No creo que ese nene de villa, de campito y de sueños sea el que se fue ayer. Ese quedó entre nosotros, gambeteando la vida. Ganando con la mano, con las uñas, como sea, subiendo arcoiris fantásticos elaborados con talento y garra. Ëse sigue dando pelea a lo que sea, al hambre, el deseo, sigue luchando por la octava de Argentinos, con los pozos en las mejillas sonrientes y esa boca carnosa de fútbol y magia.
El que se fue, para siempre, es el doliente, el que pudo ser capaz de lo innombrable, el del rencor y el odio y las traiciones, el que negó su sangre y se maldijo por hacerlo. El mismo que pudo golpear y ser destinatario. El que se vendió a la suerte por un gramo y se dejó convencer de ser Dios. Ese partió.
Pero el diez, el de las curvas en la altura, la interminable destreza, el creativo, el hijo de doña Tota, se quedó para siempre y ya es leyenda. Y se lo contás a tu hijo y él se lo cuenta a tu nieto y lo cuentan en Nápoles, en Londres y en Dubai. Se comenta que anoche vieron sus rulos en el Maracaná y que le comió la boca a una princesa rusa, dicen que se estacionó en una ferrari para ver por última vez el mediterráneo y le pidió a la Claudia canelones caseros.
Porque los hombres errados, se mueren así, responsables de su propia autodestrucción, pero los ídolos….
Para despedir a un hombre con todas las contradicciones de hombre y algunos perdones no merecidos, me vienen la palabras de Marguerite Yourcenar: Mis triunfos y mis riesgos no son los que se cree; existen glorias distintas de la gloria y hogueras distintas de la hoguera. He llegado casi a desconfiar de las palabras. Moriré un poco menos necio de lo que nací.
Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo…Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño… Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo, en cada vida, en cada vuelo, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado. Teresa de Calcuta
Nuestro país se distinguió desde el principio de la pandemia por confinar a su población, dejando sus escuelas primarias, secundarias y universidades cerradas. Hoy, todo el sistema escolar se quiebra mientras en el mundo se reabre o nunca se cerró, incluso países como Suecia no recomienda el uso de mascarillas, ni las prohíbe, pero considera que con otras medidas específicas en cada establecimiento se pudo manejar bien sin cerrar escuelas.
El patio de la Escuela Normal Nacional está vacío. Así estuvieron los patios de todas nuestras escuelas, no hay mascarillas a la vista, ni personas, ni docentes, ni alumnos. Y es así en todo el país, con grandes tapabocas y sin educación, o con una que asegura mayores inequidades. ¿O pensamos que las personas humildes, que socializan en la escuela, incluso comen allí, están recibiendo educación virtual? La hipocresía es sin dudas el peor de nuestros males. Hablamos de pobres, pero creamos una pobreza de aprendizaje que afectará aún más a los sectores sociales más necesitados. Para cuando cumplen los 10 años, la mitad de los niños latinoamericanos no son capaces de leer y comprender un relato simple, entre ellos estarán los argentinos.
Las escuelas nunca debieron cerrar. Así tendríamos niños educados y sociales, sin miedos, con anticuerpos para otros males que no adquirieron encerrados. Manteniendo una distancia, lavándose las manos con frecuencia, como se hizo siempre respecto a los contagios. Pero la verdadera diferencia es que los estudiantes de Latinoamérica, en gran parte, y de argentina en su totalidad se alejaron de las aulas, de los amigos, de los amores, de la vida positiva. Podríamos haber ofrecido la virtualidad para aquellos que por principios personales no deseaban asistir, o por problemas inmunológicos, y continuar la vida educativa. Pero no, un par de sindicalistas y algunos ministros deciden la vida de los ciudadanos. ¿Y la libertad? Paulo Freire dice que La educación es libertad. Coincido, pero agrego: La libertad es nuestra, no debemos pedirla. La tomamos. Y en un mundo de escuelas cerradas, es muy difícil ser libres.
Se pueden tomar muchas medidas para evitar aglomeraciones, horarios, medios alternativos de transporte, espacios abiertos para dictar clases, pero nunca alejar a los niños de las escuelas, a los jóvenes de las universidades, a los adolescentes de sus contactos personales. Esta vida de clausura a la que nos someten, mientras los casinos e hipódromos abren, deja claro donde queda la educación para nuestro país.
