora. Y cada vez se hace más difícil tapar el cielo con los banderines del populismo. Lástima que para eso , y para que se empiece a comprender lo que ocurre, hayan devastado la moral social y la economía de una nación, además de debilitar la república. Con una emisión alevosa no se logra sostener a nadie. Con todos los aparatos del poder a mano no pueden contener la libertad de los ciudadanos. Porque uno no puede dejar de vivir por las dudas. Y encima, el por las dudas llega igual. Porque si de virus se trata, el encierro en masa, además de obsoleto es inadecuado, lo que sirve es la inteligencia sanitaria que parece que no existe en quienes asesoraron al presidente. Como si fuera poco, su propia coalición lo destroza, los sindicatos de siempre comienzan con las tropelías, y los estados provinciales se alzan con la justicia y todo lo que les quede cerca. Bien expuestos. Y cuando uno queda así, desnudo ante el pueblo, las cosas cambian.

No hay más que ver los números para saber que los planes cavernícolas fracasaron, y eso que son números falaces porque se mide diez veces menos de lo recomendado. Y como el país está parado, y se ocuparon de que no podamos pensar en nada que no sea COVID, la gente comenzó a reflexionar. Y los pensamientos pueden ser críticos. Pero atenti. Con Vicentín- y dejo por escrito que no me interesa la cuestión privada de Vicentín porque está en la justicia- fueron tan obvios que la gente habló y doblegó un DNU. Y transformaron una empresa en concurso en un símbolo social. Uno de muchos. Ahora parece que también cambiaron la mirada sobre la dictadura venezolana. Al menos el presidente. Aunque como cambia de parecer seguido, habrá que ver. Recuerdo hace un tiempo atrás el horror ante los países con 100000 contagios reales, cuando teníamos 1000 y nos encerraban con candado. Ahora superamos los 115000 y abren la cuarentena. Me parece que la ruleta debe ser el parámetro usado para tomar decisiones. Todas de muy baja eficacia. Con golpes bajos propagandísticos, como esas horribles camas de campaña en las publicidades que espero sean un recuerdo enmarañado

Pobre diario mío, harto de leer tanta pena. Pero salvo expresarme, y contarte lo que siento, manifestarme cuando lo considero, y exigir mis derechos en cada oportunidad que los siento avasallados no puedo hacer. Los que pueden son los responsables de la nación. Y deberán responder por sus actos. Porque tengo muy en claro que son los representantes del pueblo, no los dueños. Y el país va a superar el 55% de indice de pobreza en poco tiempo. La pobreza mata. Con seguridad. EL hambre mata. No alcanzaran los asistencialismo ni las ollas populares. Me avergüenza la dirigencia argentina, tan afecta a las palabras golosas de votos y sin contenido. Me avergüenza el congreso todo, silenciado por pocos. La justicia prebendaria y sometida al poder de turno y la vulgar verborragia de ideologías que se tildan progresistas pero que aquí y en el mundo generaron pobreza e inequidad. Pobresistas, las llamaría. Porque el pueblo queda pobre y ellos millonarios. Tal vez todo esto sirva para que tanto snobismo político quede definitivamente en el olvido. Y cito a Borges: «Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón».