Prensa
XVI Feria del Libro de Junín: La Piara
Qué mal me hace recordar
Los colectivos sociales pasaban por el bien común y la dedicación que los adolescentes de la época le habíamos dado a la política tenía que ver con valores, con ideales, con sueños a conseguir.

Publicado el 28 octubre, 2020 Por Grupo La Verdad
Corría 1983 y sentíamos que lo habíamos logrado. Las bandera, las frases, los sinceros corazones expuestos en la plaza, la cadencia de la libertad en las calles, tantas almas en pos de la grandeza y una sincera vocación republicana al frente del país. No había ganado la persona elegida, pero igual festejé, la democracia era más importante.
Había muchas cosas más importantes que nuestros deseos. Los colectivos sociales pasaban por el bien común y la dedicación que los adolescentes de la época le habíamos dado a la política tenía que ver con valores, con ideales, con sueños a conseguir. Queríamos un país sin dictaduras, sin totalitarismos. Y eso nos hacía brillar en colores diversos tras un mismo fin común.
Para qué vamos a hablar de cosas que ya no existen
Es así, hay cosas que ya no existen. Un populismo despiadado, ejercido por unos y otros las pisó. La degradación de lo político y lo público es tal, que a veces, muchas veces, es mejor no hablar. Llegamos a una situación tal que los vecinos son buchones, los amigos enemigos, nos embanderamos en historias ajenas y perdemos de vista lo importante. Nosotros. Como comunidad, Como sociedad construida sobre sangre, que nos engloba y nos une, pueblos originarios, inmigrantes europeos, inmigrantes latinos, residentes, todos hermanados en una bandera que no debemos pisotear, La celeste y blanca que flamea en los mundiales de fútbol debería flamear hoy cuando tanto está en juego.
Ya no existe el orgullo por nuestra tierra, el sentir que nos une algo que puede más que una bandera política, una sangre vertida, muchas tragedias superadas, divisiones hostiles nos amenazan. No es hora de revolución. Probemos con una revolunión.
Intentemos la empatía, escuchar sin agredir, tomar de cada uno lo mejor, esforzándonos, sí, con esfuerzo, ése que hizo del nuestro un gran país, para comprender antes de criticar, tal vez nuestras cabezas estén sucias de odio partidario, pero podemos barrer asperezas. La política es la única opción para cambiar las cosas, la democracia el mejor sistema, aunque nos duelan sus imperfecciones, y la república necesaria para tener justicia y equidad.
Qué pena me da
Cuando veo ollas populares, se me desgarra el alma, un país productivo, debería tener alimento para gran parte de la humanidad. Cuando veo que vive la mayoría de nuestro pueblo de la asistencia o el salario público, pienso en cuanto nos perdemos, Somos creativos, talentosos, muy rápidos, pero perdimos el amor al trabajo. Fueron desvirtuando las palabras de los líderes que dicen añorar, El trabajo es el motor.
La producción es el combustible y el esfuerzo personal la palanca que accionará el crecimiento. Sin odios de clases, con movilidad social, Sin odios políticos, con diversidad democrática. Sin búsquedas ni persecuciones, con cuidado por el otro, por el planeta, por la salud, que no es solo física, por la libertad.
Qué pena me da, saber que después de 37 años, de toda la fuerza amorosa de ese 1983. ya no queda nada. Pero no me resigno. Tu vecino no es tu enemigo, tu contrincante es otra persona con ideales diferentes, Los verdaderos aliados del desastre nacional son los que proveen al pueblo sin trabajo, los que desprecian los logros, el derecho a lo propio, si no es de ellos, la validez de la justicia debe alzarse o caeremos en un pozo donde perdamos la oportunidad de renacer, hermanos, en una verdadera reVolución.
No quiero quedarme en la pena, no quiero que mi país sea una zamba para olvidar.
Diario de Cuarentena: ONU
¿La ola no tiene forma?
En un instante se esculpe
y en otro se desmorona
en la que emerge, redonda.
Su movimiento es su forma
Octavio Paz
Un 24 de Octubre de 1945 se constituyó la ONU, tras la Carta de Naciones Unidas firmada luego por 51 países. Hoy tiene 193 Estados miembros y Estados observadores. En el 2000 se planteó los Objetivos de Desarrollo del Milenio que ya aparecen en la Declaración del Milenio, adoptada por la Asamblea General y firmada por 192 países miembros de la ONU el 8 de septiembre de 2000, tras la Cumbre del Milenio; y en este sentido, en la Cumbre mundial de 2005 (14-16 de septiembre de 2005), los representantes de los entonces 191 miembros de la ONU, los reafirmaron como ocho objetivos a alcanzar para el año 2015. Los voy a citar en el diario de hoy para que nos demos cuenta que no sólo no se lograron sino que estamos lejos de hacerlo.
Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre:
- Reducir a la mitad el porcentaje de personas cuyos ingresos sean inferiores a 1 dólar por día.
- Reducir a la mitad el porcentaje de personas que padecen hambre
Objetivo 2: Lograr la enseñanza primaria universal.
- Velar porque todos los niños puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria.
