Diario de Cuarentena: Positivo

El mundo parece mentira. No es posible seguir el día a día sin relacionar lo que ocurre con cuotas de odio. Pero en Argentina, el odio es el pan de cada día. Odio al que tiene, odio al que no, odio al que se defiende, odio al que ataca, odio al rico, odio al pobre. Una constante segregación que nos va debilitando y transformando en seres mínimos, aterrados por un análisis que paradoja al fin, es mala noticia si da positivo.

Baruch Spinoza, definió el odio como un tipo de dolor que se debe a una causa externa. Aristóteles ve el odio como un deseo de la aniquilación de un objeto que es incurable por el tiempo. Por último, David Hume cree que el odio es un sentimiento irreductible que no es definible en absoluto.

Siguiendo a Hume, este odio social que parece atravesarnos, se transforma en su irreductible indefinición en una constante social. Pero si estamos ante un enemigo sistémico que no sabe de ideologías ni de partidismos, seguir sosteniendo el odio para ser la pantalla para ocultar el miedo. Miedo a un resultado positivo. Personalmente creo que el temor pasa por la falta de identidad. En un país que se empeña en falsificar su historia y transformarla en discurso, en castigar la honestidad y premiar la corrupción, parece hasta lógico el miedo a la verdad. Tal vez por eso no hacemos test. No queremos saber lo que pasa, lo que realmente ocurre. Porque el odio y el miedo son la comida necesaria para atropellar las instituciones y crear resentimiento y venganza. A nuestro gobierno le gusta disciplinar, así lo escribió la vice en su libro , textualmente habló de disciplinar al campo con retenciones, como si la Constitución no existiera, y las retenciones fueran legales. Y así lo hizo, tal vez porque el odio venga de la necesidad de castigar al que tiene sin haberse corrompido, o tal vez solo para la tribuna, Como todo lo que vivimos desde hace unos 130 días, en una crónica anunciada de un posible positivo.

Diario de Cuarentena: Giros

La vida corre en círculos, nos propone tantas vueltas que a veces nos mareamos. Hoy amanecí así, mareada, revolcada en mi propia historia. Porque los giros no siempre son externos, a veces los creamos como un surco en el interior del alma.

Páez dice: Giros. Existe cielo y un estado de coma, cambia el entorno de persona en persona. Giros.Dar media vuelta y ver que pasa allá afuera, no todo el mundo tiene primavera. Flaco ¿Donde estás? Estoy imaginándome otro lugar, estoy juntando información, estoy queriendo ser otro (otro tipo, loco)
Mi necesidad se va modificando con las demás, así mi luna llega a vos, así yo llego a tu luna. Giros.
Todo da vueltas como una gran pelota, todo da vueltas casi ni se nota. Giros. Fotografía de distintos lugares,
fotográficamente tan distantes. Suena un bandoneón, parece el de otro tipo pero soy yo, que sigo caminando igual… Silbando un tango oxidado.

Y sí, existe un estado de coma, y estamos en él, infectados por la falta de empatía y la grandilocuencia de los mediocres, que ponen al pueblo en su boca corrupta para escupirlo más pobre aún. Hay que dar media vuelta y ver que pasa ahí afuera, al lado nuestro, antes de hablar del otro empecemos por nosotros. Por nuestras propias miserias, inocultables en esta pandemia que vino para destapar corazones oscuros. SIn miedo a imaginarnos otro lugar, donde la necesidad de uno se modifique con la del otro. Girando juntos como una gran pelota, que nos unifique en pos de una sociedad más justa, que no se genere en torno a feudos que predican un pseudo socialismo provinciano, sin más versos que los de las canciones y con la fotografía clara de la realidad de cada lugar, sin intendentes que banquen ventas de droga en ambulancia, sin dirigentes que tilden a mafiosos de ejemplares y sin millonarios que hablen de productores oligarcas, desconociendo el trabajo y la dignidad.

Suena un bandoneón, y sí, sigo caminando igual, erguida en la memoria de los justos y buscando la paz en este cambalache.

