Diario de Cuarentena: Ejercicios Espirituales

Hoy es el día del Patrono de nuestra ciudad y fundador de la Compañía de Jesús: San Ignacio de Loyola, por muchos considerado una de las mentes brillantes del siglo XVI. Este hombre, militar, y extremadamente creyente, creó los famosos Ejercicios Espirituales, tras vivir como eremita en Manresa, en unas cuevas que hoy son visita turística. Tal vez con la rigidez propia de la época, lo que escribió San Ignacio de Loyola, apela a la virtud, a la humildad, a la grandeza del alma.

Nuestra ciudad, Junín, está hoy atravesada por la cuarentena, que parece extenderán otros 15 días ad eternum, porque nadie ve una luz en el camino. Y digo padece la cuarentena, porque gracias a Dios, y posiblemente a San Ignacio, los casos han sido mínimos. Los males, máximos. Muchos comercios parados por más de cuatro meses. Muchos cerrarán, otros despedirán, otros ya no pueden más. A veces la humildad de la que el santo habla tiene que ver con reconocer el error humano.

Me gustaría que nuestro presidente, en vez de seguir creando elites arbitrarias, como ahora la de los nuevos sabios judiciales, recordara que los ciudadanos estamos representados por los congresistas y esos deben ser sus asesores. Me gustaría que sea capaz de decir me equivoqué, que se ponga de nuestro lado y sea pueblo. Que reconozca que su gabinete es incompetente. Debería leer los Ejercicios de San Ignacio para dejar de lado la soberbia y volverse un estadista. Mientras otros países vuelven a la normalidad, nosotros empeoramos, la realidad manda. Actuaron mal, y además miserablemente. Usando la pandemia para avasallar derechos, y dar impunidad y excarcelación a los corruptos.

Hoy, en el día del Patrono de mi ciudad, San Ignacio de Loyola, me gustaría decirle a nuestro presidente una frase del Santo: ¿De qué te sirve ganar el mundo, si al final pierdes tu alma?

Diario de Cuarentena: Los unos y los otros

«Solo hay dos o tres historias en la historia de los seres humanos y se repiten tan cruelmente como si nunca hubieran sucedido.»
Willa Cather

Un diario es un diario, es decir cuenta una vida. Hoy me desperté riendo por un sueño alocado que no recuerdo y llamando a Marcelo como todas las mañanas. Saber que está cerca me hace sentir que despierto en casa. Porque mi casa es él, aunque me enoje, lo enoje y a veces nos digamos cosas que ambos sabemos que son falsas; somos nuestro hogar. Mi mano en su mano adquiere sentido, su mirada en la mía se embellece. El amor adulto tiene esas magias. Claro que después viene la realidad, y golpea. Nos enroscamos en las miserias del gobierno, en la tristeza de la pandemia, en la ineficacia de la cuarentena. Pero igual cocino algo para la familia, y me preocupa el exámen de Nico, que estudia solo en la quinta porque se ahoga en casa, y extraño a mi hija que trabaja e intenta crear su propia vida, gracias a dios pude darle las herramientas en educación y crianza para que no me extrañe y sea libre. Y Papá me llama con disimulo para ver que cociné, así se cruza. Mi mundo es pequeño, pero no difiere del de otros. Porque los unos y los otros vivimos una y otra vez las mismas vidas. Aburridas y Maravillosas.

Tengo parcial del posgrado y me estreso como si mamá viviera y me exigiera nota, me río cuando la pienso, porque ya comprendí que el amor no se va, y extraño mucho a mis amigas que son las que deseo tener a esta altura de la vida.

Les uns et les Autres (en español Los unos y los otros) es una película francesa del año 1981, dirigida por Claude Lelouch. Se trata de un musical épico, generalmente considerada como la obra maestra de Lelouch, junto con Un hombre y una mujer. Ha ganado el Gran Premio a la Técnica en el Festival de Cannes de 1981. Cuatro familias, cada una de ellas procedentes de un país distinto -Rusia, Alemania, Estados Unidos y Francia-, viven una relación intensa con la música que se ve perturbada por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. El conflicto bélico interrumpe sus carreras de músicos y bailarines y cambia sus vidas. A lo largo de los años y las generaciones, estas familias intentan superar los contratiempos mientras mantienen sus vínculos con la música. Las historias de los personajes, de distinta procedencia, se entrelazan hasta llegar varios de ellos a asistir a un mismo concierto benéfico, en el que coinciden un pianista con pasado nazi y un judío francés superviviente del Holocausto. Los unos y los otros, trata de un crisol de gentes, como nosotros.