La educación es la formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen.
En este momento Argentina se quedó sin normas, y la cultura parece fluir en una sola dirección. La educación es física, mental, social y necesaria. No la rifemos más. Necesitamos escuelas y universidades activas, formando parte de aquello que atraviesa la sociedad, y la realidad es que muchos estudiantes quedaron afuera, casualmente aquellos que más lo necesitaban. Nuestro futuro solo es promisorio si comprendemos que educarnos nos libera y que los problemas se resuelven con más educación, saber hace libre, saber permite elegir, saber es primordial para crecer. Que las escuelas abran, ya se demostró el fracaso rotundo de las políticas de confinamiento en todos los ámbitos: sanitarios, económico y social. Apostar a la educación y a la educación en libertad es necesario si queremos tener un futuro. Como bien dijo Mandela: La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo.
Nuestra Constitución contiene un principio destinado a asegurar la eficacia del aparato del Estado. Es el principio de la idoneidad. Pero ha sido olvidado.
En cambio ahora, como si fuera algo relevante en la vida de los argentinos, como si no nos aquejan el hambre, la enfermedad, la falta de trabajo, la inflación, la falta de educación, la deserción de nuestros jóvenes y de nuestras empresas, para alguna de las tantas personas carentes de idoneidad del gobierno abren talleres sobre la masculinidad. Nada más fuera de contexto que eso, además de contradictorio, se pasan el día hablando de romper con lo binario y los talleres los destinan solo a varones, es decir binariamente. Primer ejemplo de ineficacia y carencia de idoneidad a la hora de gestionar lo público.
Pero las contradicciones siguen, la señora Marcó del Pont sugiere que la riqueza nace del estado, le preguntaría qué es el estado sin los impuestos de los privados que los mantienen. A ella incluida. Castigamos a más impuestos a los que logran riqueza en vez de intentar multiplicarla. Un país rico significa trabajo y gente viviendo con dignidad, claro que además los sacarían a patadas por inútiles.
Eso no es todo,odian la propiedad, pero los mismos usurpadores, dicen querer tener «su » casita. Hace ruido no?
Los pañuelos verdes hablan de su cuerpo como si un hijo fuera un obstáculo y como si no hubiera métodos preventivos. Las cuestiones como violación, enfermedad, peligro de vida están contempladas. Y de sancionarse una ley debería ser un último recurso, no una cuestión de bandera política. Ahora sí, el cuerpo es de las mujeres, el de ellas, y el del bebé que llevan dentro con células de un hombre que parece no poder decidir. Otra vez esta diferencia, mujeres si, varones no. Suena binario, parece que no está todo tan claro. Y no es pacatería ni prejuicio, es pensar que la vida es lo más importante, todas las vidas, no solo las que nos convienen.
Es claro que decir todo esto no es popular, no pretendo serlo, ni tampoco tengo opinión acabada, pero me permito pensar, cuestionar y redefinir, para no quedar presa de relatos absurdos y de dudosa verosimilitud, que apuestan a la patotera militante y no al bien común. Cuidemos la idoneidad de los que nos representan, si es necesario creemos, como ciudadanos, un taller.
La sinergia, hace referencia a un fenómeno por el cual actúan en conjunto varios factores, o varias influencias, observándose así un efecto conjunto adicional del que hubiera podido esperarse operando independientemente, dado por la concausalidad, a los efectos en cada uno. La sindemia es sumarle a la pandemia esos factores que la potencian y la transforman en al más complejo.
Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.Esta es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad, estos científicos dicen que si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que la transforman en sindemia, como los factores estructurales que hacen que mucha gente, en argentina cada vez más no tenga acceso a la salud o dieta adecuada, por pobreza o por ignorancia.
Cuando en el país a pesar de numeros alarmantes, el gobierno trata a la pandemia ya como un contexto inevitable y habla de cualquier otra cosa, como impuestos, aborto y la mar en coche, corremos el riesgo de enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, o el dengue y que continuará ocurriendo a medida que sigamos sin atender el cambio cambio climático y la deforestación. No pasa por una vacuna o una respuesta biomédica para el covid 19, vamosa fracasar si los gobiernos no diseñan políticas que disminuyan disparidades, promoviendo el pleno empleo y la riqueza, nuestras sociedades, la nuestra en particular, jamás estará segura y otras sindemias aparecerán.