Diario de Cuarentena: Los pájaros de la tristeza.

Cada día un diario. Cada domingo un libro recomendado. Éste domingo uno de los autores más interesantes de nuestro país: Luis Mey. Un escritor consciente de los ambientes, del entorno como personaje, que en Los pájaros de la tristeza nos enfrenta con la realidad de dos hermanos con capacidades diferentes que viven en una soledad precaria, sórdida y deciden salir a buscar otra. Y lo hacen con toda la bronca y la potencia de la inequidad en sus manos. Manuel, uno de esos niños arremete la injusticia con su gomera, sin tapujos y sin eufemismos. Es lo que es, y eso lo justifica.

Manuel, de nueve años, padece una discapacidad mental; y Jaime, de once, una limitación física. Los dos conviven con su madre, sostén de ésta familia sin padre, una madre que los deja solos. Toda la historia de estos niños, tiene a ese padre ausente y a esa madre desgarrada y abandónica atrás. Los actos de los menores resultan búsquedas intransigentes y fatales.

La novela, editada por Seix Barral, no presenta la discapacidad como invalidez, por lo contrario los vuelve violentos,neuróticos, en un mundo lleno de perversiones, que no se limita al abuso o las drogas, sino que nos invita a ver otras, no tan claras, pero aún más infames. Los protagonistas responden con caos y muerte, alienados, sin posibilidad de planificar, en una lucha desigual contra la naturaleza humana y lo que les tocó.

Manuel utiliza su increíble manejo de la gomera para destruir a todo el que , en vez de convencerlos de salir de ese destierro que la inequidad produce, los re victimiza, hundiendo a los hermanos en lo aciago. Entonces, como un héroe y su arma letal, la gomera emerge sin piedad.

Mey dice de estos personajes: «Son como soldaditos que están peleando por la palabra, para ver quién tiene voz, porque los dejaron ahí creyendo que tenían que ser una cosa y ahora se encuentran en una circunstancia donde tienen que dar una batalla hacia el afuera, romper etapas, entender que tienen que combatir la tristeza en la que viven.»

Con ésta descripción no hace falta más. Sí voy a establecer, como cada domingo, un parangón con la realidad cotidiana, con esta falta de voz que nos aliena y que trasciende el momento pandémico. Somos como Jaime y Manuel, sin justicia y sin verdad, peleando con un afuera que nos obliga a comprender para poder sacudirnos la tristeza.

Diario de Cuarentena: La sonrisa de una lágrima

Me acosté feliz de ver amigas tras cuatro meses de cuarentena, socializar un poco me había recordado que soy mujer, que puedo arreglarme y festejar el nacimiento de Maru, con quien comparto vida desde ese instante inicial, verla soltar sus rulos y ser feliz, me llenó de energía. Pero la vida…

Me desperté con la noticia de una muerte joven e injusta, como casi todas las muertes jóvenes. Gustavo Tilot, alguien con quien compartí por años cuestiones laborales, pero a quien aprendí a apreciar en pequeñas charlas entre tandas, o esperas de ferias de libro, o notas en lo de Niní, o actos oficiales, que pertenecía a una familia que vino con mi abuelo desde Europa y que como él, traían unión y arraigo a esta tierra de inmigrantes y trabajadores. Su voz única, su carisma, su clase, pero sobre todo, los valores que tenía, y que mejoraba esta realidad lo hacían particular. Recuerdo el año pasado, el orgullo con el que fue a izar la bandera, el honor que sentía, que pena. Qué gran pena. Se fue un bueno. Uno de los pocos. Y sonreí entre lágrimas.

Así es la vida. Una y una, pero cuando la vivimos limitada, nos duele más. Porque hace cuatro meses que nos perdemos amigos, tiempos que no vuelven, hijos que se extrañan, nietos que nacen y no se conocen, momentos irremplazables. ¿En pos de qué?