Objetivo 3: Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer.
- Eliminar las desigualdades entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para el año 2005, y en todos los niveles de la enseñanza para 2015
Objetivo 4: Reducir la mortalidad infantil.
- Reducir en dos terceras partes la tasa de mortalidad de los niños menores de 5 años.
Objetivo 5: Mejorar la salud materna.
- Reducir la tasa de mortalidad materna en tres cuartas partes.
Objetivo 6: Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades. ( el caso del actual COVID)
- Detener y comenzar a reducir la propagación del VIH/SIDA.
- Detener y comenzar a reducir la incidencia del paludismo y otras enfermedades graves.
Objetivo 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
- Incorporar los principios de desarrollo sostenible en las políticas y los programas nacionales; invertir la pérdida de recursos del medio ambiente.
- Reducir a la mitad el porcentaje de personas que carecen de acceso al agua potable.
- Mejorar considerablemente la vida de por lo menos 100 millones de habitantes de tugurios para el año 2020.
Objetivo 8: Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.
- Desarrollar aún más un sistema comercial y financiero abierto, basado en normas, previsible y no discriminatorio. Ello incluye el compromiso de lograr una buena gestión de los asuntos públicos y la reducción de la pobreza, en cada país y en el plano internacional.
- Atender las necesidades especiales de los países menos adelantados. Ello incluye el acceso libre de aranceles y cupos para las exportaciones de los países menos adelantados, el programa mejorado de alivio de la deuda de los países pobres muy endeudados y la cancelación de la deuda bilateral oficial y la concesión de una asistencia oficial para el desarrollo más generosa a los países que hayan mostrado su determinación de reducir la pobreza.
- Atender a las necesidades especiales de los países en desarrollo sin litoral y de los pequeños Estados insulares en desarrollo.
- Encarar de manera general los problemas de la deuda de los países en desarrollo con medidas nacionales e internacionales a fin de hacer la deuda sostenible a largo plazo.
- En cooperación con los países en desarrollo, elaborar y aplicar estrategias que proporcionen a los jóvenes un trabajo digno y productivo.
- En cooperación con las empresas farmacéuticas, proporcionar acceso a los medicamentos esenciales en los países en desarrollo.
- En colaboración con el sector privado, velar porque se puedan aprovechar los beneficios de las nuevas tecnologías, en particular, los de las tecnologías de la información y de las comunicaciones. Así como también los fines de la organización de las Naciones Unidas (ONU).
Los objetivos del milenio no se cumplieron en América Latina. La realidad se ve acentuada por una América Latina llena de contrastes, que tiene a los hombres más ricos del mundo, como zonas en donde la gente no recibe los servicios más básicos, y es aquí donde se puso el mayor énfasis: Pobreza extrema, Mortalidad materna, educación primaria universal y cobertura de saneamiento. La ONU tras los resultados, advierte a los gobiernos en América Latina se apresten y logren las estrategias necesarias para la reducción de las cifras negativas, así mismo se pide no dejar de lado a los derechos humanos, unos de los mayores logros alcanzados .
En Argentina apabullados por la pandemia y la cuarentena estamos agravando todas las condiciones que la ONU pretendía modificar y mejorar en sus objetivos. La pobreza se volvió estructural, los derechos son vulnerados, ante la enfermedad damos respuestas obsoletas, no acordamos con privados ni con el mundo, como país apoyamos a dictadores, creamos más tugurios, cerramos escuelas,impedimos el trabajo cambiando dignidad por clientelismo, nos cerramos al mundo y nos volvimos muy pobres teniendo todo para ser ricos. Pero lo peor de todo es que ya no nos sentimos parte de una trama social unida. Estamos enfrentados por el miedo y la falta de respeto a la Constitución.La ONU no logró su cometido, pero Argentina lo deshonró. La ONU está devaluada por su ineficacia y por la carencia de líderes en la actualidad, y lo mismo sucede en muchos países del mundo. Tal vez por el desprecio a la educación que se viene sosteniendo desde modelos políticos populistas que prefieren pueblos incultos. Por eso cierro con una frase del otrora Secretario de ONU y premio Nobel Kofi Annan, esperando que la humanidad y mi país comprendan que es el camino a seguir: “La educación es un derecho humano con un inmenso poder de transformación. En su fundación descansan las piedras angulares de la libertad, la democracia y el desarrollo humano sostenible”
Diario de Cuarentena: Populismo, picada y democracia
En el Populismo sin mediar más que su sola institución se produce la banalización del debate público, sus políticos inhiben,contra todo obstáculo, la deliberación seria , sensata e intelectual de cualquier tema que sea real y constructivo y que ataña a lo público, complicando el discurso y confundiendo la discusión porque sus argumentos falsos no soportarían la prueba de la lógica y la razón.
Si se me ocurre cuestionar a un populista, se me califica desde traidora, oligarca, gorila, anti pueblo aliada de supuestos intereses internacionales, que van desde Trump al FMI o al enemigo de turno.