La lucha contra la inequidad se da en la cultura, la educación, la libertad, el progreso posible sin trabas impositivas y una aspiración a la riqueza de las sociedades. No vivimos solos, y por más que los gobiernos populistas solo piensen en recaudar votos clientelistas, las futuras sindemias los azotarán. Repensemos el mundo, en lo que nos toca repensemos el país. Puede parecer fatalista, pero no es falso.
La llave para la libertad está en la educación, la cultura, la investigación…la búsqueda continua, la esperanza en el conocimiento y la sabiduría cotidiana con que los ciudadanos enfrentan los sinsabores a los que hace más de 250 días se ven sometidos. No voy a enumerar los casos desgarradores de abusos de poder que estamos padeciendo en todo el país, pero me voy a permitir filosofar un rato, sin ciencia, lo admito sobre algunas cuestiones indiscutibles. Aprender fue primero que enseñar. Enseñar correctamente es crear condiciones para producir conocimiento nuevo. El que enseña aprende, y también, quien aprende enseña. Enseñar no es otra cosa que aprender. Nuestro conocimiento es incompleto, inacabado y debemos aprender permanentemente. Si podemos reconocer esto nos volvemos educables. Lo que nos hace educables no es la educación, sino reconocer lo inconcluso de nuestro conocimiento. Nunca dejamos de aprender, porque la vida, es un camino largo, en el que somos alumnos y maestros de acuerdo a la época que nos atraviese, pero lo cierto es que el aprendizaje es continuo.
En un mundo cada vez más deshumanizado, en el que se pone en duda el valor mismo de la vida, es necesaria la libertad, y se educa con libertad en libertad, con solidaridad en la solidaridad y con igualdad en la igualdad. Para lograr eso, el corazón debe estar abierto a amar. Y en nuestra época histórica no encontramos la llave.
Sera cuestión de ser lo suficientemente libres como para oir los latidos.
Llegando a finales de noviembre y aunque los medios de capital digan que todo pasó, nosotros estamos en medio de todo, inclusive de restricciones. Aprovecho a releer aquello que siento que me modificó, y esta semana releí además a una mujer con la que tomo clases y que me ha mostrado su calidad. Betina González, una autora interesante, con voz clara, que sin dudas está entre mis predilectas: Betina González.
La novela ganadora del Premio Clarín de novela 2006 desarrolla un tránsito.El de una hija, que narra y decide escribir la biografía de su padre, que ha muerto . Este hombre, Fabio Gemelli,un tipo mediocre en todos los ámbitos de su vida. La narradora nos dice en un momento del libro: “Este libro (Rayuela) y el recuerdo de una escultura de mujer eran, hasta entonces, las únicas cosas verdaderas que había heredado de mi padre o, por lo menos, las que lo designaban diferente, extraño a los relatos familiares”. Y en este decir nos deja claro la historia toda: la búsqueda sobre el padre, el verdadero, no aquel que lo dicho por la familia había grabado en su memoria, para poder verlo, conocerlo aún muerto, desde ella misma. Ahora, ¿de todos los relatos oídos, cual representa a su padre? Allí radica el intento de acercamiento a lo verdadero.
Para reconstruir la biografía de un padre ausente, la narradora, Claudia, apela a fuentes directas: en este caso, a las distintas mujeres de ese hombre, tal vez buscando también saberse en el proceso.
Su madre,esposa durante más de diez años, y sus tres siguientes mujeres algunas fueron amantes: una alumna de Bellas Artes, una bailarina y una suerte de protectora.
En arte menor brilla la sutileza de lo irónico y se vuelve necesario. A Claudia, por ejemplo, se le ocurrió escribir la vida de su padre, un pequeño artista, cuando leyó en el diario la biografía de un gran artista como Berni. La narradora se pregunta en qué consiste la biografía, no lo sabe: cuáles son las reglas y los golpes de efecto : “Siempre se mencionan matrimonios, obras y descendencia en las biografías. Parece que se trata de hacer un inventario de lo que queda, de repartirlo lo mejor posible”. Maravillosa descripción del género.