Un abrazo al cielo, comparto con ustedes uno de los poemas de la gran Pizarnik

Tu voz

Emboscado en mi escritura
cantas en mi poema.
Rehén de tu dulce voz
petrificada en mi memoria.
Pájaro asido a su fuga.
Aire tatuado por un ausente.
Reloj que late conmigo
para que nunca despierte.

Diario de Cuarentena: Hechos

Dónde comenzar. Cuando me planteé registrar mis sentimientos sin tapujos en un diario de cuarentena, algo que la humanidad vive pocas veces en un siglo y que seguramente viva una vez en forma personal, jamás creí llegar a más de 125 días, y mucho menos estar en la situación sanitaria en que nos hallamos hoy. Como tengo la fortuna de no ser anti nada, y mucho menos enamorarme de personalismos, puedo notar que las mismas cosas podemos verlas diferente.

Mi mirada sobre la cuarentena, que no es lo mismo que la pandemia, es crítica, porque mi convicción liberal me lleva a cuestionar todo lo que cercena libertades y derechos individuales. SIn embargo, para muchas personas esos derechos y libertades sólo le pertenecen a algunos. Es más, a los que a ellos se les ocurra. Y en nombre de la arbitrariedad son capaces de todo. De soportar todo, de aceptar todo, de perder todo y aún así defender un espacio al que creen pertenecer.

Si de miradas se trata, le presto especial atención a las de aquellos que difieren conmigo. Mehmet Murat ildan decía «Si estás observando cualquier cosa desde un punto, desde un ángulo, jamás puedes alcanzar la sabiduría, porque la sabiduría es ver todas las cosas desde todos los puntos y desde todos los ángulos posibles». En esta cuarentena me tomé el trabajo y el tiempo de intentar ver como otros lo ven, para comprender qué miran.

Los hechos que voy a describir son hechos.

Hay una pandemia, se enteraron, la desconocieron, dejaron abierto y sin control real el aeropuerto, entró el virus, no hicieron los test suficientes ni el seguimiento necesario, circuló el virus, encerraron a la población, quitándole el derecho a circular, a trabajar, a comer dignamente, a crecer y a cuidarse con sus propios criterios. Se bloqueó y aniquiló la economía, se resintió el resto de la salud pública, se emitió a lo loco y se sigue en default. Mientras, los presos salieron, los corruptos también, desaparecen jóvenes, hay abuso policial, nos asaltan y aumenta el delito y la circulación de droga, se paró la obra pública, cierran empresas, hay seis dólares diferentes, cepo cambiario y se alienta la especulación, aquellos a los que dicen querer destruir, son los beneficiados, los que producimos o trabajamos, en sector privado o público, estamos en el horno; creen que hacen todo genial y critican a los vecinos, pero hoy, 24 de Julio, más de cuatro meses después, hay 150000 casos y superamos los 100 muertos diarios, con el índice de aumento de casos más alto de la región, casi todos en AMBA, la mayoría del lado de provincia.

Mi mirada es de fracaso total, despilfarro y alerta por atentar contra la propiedad y la libertad. La otra mirada está sentada en bases supuestas, si no hacían esto morían más, o se contagian más. La vida vale más que la economía, los anti cuarentena son la muerte, etc. Todo está justificado, hasta cuestiones que supuestamente son tan sensibles para sus miradas como la desaparición de personas o la multiplicación de pobres. No la comprendo. No me siento cómoda mirando así.

Para Friedrich Nietzsche, los que luchan contra monstruos deben velar para que en el proceso no se conviertan en uno. Y sugiere «Si miras el tiempo suficiente en un abismo, el abismo mirará dentro de ti». Tal vez ahí esté la explicación a tanta ceguera social. Siempre intentaré pararme en diferentes ángulos antes de tener una mirada definida, pero jamás disfrazaré los hechos.