Cuando no les alcanza con lo general viene lo ad hominem, entonces me descalifican y atacan como persona. Pueden llamarme por otro nombre, como cierta señora que se dice feminista y dirigente social. Pero la única pretensión es empobrecer y volver vulgar el debate de lo público. Bien populista, vulnerando siempre el Estado de derecho, porque como lo dijo el presidente Dios es peronista,aunque debió dejar afuera a Perón y decir Dios es populista, es decir, todos ellos lo son y están más allá del bien y del mal, se sienten iluminados y autorizados para cumplir sus propósitos, entonces están “legitimados” para desconocer y adecuar el marco jurídico e institucional, como usurpar, liberar delincuentes, impedir el libre tránsito, el derecho al trabajo, porque es por el bien del «pueblo». Pero el populismo no se olvida de las finanzas públicas. Emite y emite, son insuficientes los recursos públicos para atender las necesidades populares. Y como su discurso se basa en las personas pobres, entonces si estoy en contra soy inhumana, ingrata y “neoliberal de derecha”, que el Dios populista sabrá lo que significa.
Todo lo que se observe sobre la falta de transparencia del gobierno es atentar contra el “proyecto social”, y a cualquier librepensador, empresario o sector de la prensa que los critique se los descalifica por antiprogresista.
El Populismo, tal como ocurre hoy en nuestro país nos da como resultado una linda picada de déficit fiscal, violación recurrente del Estado de Derecho, limitación de derechos, corporativización y concentración del poder político y económico en ciertos grupos privilegiados, como lo que ocurre con la pseudo competencia a Mercado Libre, y entonces, aquellos que cayeron en su garras, se sienten con desazón, desconfianza, frustración, desencanto y la consiguiente deslegitimación democrática. Cuando “el pueblo” se da cuenta que los beneficios prometidos por el Populismo no llegan , o llegan para los amigos del poder y los pobres son más pobres, el descontento presiona a la Política Populista. Y se radicaliza aún más. Promete más, por supuesto en vano. Crea teorías de conspiración para defender la “soberanía nacional”, exige más recursos públicos por medio de nuevos impuestos porque antes “se los robaron” ya que nunca alcanzan , y atenta cada vez más contra el Estado de Derecho, limitando cada vez más derechos y libertades como las nombradas, el cepo, y cuanta otra se les ocurra.
Cuando estas nuevas políticas radicales “de sacrificio popular” para cumplir el propósito populista de “bienestar general” fracasan sobreviene el desempleo, inflación, escasez de bienes, y la destrucción de la economía familiar. El Populismo en nuestro país ha destruido en poco menos de un año lo que quedaba de la base económica de generación de riqueza y demasiado rápido está perdiendo la capacidad de manipulación de su base clientelar.Por eso están perdiendo la perspectiva y manotean para no perder el poder.
Pero esta picada pueden ser mortal porque la República ,el Estado de Derecho y la Economía, están en grave crisis, ya hay protestas y violencia social en crecimiento, y mi miedo es el espíritu autoritario que se esconde detrás del Populismo, que sin dudas ataca al pueblo que decía defender.
El círculo perverso del Populismo, de origen emocional y cultural, lo superaremos cuando las personas desarrollen un profundo sentido crítico y democrático. Cuando se cuestionen las ofertas de las personas que aspiran al poder, cuando se desideologicen las políticas públicas, y se analicen a partir de valores y principios básicos de la democracia, como la libertad, la igualdad ante la Ley, el respeto del Estado de Derecho, la solidaridad y la equidad.
Estoy cansada de los discursos llenos de complicadas versiones de una misma propuesta: populismo.
Propongo comenzar a pensar en crecimiento, trabajo, dignidad, respeto, derechos, obligaciones, profesionalismo, educación, educación, educación. Algo que a éste, el peor de los gobiernos populistas de Argentina, parece evitar con vehemencia, porque un pueblo ignorante es manejable. El miedo, la ignorancia son sus herramientas, pero las viste de subsidios y de vestidos IFE para que no se note.
Basta de Mentiras, se van nuestros hijos, o mueren tratando de llegar a casa, no me callan los barbijos cuando está la libertad en juego. Y soy de las que creo, como Franklin que donde mora la libertad, allí está mi patria.
Diario de Cuarentena: Día del Respeto a la Diversidad Cultural Americana
Increíble estar ya en el 12 de Octubre y aún en cuarentena, para muchos de otras generaciones anteriores, hoy es el Día de la Raza, ahora llamado Día del Respeto a la Diversidad Cultural Americana considerada una fecha en el país para promover la reflexión histórica y el diálogo intercultural acerca de los derechos de los pueblos originarios.
En todos los países hispanoamericanos se recuerda en esa fecha, la llegada al continente americano de la expedición liderada por Cristóbal Colón. El uso del término «raza» fue descartado por razones científicas, políticas y culturales .El concepto tuvo lugar en el siglo XVIII. La discriminación racial residía en asociar determinadas características físicas a determinadas características culturales. Actualmente con el nombre de Día del Respeto a la Diversidad Cultural Americana, se busca promover desde distintos organismos una reflexión permanente acerca de la historia y encaminar hacia el diálogo para una diversidad cultural, como también allí están en pie la promoción de los Derechos Humanos de nuestros pueblos originarios, como lo marca la Constitución Nacional en su articulado sobre la igualdad de las personas, dándole la garantía del respeto a la identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural.