Toda la novela es un ironía ambientada en la melancolía sutil de esta narradora de un conurbano bonaerense alejado de los brillos que ve en el tren que la lleva por la zona norte. Y el final, casi una epifanía de la vida, de los cruces continuos entre verdad y mentira construida con recuerdos, la narradora puede superar esa trapisonda llamada destino para poder captar lo que verdaderamente le habla de su padre. Una obra entrañable, porque de alguna manera, nos incluye.
Vengo trabajando en cultura hace veinte años, lo hegemónico en esta área no parece ser otra cosa que la necesidad de avalar siempre cuestiones pseudo progresistas. Siento que en latinoamérica nadie que no se sienta así puede entrar en el ámbito de la cultura sin sangrar.
Una revolución posible sería tener claro que la cultura no tiene pertenencia partidaria, si política y que en ella deben representarse todas las miradas. En los últimos años, y en especial en pandemia, veo mucha complacencia cultural contra barbaridades que atentan la libertad de expresión, incluso he sentido cierta doctrina en las ultimas tres carreras que estudié y todas giran a la izquierda.
Como si hubiera una sola dirección para pensar la cultura. Para poner en tensión de verdad, para incomodarnos, debemos preguntarnos : si queremos que esta pandemia sirva, ¿Por qué deseamos oír siempre lo mismo y nos molestamos con las diferencias?
Como mujer de la cultura, escritora y gestora cultural del interior siento el rechazo de mis pares ante el mínimo cuestionamiento al odio profundo a cualquier pensamiento liberal, confundiendo todo el tiempo los conceptos, tergiversando todo el tiempo las palabras. Es hora de que la cultura sea amplia, bienvenidos todos, los originarios, los inmigrantes, los peronistas, los liberales, los radicales, bienvenidos todos los que sientan que sin educación y sin cultura nada es posible., discutamos un futuro que nos incluya con políticas de estado.
No me gusta herir a quien amo No me gustar traer el pasado aquí al presente No me gusta sentirme ausente Cuando tu vives a mi lado
No me gusta matar las horas Sonreir si no soy feliz, convertirme tan solo En un fantasma amante de todos Vendiéndole el alma al diablo
No me gusta vivir así AsíAsí como si no doliera, Así como si no estuviera Ahogándome en palabras mudas Con las manos duras de arañar la arena
Partido en once mil pedazos Callándole la voz del alma a los dos Asumiéndome un caso perdido
No me gusta herir a quien amo No me gustar traer el pasado aquí al presente No me gusta sentirme ausente Cuando tú vives a mi lado
No me gusta matar las horas Sonreir si no soy feliz, convertirme tan solo En un fantasma amante de todos Vendiéndole el alma al diablo
No me gusta vivir así
Así como si no doliera Así como si no estuviera Ahogándome en palabras mudas Con las manos duras de arañar la arena
Partido en once mil pedazos Callándole la voz del alma a los dos Asumiéndome un caso perdido
La suma de las dos mitades La lágrima alimenta al río La cura de las vanidades La luz abriendose camino para dar olvido a las soledades
Así como si no doliera Así como si no estuviera
Abel Pintos Diego Cantero
Así me siento, en un mundo que quiere tapar el árbol con la mano, un árbol con la sangre de los argentinos. No me gusta vivir así. No quiero este mundo para mis hijos, no lo quiero para mí. Por eso escribo, grito, hablo, sangro, lucho, para cambiar esta cultura anquilosada donde reina la hipocresía y la falta de empatía y de amor.
No me gusta traer el pasado aquí al presente, no me gusta sentirme ausente, sonreír si no soy feliz. En fin, esta letra de canción define los sentires de mi día de hoy, contradictorio, ineficaz, como las vacunas adelantadas y la parálisis gubernamental. No le vendamos más el alma al diablo que tiñe de rojo los árboles del futuro. La suma de las dos mitades es sin dudas, la cura de las vanidades, y tal vez así logremos la luz abriéndose camino.