Diario de Cuarentena: Vida Sencilla

Estamos en una semana gris, de muchos grises, algunos negros y algunas profundidades ajenas al color. Siete inquietos días donde los que deben hablar callan, y los que hablan quiebran en tonos desagradables. Un par de meses atrás todavía creíamos. Ya no. No hay en quién creer ni en qué. Cuando los de siempre siguen construyendo inequidades y la sociedad toda se debate entre la razón y la locura, yo propongo retomar lo simple. La vida sencilla. La que tiene reglas claras. Un semejante soy yo con otra piel. No nos matemos, no nos robemos, no destruyamos la poca trama social que nos queda. La vida puede ser mejor, más limpia, sin tantos dobleces que nos hieran. No podemos llegar al poder hasta las próximas elecciones, pero podemos ser buenos ciudadanos, buenos vecinos. Comprender al otro en vez de juzgarlo. Escuchar al que disiente y no denostar, buscar el punto de coincidencia para construir desde allí. Comprender que la diversidad es la riqueza, y que si nos mantenemos en la ignorancia del otro, nos volvemos ignorante. Estos últimos meses, les cuento, he padecido muchas agresiones, solamente por disentir. Por no apoyar un proyecto que para mí, y a los hechos me remito, nos lleva al derrumbe. Pero no agrego a quienes lo profesan, solo digo lo que pienso. Eso hace que sea mucho más indeseable en mis ámbitos que hace seis meses o siete atrás. Pero no importa. No siempre las personas comprenden las diferencias, o las respetan. SIn embargo, sigo en pos de un mundo donde el otro, distinto, variopinto, estimado, sea tan importante como yo. Una vida en la que no irriten los hechos ciertos, y en la que no construyamos post verdades para pertenecer. Octavio Paz escribió como nadie de que se trata «La Vida Sencilla»

Llamar al pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes, papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento?
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.

Diario de Cuarentena: No te arrodilles

Un día más de este año de cuarentena. Un día nuevo de desilusiones antiguas. Otra vez siento que sigo luchando por lo mismo que lo hacía a los 18, cuando en el 83 creía que íbamos a cambiar el destino de la patria. Sin embargo, la inequidad pasó de mano en mano para acentuarse. Y seguimos sin comprender que la solución no es populista. Santiago Kovadloff define muy bien nuestra situación: «La reducción al Estado prebendario de la iniciativa privada, de las instituciones de la República no tiene otra finalidad que instaurar modalidades autoritarias de poder: la palabra única, el silencio general, el «yo» que se dice vocero del «nosotros». El populismo no es peligroso porque ayuda a los pobres, sino porque los explota; el populismo no es peligroso porque es de derecha o de izquierda, sino porque es autoritario en cualquiera de sus formas y aspira a reducir la ley al poder del mandatario». Y en eso estamos.

Nunca comprendí el sostén y defensa del populismo que la mayoría de los intelectuales argentinos y de las personas de la cultura hacen. Tenemos un país con pasado, lleno de ricas historias de construcción y de trabajo, que demuestran que la única limitación es la falta de educación. No rifemos nuestro porvenir. El pueblo debe educarse si quiere tener libertad y porvenir, de lo contrario está condenado a dar vuelta en círculos, a la chatura humillante y dependiente del estado y a la constante frustración. Ayer escuchaba a periodistas sosteniendo barbaridades, a políticos defendiendo posturas absolutistas con improperios, a ciudadanos sin palabras para definir lo que viven. El disenso parece ser mala palabra, no obstante eso, somos responsables. Vos y yo y todos los ciudadanos que ponemos con nuestro voto a gente inescrupulosa en el poder, no importa el partido, hay personas valiosas de todos los colores. Elijamos bien, elijamos sin miedo, sin odios. Nos va a salvar la educación, que es la solución a todos los problemas. Si sos humilde, educate, si sos de izquierda, educate, si sos de clase media, educate, si sos de centro, educate, si sos peronista, educate, si sos liberal, educate, si sos radical o de cambiemos, educate, si sos socialista, educate, si sos rico, educate. La educación nos puede salvar de la violencia, de la falta de empatía del odio abusivo que los corruptos quieren generar en el pueblo. Educate siempre y por favor, no te arrodilles.