Y acuerdo con todos los tratados y con la misma Constitución en la declaración de igualdad. Nuestra impecable Constitución Nacional es la que hoy hay que salir a defender, en pos de la República y sería muy bueno que todos nuestros hermanos aboguen por el cumplimiento de la Constitución que garantiza, igualdad y derecho a la educación, que vemos afectado entre otros muchos derechos alienados por un gobierno que se especializa en titular y poner nombres que no respeta nunca.
Hoy 12 de Octubre iré a la plaza, que estará llena de gente diversa, no solo respecto a su raza, sino a sus orígenes y a sus tradiciones culturales, pero que, cuidando de la Constitución, que algunos utilizan a conveniencia, buscan concientizar sobre los derechos adquiridos, la justicia, la división de poderes y la libertad. Les regalo nuestro Himno completo:
Oid ¡mortales! el grito sagrado:
¡Libertad, Libertad, Libertad!
Oid el ruido de rotas cadenas:
Ved en trono a la noble Igualdad.
Se levanta la faz de la tierra
Una nueva y gloriosa Nación:
Nada su sien de laureles
Y a sus plantas rendido un León
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Nados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar;
La grandeza se anida en sus pechos,
A su marcha todo hace temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas
Y en sus huesos revive el ardor,
Lo que ve renovando a sus hijos
De la Patria el antiguo esplendor.Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Nados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
Pero sierras y muros se sienten
Retumbar con horrible fragor:
Todo el País se conturba por gritos
De venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
Escupió su pestífera hiel,
Su estandarte sangriento levantan
Provocando a la lid más cruel.
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Nados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
¡No lo véis sobre Méjico y Quito
Arrojarse con saña tenaz,
Y cuál lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y la Paz!
¡No lo véis sobre el triste Caracas
Luto y llantos y muerte esparcir!
¡No lo véis devorando cual fieras
Todo pueblo que logran rendir!
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Nados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
A vosotros se atreve ¡Argentinos!
El orgullo del vil invasor,
Vuestros campos ya pisa contando
Tantas glorias hollar vencedor.
Más los bravos que unidos juraron
Su feliz libertad sostener,
A esos tigres sedientos de sangre
Fuertes pechos sabrán oponer.
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Nados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
El valiente argentino a las armas
Corre ardiendo con brío y valor,
El clarín de la guerra cual trueno
En los campos del Sud resonó,
Buenos Aires se pone a la frente
De los pueblos de la ínclita Unión,
Y con brazos robustos desgarran
Al ibérico altivo León.
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Nados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
Del tirano en la Banda Oriental;
Son letreros eternos que dicen:
Aquí el brazo argentino triunfó
Aquí el fiero opresor de la Patria
Su cerviz orgullosa dobló.
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Nados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
La victoria al guerrero argentino
Con sus alas brillantes cubrió
Y azorado a su vista el tirano,
Con infamia a la fuga se dió;
Sus banderas, sus armas se rinden
Por trofeos a la Libertad,
Y sobre alas de gloria alza el pueblo
Trono digno a su gran majestad.
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Nados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
Desde un polo hasta el otro resuena
De la fama el sonoro clarín,
Y de América el nombre enseñando,
Les repite: ¡Mortales! Oid:
¡Ya su trono dignísimo abrieron
Las provincias unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al Gran Pueblo Argentino Salud!
República y Ciudadanía
Por: Soledad Vignolo (*)

Publicado el 5 octubre, 2020 Por Grupo La Verdad
En esta época de crisis sistémica, con un gobierno puesto en el punto de mira, un sistema electoral quebrado que beneficia el turnismo de las dos grandes hegemonías, un sistema que desmantela progresivamente el Estado de Bienestar y retrocede varios siglos recortando derechos fundamentales conseguidos a base de miles de luchas de nuestros abuelos y nuestros padres, llega el momento de plantear una alternativa ciudadana que mantenga todo aquello que defiende una sanidad y educación pública de calidad, una alternativa que garantice el derecho al trabajo y a un salario digno y genuino, una alternativa que rompa una institución corrupta como es la casta política eternizada en el poder y construya una nueva sociedad sustentada en valores cívicos, en la que se planteen derechos y también deberes. Esa alternativa se llama República
No existe una forma de gobierno ideal, pero es importante que dentro de las posibilidades sistemáticas a nuestra disposición optemos por una que contemple los derechos de los ciudadanos. Para que un país consiga ordenarse y establecer un gobierno que no fluctúe y que preserve la paz y el normal funcionamiento de los diversos organismos del territorio, debe pasar antes por innumerables desajustes y dificultades. En Argentina se necesitaron muchos años para conseguir un régimen democrático de esta índole; padecimos muchos golpes de estado. Hasta que finalmente se estableció esta democracia republicana que debemos defender y que hoy se mantiene, pese a los muchos problemas que tengamos. Llevamos 37 años de sistema democrático, la mayoría de ellos entre gobiernos peronistas y radicales, a veces atravesados por alianzas, pero con los mismos actores políticos una y otra vez.