Estoy terminando con éxito un posgrado en FLACSO, una universidad de prestigio pero con clara formación progresista, a diario me proponen leer artículos de Grabois como si estuviera al nivel de Bayardo o García Canclini, por eso comprendo que es necesario poner en tensión la hegemonía de izquierda a la que los alumnos nos vemos sometidos. Claro que eso puedo hacerlo con mi recorrido de vida y de formación, ahora, en el caso de alumnos que se inician en la universidad o de estudiantes primarios o secundarios hay un feroz avasallamiento a la educación en pos de la militancia. Es vergonzoso y debe denunciarse.
Aclarado esto, quiero proponer romper con las cuestiones gramscianas para darnos un abrazo cultural. Gramsci entendía que para lograr el éxito de su propuesta revolucionaria, era necesario cambiar pautas culturales que permitieran echar los cimientos para el crecimiento del nuevo orden. La única posibilidad de cultura era la izquierda y proponía una batalla donde cualquier otra expresión cultural se destruyera.No se lo veía como un avance en la evolución de la cultura, sino como un intento de matar una cultura para reemplazarla por otra. En última instancia, no era la cultura lo que estaba en juego, sino un orden político y económico que debía imponerse por la fuerza para derrotar al orden que se hallara en el poder. Nuevamente pasa esto en Argentina y tanto izquierda como derecha se trenzan en una batalla cultural.
Qué pasaría si en vez de dejarnos usar por supuestos líderes que sólo profesan y presagian destrucción social y cultural, nos proponemos un abrazo, que acepte las diferencias, que promueva el intercambio y se enriquezca con las tensiones propias de un pensamiento libre, no verticalista.
Es hora de recordar a Clemente, y exclamar con fuerza; Un cacho de cultura!
«Inventar consiste en hacer que las cosas que se hallan paralelas en el espacio se encuentren en el tiempo o viceversa, y que al unirse muestren un hecho nuevo.» — Vicente Huidobro
Dicen que no hay más cuarentena, pero no podemos hacer muchas de nuestras cosas libremente, dicen que esto o lo otro. en una desesperada soledad de las paralelas que no se encuentran jamás, parafraseando a Umberto Eco. Lo curioso es que lo que no se puede o no funciona es todo aquello que puede hacernos verdaderamente libres: Abren casinos, no abren escuelas. Abren negocios, cierran empresas. Abren comedores, se cierran sueños, abren reuniones, cierran la legislatura. Vivimos en mundos paralelos. Nos prohiben muchas cosas, y las que no, las limitan.
Los medios creen que el país es Capital y AMBA, pero somos mucho más, de hecho es el resto del país quien mantiene a esta zona que paga menos por sus servicios y por su nafta, en otra muestra de las inequidades en paralelo que vivimos en Argentina. Pero los legisladores, los concejales, y los ciudadanos, siempre estamos mirando hacia otro lado. Por eso les sorprende por ejemplo los dichos de la Ministra de Educación Porteña, ¿qué sorprende?, puedo dar fe que hay docentes maravillosos, soy hija de docente y hago docencia, pero basta ver los horrores de los docentes de programas supuestamente educativos de la tv pública para comprender que no estamos nivelando hacia arriba. Y que los nuevos docentes, en general, llegan sin base del secundario y, como otras áreas públicas, por ejemplo seguridad, van por un sueldo seguro, no por vocación. No quieren perfeccionarse, no quieren evaluarse, y son avalados por sinverguenzas gremiales como Baradel que se alía al poder. No vamos a crecer si no crece la formación de nuestros docentes, si no apuntamos a mejorar la educación. Y lo digo en un país de escuelas vacías, que no son reemplazadas por aulas virtuales con cámaras y micrófonos apagados.
En este marco, discutimos impuesto a la riqueza y lo aprobamos en un país fundido y sin trabajo en el que las empresas se van, entonce siento que vivo en paralelo, en una realidad paralela. En la mía, la educación es prioridad, los docentes son universitarios que aportan cultura a los datos reales sin adoctrinar, la salud es importante, los derechos son de todos los ciudadanos, y la justicia existe. Los gobernantes quieren el bien común y poner en tensión o pensar diferente es signo de crecimiento y calidad. Pero me cachetea la realidad, me entristecen la cantidad de vidas perdidas por soberbia, el no reconocimiento del fracaso, la imposibilidad de diálogo.
Nuestro país está sin inventiva, sin creatividad, por eso no hay hechos nuevos y superadores, ojalá se crucen las paralelas, para un mejor destino.