Diario de Cuarentena: Ruido

“Para quien tiene miedo, todo son ruidos.”
SÓFOCLES

Pongo en juego el día de ayer. A 125 días de la cuarentena, nuestra ciudad está en fase 5, por ahora, porque la inequidad llega hasta las arbitrarias fases. Este absolutismo aciago que nos rige los últimos meses , ya más de cuatro, parece escrito por Mariana Enríquez o algún otro maestro del terror. La noche de ayer. Día del amigo, hijo de 21 años. Primera salida en 125 días. Birrería con cuatro amigos. Aunque no dije nada, hasta lo alenté al festejo, sentí miedo.

Me quedé con esa sensación en la boca del estómago que tenemos las madres cuando los hijos salen, y lo resolví comiendo unos cereales -estoy tratando de ser saludable- y viendo una serie muy mala, pero es lo que va quedando por ver. Cuando llegó le dije como autómata: lavate las manos. Y ahí el miedo fue peor. Me dí miedo. ¿Qué estoy haciendo? Sí, amigos lectores, caí en la maquinaria propagandista maquiavélica de este gobierno. Tuve miedo por mi hijo, a pesar de estar en fase 5 (que no se aún porqué está tan cerca de la 3) y de combatir la construcción del temor y la falta de libertades. El engranaje del miedo nos pega donde está depositado nuestro amor. Por eso usan el miedo para que este pueblo siga quieto a pesar de las atroces políticas públicas, de la denigrante situación a la que nos someten y de la destrucción del país en pos de salvar algunas pocas cuestiones personales de dirigentes sin ética. Porque el miedo es ruido y aturde, confunde y altera las propias creencias.

Ya lo dijo Aristóteles: el miedo siempre permanece. Un hombre puede destruir todo lo que tiene dentro de sí mismo, el amor y el odio y las creencias, e incluso la duda; pero mientras se apega a la vida no puede destruir el miedo.

Toda la lógica que apliqué, en una ciudad con dos casos y sabiendo que estamos ante una pandemia exagerada por intereses políticos internacionales, y aprovechada por el licencioso gobierno nacional; no alcanzó para frenar el miedo creado tras cuatro meses de encierro totalitario. Me considero liberal, y respeto al liberalismo como la ideología que nació contra el miedo,  liberalidad que se encuentra hoy abatida ante el resurgimiento de un fascismo rejuvenecido y tecnologizado. Aunque no fui vehemente en transmitirlo, lo sentí. Y pienso trabajar en ese miedo para construir una libertad más firme, por mis hijos y por los hijos de otros. El miedo somete. Seamos libres.

Diario de Cuarentena: Mallas

«Si la felicidad estuviera a la venta, solo un tonto no la compraría», The Joy Makers, James Gunn, 1961

The Joy Makers plantea una sociedad sin dolor, sin deseos, sin enfermedad, sin angustia, un mundo de status quo permanente con tecnología de avanzada para «todos». Eventualmente construyen una máquina con instrucciones para que todos sean felices, entonces la máquina va tomando los seres humanos y los coloca en celdas similares a una matriz, alimentados por fluidos y viviendo en fantasías, todos perfectamente felices.

Uno de los personajes, Douglas, que estudió filosofía, comprende la diferencia entre la fantasía feliz que vive y la lucha cotidiana del mundo real. Es la diferencia que nos humaniza, que nos hace no ser cerdos satisfechos. En una lucha épica en la que se enfrenta a todo tipo de fantasías y a la realización de sus deseos, cada vez que su entrenamiento le permite salir de la ilusión al mundo real, da pelea hasta que vence a la máquina. Rompe ese cerco fascinante donde te dan de comer en la boca a cambio de seguir dentro de un sistema perverso y se atreve a la pelea diaria por los logros.

Siempre pensé que el libro de Gunn es una implacable lección sobre la vida y la libertad. El objeto de estar vivos no puede ser la idiotez calma de los «comedores de lotos», sino la lucha por alcanzar los anhelos personales, ese camino hacia «la búsqueda de la felicidad», tal como dijo Jefferson, mas que la felicidad en sí misma.