Es hora de cambiar como ciudadanos. El ciudadano es la persona que, por su condición natural o civil de vecino, establece relaciones sociales de tipo privado y público como titular de derechos y obligaciones personalísimos e inalienables reconocidos, al resto de los ciudadanos, bajo el principio formal de igualdad. Algunos intelectuales sostenían que ser ciudadano tenía una vinculación política, tal vez estén en lo cierto. Pero ser ciudadano es más que el simple hecho de cumplir 18 años y tener mayoría de edad, de haber nacido en este país y poder votar en las elecciones para elegir a nuestros representantes en el gobierno, o poder ejercer plenamente lo que conocemos como derechos y deberes ciudadanos tales como obtener el DNI, contraer matrimonio civil, poder trasladarnos libremente por el territorio nacional, por ejemplo. Ser ciudadano es sentirse parte de una estructura social y política, y, sobre todo, asumir responsabilidades y obligaciones en la construcción de la sociedad.
La ciudadanía es poder, tenemos la facultad de realizar actividades con plena autonomía, tomando decisiones responsables en el contexto social actual. Todos somos titulares de poder por lo tanto podemos influir e intervenir en la toma de decisiones en diversos espacios de nuestra vida. Pero solo ejercemos la ciudadanía si participamos en los diferentes espacios en los que nos desenvolvemos, en la familia, en el colegio, en el trabajo, en el barrio, opinando sobre temas que referentes al entorno en el que vivimos, tomando decisiones en beneficio de la sociedad o que impliquen una mejora de la calidad humana, la pregunta es cuantos de nosotros estamos realmente comprometidos.
Ser ciudadano es un derecho que conlleva un deber: el civismo; es decir las normas y el comportamiento sociales que nos permiten convivir en colectividad, sustentado en valores como el respeto hacia el prójimo, el entorno natural y los objetos públicos; la buena educación, la urbanidad y la amabilidad. La ciudadanía ejerce su poder en una república.
Necesitamos la república porque es el sistema que nos puede ofrecer una vida digna a los millones de trabajadores que están desocupados, a los miles de ciudadanos que son desahuciados por los mismos bancos que han sido rescatados con miles de millones de pesos procedentes de fondos públicos, a los jóvenes que trabajan con sueldos basura o que se ven obligados a emigrar para poder vivir, a los jubilados que sobreviven con pensiones miserables. Porque los derechos sociales de la Constitución se vienen vulnerando en este momento donde dejó de importar la división de poderes. La defensa de la República traerá consigo una verdadera ruptura con el populismo que viene arreciando con nuestro país y con la vida lograda por los argentinos con mucho esfuerzo, esa en la que la movilidad de clases es posible.
El estado debe ser un defensor insobornable del poder civil, y lo logra si tiene espíritu republicano, no con un alocado ideario populista. Cuando contemplamos día a día el deterioro creciente de lo público en beneficio de una casta privilegiada, hay que afirmar con toda claridad que únicamente la vuelta a la República podrá garantizar un futuro con una educación y una sanidad públicas y de calidad. La misma que tuvimos y que hoy es un fracaso estrepitoso, producto de muchos gobiernos.
Miles de republicanos manifiestan sus ideas democráticas denostados por otros ciudadanos que parecen descreer de esos ideales, los únicos posibles para asegurar igualdad a la civilidad. Hoy muchos de nuestros derechos inalienables están vulnerados. La justicia no está dando respuesta. Los poderes del estado son tres, deben respetarse y no avasallarse, un gobierno es sólo el administrador momentáneo de los bienes públicos, el verdadero estado es el conjunto de los ciudadanos que elegimos un sistema republicano de vida. No temamos luchar por la salud de la República, es necesario salvarla.
(*) Escritora. Miembro de AAGeCu
Diario de Cuarentena: Pensar el recuerdo
Hoy es 26 de septiembre 269.º día del año. Quedan 96 días para finalizar el año espantoso que supimos conseguir. Y digo conseguir porque no era necesario agregarle a la pandemia tanto dolor. Hoy también nacía Heidegger, el filósofo alemán que hablaba del ser y el tiempo y que tiene un pensamiento al que en estos tiempos vuelvo una y otra vez: Lo verdadero, ya sea una cosa verdadera o una proposición verdadera, es aquello que concuerda, lo concordante.
Ya llevamos más de 190 días de cuarentena, que no nos ha curado sino enfermado de muchos males, como la soledad, la intransigencia, la desdicha, el irrespeto, el miedo, la condena prejuiciosa y la miseria en todos sus sentidos. En ningunos de estos días hubo concordancia. Nada concuerda. Lo que se dice no es lo que se hace, los números no son los números, las muertes no son las muertes, los anuncios no son verdaderos, los test no testan sino que toman la fiebre. Así, en esta falta de concordancia que arriba en la falta a la verdad, vamos enloqueciendo y viendo como nuestra vida, nuestro porvenir y nuestro país se derrumba. Una cosa es lo que el ojo ve y otra lo que el alma siente.
La verdad no es verdad porque se la enuncia, sino porque concuerda con lo que acontece. No basta con que yo diga hoy somos libres si no podemos transitar, si debemos pedir permiso hasta para hacernos el test que analiza la enfermedad pandémica, si nos eligen los trabajos, si nos niegan la socialización, si está prohibido reunirse. Sería interesante recordar en qué época de nuestra historia ocurría esto. No fue en los breves cuatro años anteriores. Muchos argentinos confiaron en la verdad de este proyecto político, el 49 por ciento. Ahora, esa verdad ¿concuerda? Parece que no es relevante pero la concordancia viene a ser el equilibrio necesario para ser sin tener que cuestionarnos todo cada día.
No sé porque como pueblo votamos siempre supuestas epopeyas pasadas, creamos mitos incomprobables y nos gustan más las frases grandilocuentes que las verdaderas. Pero tal vez, y volviendo al filósofo alemán debamos revisar nuestros recuerdos a la hora de elegir, bien decía el susodicho: Lo más antiguo de lo antiguo llega desde atrás a nuestro pensar y, sin embargo, se nos adelanta. Por eso el pensar se detiene en la aparición de lo que fue, y es recuerdo.
Diario La Verdad
4 de Setiembre: Día del Inmigrante
El territorio que hoy día alberga a la República Argentina se caracteriza por una gran tradición inmigratoria en sus doscientos cuatro años de vida independiente.

Publicado el 4 septiembre, 2020
PorGrupo La Verdad
“Nuestras maletas maltrechas estaban apiladas en la acera nuevamente; teníamos mucho por recorrer. Pero no importa, el camino es la vida”.
Jack Kerouac
Argentina ha sido históricamente un país de inmigración. El territorio que hoy día alberga a la República Argentina se caracteriza por una gran tradición inmigratoria en sus doscientos cuatro años de vida independiente, siendo de relevancia a la hora de la conformación de nuestra población. Podemos distinguir tres etapas: las inmigraciones tempranas, desde el siglo XVIII hasta 1880, las inmigraciones de masas, de 1881 a la primera guerra mundial, y las contemporáneas, desde el fin de la primera guerra mundial en adelante.
La inmigración constituye un complejo fenómeno social por sus causas, consecuencias, orígenes y destinos de los migrantes, así como por los desafíos que plantea tanto a las sociedades de donde éstos proceden como a aquellas donde se asientan. No se caracteriza por generar indiferencia, por el contrario, constituye un terreno de intenso debate económico, político, social e ideológico, considerado por los medios de comunicación y objeto de tratamiento político.
Desde la etapa de la independencia los Estados de América del Sur dictaron disposiciones al respecto con el fin de poblar sus territorios. Argentina dicta su primera ley general en 1876 (Ley de Inmigración y Colonización No 817-Ley Avellaneda). Previamente, la Constitución de 1853 había otorgado protección a los extranjeros y les extendía los mismos derechos civiles que a los nacionales, así como impulsaba la inmigración europea. Para la redacción del texto constitucional se sucedieron acalorados debates, en los cuales Alberdi, Sarmiento y otros polemizaron apasionadamente acerca del papel de los extranjeros en la sociedad argentina.
En este artículo intento analizar la población migrante en Argentina y su evolución. La inmigración constituye un complejo fenómeno con múltiples dimensiones. Su evaluación a partir del análisis histórico-demográfico permite mostrar las singularidades que adquiere en cada momento en cuanto a características básicas tales como su tamaño, composición y distribución. Los migrantes plantean desafíos tanto a las sociedades de donde proceden como a aquéllas donde se asientan.
La República Argentina es históricamente un país de inmigración: desde los desplazamientos de población a causa de la Conquista, movimientos desde la Metrópoli con europeos y la transferencia de esclavos de población africana de la época colonial, hasta los actuales desplazamientos regionales. Con el Estado-nación organizado, hacia fines del siglo XIX, el país se constituye en uno de los principales receptores de la inmigración de ultramar.
Este comportamiento se da junto con una serie de dinámicas migratorias muy diversas de acuerdo con el país de origen de los migrantes. Del Centenario al Bicentenario su composición cambia radicalmente, en la cual el peso de los limítrofes sobre el total de extranjeros crece ininterrumpidamente, constituyendo en la actualidad más de la mitad del total. Además, dentro de ese grupo, se aprecian variaciones: los paraguayos y bolivianos toman la delantera por los uruguayos y brasileros de hace 100 años.
En cuanto a su distribución, la Ciudad de Buenos Aires, región pampeana y las zonas de frontera continúan siendo los principales asentamientos que concentran a los inmigrantes.