Cada domingo dedicaré mi diario a un libro, que sienta que aporta a la lucha por constituirnos en seres libres, capaces de no caer en sistemas que nos brindan comodidades materiales y seguridad a cambio de la libertad para luchar por los deseos. Esas mallas contenedoras son ilusorias y perversas. Hoy sugiero leer Los hacedores de alegría, de James Gunn. Cualquier similitud con la realidad, es pura coincidencia.

Diario de Cuarentena: Mito

¨Nada hay fijo en la vida fugitiva: ni dolor infinito, ni alegría eterna, ni impresión
permanente, ni entusiasmo duradero, ni resolución elevada que subsista toda la vida.
Todo se disuelve en el torrente de los años. Los minutos, los innumerables átomos
de
pequeñas cosas, fragmentos de cada una de nuestras acciones¨.
Los dolores del mundo
Arthur Schopenhauer

Un sábado nuevo. Con la sensación de haber sido vivido, no es precisamente un dejá vu, más bien se trata de un hastío proletario producto de tantos días abrasados por el miedo. Descartada la posibilidad de proyectar aquello que no voy a poder cumplir, tiendo a filosofar. Y mientras pongo el lavarropas y veo girar los manteles manchados por los niños envueltos que le compré anoche al Tano, casi que giro con ellos. Me doy una vuelta entera al pasado, revoleo a Grecia y a Roma, me escondo en Platón y tras él, decido plasmar en el diario de hoy la necesidad de derribar mitos que atrofian.

El mito es la historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que tienen en realidad. ¿Te suena? En Argentina estamos llenos de mitos. Los creamos como si fueran las ostias con las que comulgamos para seguir respirando. Mitos históricos, mitos actuales, mitos urbanos. Nuestra vice presidenta es uno de ellos. Un mito increíble. Una señora enmascarada en bases importadas, maquillada por demás, con ropa que habla varios idiomas , oros y diamantes que acaricia a otras señoras humildes con canas sin teñir y uñas gastadas, poniendo cara de «yo te voy a salvar» mientras se sube al auto entre guardaespaldas trajeados, envuelta en perfume francés. Que va y viene por el mundo libremente mientras nosotros tenemos controlada la sube. Un mito. Barato, pero mito al fin. Sino, es imposible que alguien le crea. Como lo fué Alfonsín, llamado ahora «padre de la democracia» pero al que en su momento le quemaban las papas y se fue antes de que lo echen. En el cliché, entran Perón, Eva, el Che y unos cuantos más. Ahora,¿ por qué esa necesidad de recurrir al mito? Tal vez en el caso de nuestro país nazcan de la perplejidad.

Vivimos en un mundo que existe inmanente a sí mismo, cuya existencia es tan real como un sueño, porque no hay más que irrealidades en las que nos movemos tratando de creer que son lo que no son. Trascendemos una y otra vez a atroces gobiernos como si fuésemos sujetos volitivos que todo podemos lograr. Pero aunque la voluntad sea la cuestión, aunque sea nuestra «cosa» perseguida, la realidad nos demuestra que estamos en problemas. No nos van a salvar los mitos. Cualquiera sea su género.

Es posible que como sociedad, hayamos buscado una suerte de “salvación”, pero ésta solo quedó en el discurso. En la larga exploración dentro de los terrenos mitológicos que hemos ido sosteniendo en nuestra democracia, atesoramos el costado estético de los mitos construidos más que lo relativo a las políticas de estado y a los contenidos. Por lo tanto, no es posible hablar de ningún dogma o nada que fuera palpable y redima a nuestros mitos de cartapesta. Tampoco es posible siquiera afirmar, que alguno de ellos fue en busca de redención espiritual a través de lo religioso o lo mitológico. De ellos, solo se perpetúa su razón estética como poderosa metáfora.

Cuando termina el lavado, saco la ropa y la tiendo, tratando dejar correr en ese gesto, la historia mojada de traiciones que tal vez nos merezcamos.