Entre un Centenario y el otro, lo más destacable es el cambio en la composición de la inmigración -de europea a limítrofe-, la cantidad -de un tercio de la población extranjera en 1914 a menos de cinco por ciento en la actualidad-, y el índice de masculinidad -de 166.7 a 85.4-. Si bien el Centenario encuentra un ambiente pro-europeo, una Argentina volcada hacia Europa, el Bicentenario se presenta con una vuelta a valorizar la región a partir del proceso de integración. El MERCOSUR exige estrechar los lazos con los ciudadanos de los países del cono sur, e integrar los países en un mercado común. Los flujos actuales parecen acompañar este proceso. Independientemente del origen, la inmigración ha jugado y juega un rol importante en la conformación de la población argentina, y debe ser valorada y acogida tal como reza el generoso contenido del «Preámbulo» de la Constitución Nacional de asegurar el bienestar y libertad a «todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino».
El conocimiento de sus características a lo largo del tiempo y su comparación pone en perspectiva un tema actual que sin embargo lleva siendo tratado en el país por más de 200 años. Nuestros inmigrantes, de cualquier corriente migratoria, son parte de nuestra identidad nacional, conforman la estructura de la nación y han dejado sus esfuerzos y sus vidas en nuestra república en pos de construir un estado de bienestar para sus familias, que termina beneficiando a todos. Hoy 4 de Setiembre les rendimos homenaje: ¡Feliz día, Inmigrantes!
Soledad Vignolo
Miembro de AAGECU
Secretaria Asociación de Colectividades de Junín.
La vida no es más que un tejido de hábitos

Publicado
el 28 agosto, 2020
PorGrupo La Verdad
La vida no es más que un tejido de hábitos.
Henri-Frédéric Amiel
Con asiduidad oímos hablar del «Tejido social», es una noción utilizada por todos los que se relacionan con el universo de lo político social, y parece de obvia definición, tanto que muy pocos se ocupan de precisar que significa.
Este vocablo, además, tiene a veces la tarea de explicar situaciones de pobreza, violencia o inseguridad que afectan a nuestro país, y es entonces que se puede oír: «el problema es la ruptura del tejido social». Tal metáfora merece repensarse. De qué hablamos cuando nos referimos al tejido social: ¿de un tejido, una tela, de nuestra propia piel? Sin embargo, el hecho de ser social la aleja de la simpleza para transformarse en trama, una que nos estructura como sociedad.
Este tejido social está compuesto por células latientes que nos conforman socialmente: la comunidad, las instituciones educativas, políticas, culturales, religiosas y fundamentalmente, la familia. «La noción de tejido social hace referencia a la configuración de vínculos sociales e institucionales que favorecen la cohesión y la reproducción de la vida social», dicen los investigadores del tema. Agrego aquí que, en este contexto que acontece la humanidad hoy, 2020, hay una crisis grave en tres indicadores que nos ayudan a ser una malla social: los vínculos sociales, la identidad y los acuerdos.
Los vínculos son más cercanos a nosotros, hablan de la relación entre las personas en las comunidades y las familias, hoy están limitados por cuestiones sanitarias aunque sean discutibles, y no es algo menor porque estos nudos familiares y afectivos son los que nos proporcionan cuidado y confianza, y nos dan el parámetro para que como sociedad logremos construir una ética del cuidado. La identidad, imprescindible y sostén de las sociedades, tiene que ver con los referentes de sentido, con aquellos aspectos simbólicos que nos dan sentido, como los ritos, las fiestas, la cultura cívica y las historias comunes. Esto también lleva más de 160 días de interrupción en nuestro país.
Y no deberíamos subestimarlos. Como sociedad nos construimos en nuestros usos y costumbres, en los derechos culturales, en la libertad religiosa, en los encuentros que afianzan la trama que nos identifica como parte de un todo. Los acuerdos, como cierre de esta trilogía que nos teje, tienen que ver con la participación en las decisiones colectivas, con las estructuras creadas para que la comunidad participe. Y aquí es donde estamos con las carencias al tope. No hay consenso. Se perdió en una vorágine descuidada de medidas de emergencia que no alcanzaron para salvarnos de nada y que, por el contrario, nos quitaron identidad. Las transformaciones sociales que venimos padeciendo, tales como encierro, imposibilidad de trabajar, con lo que eso conlleva, incertidumbre, miseria, algunas se han dado en los últimos meses y otras que venían desde los últimos 30 años, cuanto menos, otorgan una explicación verosímil a la crisis que estamos viviendo.
La primera de ellas puede resultar paradójica, porque tiene que ver con uno de los mejores logros de nuestra historia reciente, que fue la ruptura con regímenes dictatoriales que pisaban nuestros deseos y aspiraciones de estratificarnos como una sociedad democrática. El fin de un sistema de cacicazgos con botas fue maravilloso para la sociedad, pero no fue reemplazado por un sistema superador. La democracia argentina cae una y otra vez en sus vicios, el control clientelar o formas corruptas de control y presión sobre el trabajo y la producción genuina termina teniendo efectos que se suman a la crisis pandémica de hoy. Nos quedamos sin prácticas que generen pertenencia, las instituciones modernas no sustituyeron las del pasado con gestiones transparentes que dieran cohesión y sentido.
Y hoy, estamos otra vez llenos de controles que no obedecen siempre a la lógica de una sociedad que tiene valores, que aún aspira y pretende certezas para poder ligar sus células disgregadas y cargadas de negatividad. La otra paradoja es que, la modernidad y la globalización ha posibilitado el mayor acceso de la población a bienes y servicios, mejores condiciones materiales, mayor acceso a bienes industriales, pero esto no trajo por sí mismo un mejoramiento de los vínculos comunitarios y en general del tejido social, hasta ahora. Así es que vemos como, hoy, todo ese sentido social pasa por lo global, por la conexión a distancia, por cuestiones que parecían snob o de consumo y nos están ayudando a no desfallecer. Por supuesto que no reemplazan los abrazos y las multitudes sociales aunadas en una voz. Siempre consideramos al consumo como generador de conflicto, competencia, o causante de una disminución de la convivencia en el hogar ya que sus miembros se sumergen en redes tecnológicas, sin tener la protección de la verdadera red que es la solidaria.
Hoy nos abalanzamos a la tecnología para sobrevivir.
Pretendo marcar, para repensarnos, algunos puntos de contacto entre lo deseado y lo real. A nivel de identidad comunitaria, hay una carencia de relatos comunes, de espacios de encuentro, de la pérdida de la celebración y la fiesta comunitaria. Si esto lo notamos en una ciudad como la nuestra, y ya nos resulta un problema, en las grandes ciudades urbanas con crecimiento acelerado del virus que nos aqueja, más aumento de desocupación y pobreza, es mucho más grave: las colonias en las márgenes urbanas siempre se forman por desplazados de todas partes, y crecen como hitos aislados que tienen dificultad en construir su tejido. Los vecinos son personas que no comparten su historia, ni sus luchas; vecinos que pueden encontrarse fuera de ese ámbito sin reconocerse.
No es mi intención tener una definición sobre lo que nos aqueja socialmente, sobre la reconstrucción del tejido social, pero si tratar de ahondar a tiempo en la tarea de rescate de nuestra trama. Ahora que se habla tanto del tema, producto de la pandemia, podemos aprovechar los indicadores para revisar lo que estamos haciendo, al menos en Junín, respecto a diferentes parámetros que nos hablan de la necesidad urgente de reconstruir la identidad. Para ello, y a pesar del virus, o por él, debemos favorecer la construcción de nuevos relatos, de nuevas identidades, que pueden nacer de luchas comunes: por los parques, por el transporte, la seguridad, la lucha por espacios de trabajo, la recuperación y cuidado de espacios naturales, la re-vinculación con la tierra, el libre tránsito, la soberanía ciudadana.
No significa ignorar la pandemia, al contrario, hay que incorporarla a nuestras vidas para cuidarnos, con los procedimientos necesarios, pero no podemos perder nuestros referentes identitarios comunes, que no tienen por qué ser de culto o de fiesta, podemos buscar otras formas, ante la situación sanitaria, de festejar la vida: a través del arte, del deporte, y de las idiosincrasias propias de nuestra cultura.
Si hablamos de los vínculos, tenemos que prestar una atención especial a la movilidad. Algo rescato de esta cuarentena obligada y excesiva: las familias no deberían perder tantas horas por asistir a la escuela o el trabajo, y eso requiere reformas de gran escala en la planeación social, en lo referente a urbanismo y a educación. Pensemos, transformemos nuestro futuro.
Mientras tanto, veamos como cambiar los problemas estructurales en las ciudades y concentremos nuestros esfuerzos en los niños y jóvenes que perdieron en pocos meses la espontaneidad del contacto y la relación entre sus pares. Las nuevas tecnologías son un riesgo, y debemos estar atentos, pero también una oportunidad para tejer nuevos vínculos vecinales para el futuro: en torno a la seguridad, a grupos de autoayuda, a la recuperación de espacios naturales, a proyectos interprovinciales o internacionales en red.
Por último y tal vez lo más acuciante y difícil, hablemos de acuerdos. Sin dudas, nuestro sistema representativo, constituido por partidos políticos anquilosados ha contribuido a la ruptura del tejido social, pero no podemos prescindir de los partidos políticos ni de las formas de elección democráticas. Lo que podemos hacer, partiendo de auto diagnósticos comunitarios, con trabajos de campo, como ciudadanos, es crear agendas políticas necesarias. No vamos a reconstruir el tejido social repartiendo frazadas, alimentos o leche y mucho menos distribuyendo recursos en épocas electorales. Hay que apostar a la organización comunitaria y asistir, de ser necesario, las necesidades sentidas y priorizadas por la misma comunidad. Y aquí el fomentismo tiene un rol trascendental.
El de insistir y obligar al Estado y a los partidos a respetar las formas de representación comunitaria, sin utilizarlas con fines electorales para proyectar sistemas de planeamiento basados en la realidad social.
La pandemia nos puso cara a cara con nuestras miserias. La cuarentena descosió totalmente el tejido social. No sirve remendarlo. Hay que tejer nuevas formas de relación, y lo debemos hacer hoy mismo, a partir de los nuevos modelos que la sociedad va adoptando en una vida en constante cambio. De nosotros depende aprovechar como comunidad la crisis. No dejemos en mano de nadie el futuro de nuestros hijos. Construyamos de a poco, un crochet cerrado que nos contenga en los nuevos desafíos.