Hoy atravesamos una pandemia, que es otro tipo de agresión, y por suerte sobrevivimos casi todos a esta nueva epidemia humana. El casi duele, pero el todos debe pesarnos más. Para comprender que en la unión podemos reconstruirnos, viviendo la vida, creyendo en el amor, la resistencia, el esfuerzo, el trabajo, los valores, porque en última instancia, los unos y los otros, somos iguales.

Diario de cuarentena: Parte de un todo

Un miércoles más en un mundo pandémico. Pero, por qué somos como somos en este contexto es mi cuestión del día. Me pregunto de qué manera nos está afectando el encierro y la incertidumbre como individuos y como especie, por qué extrañamos tanto ir a la cancha o a bailar, o cosas simples como un café con un amigo ocasional. La científica chilena Isabel Behncke dice que : «El daño ocasionado por el confinamiento será mucho mayor que cualquier daño del covid-19 que se haya evitado«

Es innegable que muy pocas veces en la historia de la humanidad, el mundo adquiere la sinergia que la preocupación por éste virus logró, una cuestión política de acción colectiva que no suele suceder. a excepción de las guerras mundiales, aunque entonces existían dos bandos y ahora hay uno solo. El coronavirus, si bien está lleno de paradojas, revela el orden oculto de las cosas. Porque nos muestra que todo está unido, que desde China a Argentina no hay tanta distancia si de virus se trata y que la globalización muestra las interdependencias humanas, pero también las hay ecológicas. Nuestra salud depende de la salud del ecosistema, de la salud de nuestro grupo social, y de la de otros que están en latitudes impensadas. Muchas de estas interdependencias y relaciones estaban fuera de nuestra mirada. ¿Qué me importa lo que ocurre en un «mercado mojado» en China si yo vivo en Buenos Aires? Hay que comenzar a comprender que nuestra especie es una y que nuestro planeta es éste. Y es hora de humildad. Un minúsculo virus nos tiene prendados. Sometidos a sus deseos y encima respondemos con soberbia y sociedades fragmentadas. Hay países que no le sumaron al virus el confinamiento, y a pesar de la caída económica mundial, tienen capacidades que en el nuestro no abundan. Y si está presente un confinamiento excesivo. Es lo que estamos viendo ahora. Somos animales sociales inteligentes en cautiverio. Y vamos explicitando que somos mamíferos y primates estructurados para construirnos en movimiento y al aire libre, por lo que el encierro sin actividad ni sol nos enloquece. Pero no somos primates comunes, sino sociales, por lo que aislarnos trae graves efectos en nuestra salud física y mental. Y así estamos, mirando autómatas las redes, sin siquiera interactuar, repitiendo movimientos, somos seres cautivos. Nuestro sufrimiento es verdadero, profundo, somos animales sociales privados de estímulos y de movimiento.

Vos o yo, vivimos con tres o cuatro personas, pero nos relacionamos con unas 100 o 200 personas que forman nuestro núcleo de relación, aquellos a los que invitamos a nuestro matrimonio o que irán a nuestro funeral. Pero vamos interactuando con todos en nuestra vida, al levantarnos, con la familia, luego con el grupo laboral, tal vez almorzás con alguien por negocios y a la noche te ves con amigos. Es decir tenemos una comunidad grande, que vamos fisionando y separamos en grupos pequeños que luego se vuelven a juntar. Esta normalidad es la que nos quita la cuarentena, y la que nos enferma. La gente que está sola está sufriendo por el aislamiento, porque no están teniendo contacto físico ni interacción social. Y las personas que están encerradas con su grupo familiar o con otras personas también están sufriendo porque hay mayor conflicto en las relaciones. Encerrados aumenta nuestro estrés, no podemos evitar conflictos, no podemos simplemente irnos. Necesitamos separarnos, para extrañarnos, necesitamos festejar, jugar. Como humanos, junto con otros pocos animales, somos inusuales porque jugamos de por vida. El juego es muy importante para la salud física y mental, para la resiliencia y para la creatividad. En la pandemia jugamos en forma solitaria, pero cuando se extiende como la nuestra, y ya ordenamos todo, y jugamos a todo, y repetimos todo, podemos caer en conductas peligrosas, depresivas, o agresivas. Mi pregunta es ¿cuantas veces reiste la ultima semana? Tenemos que hacer lo que sea necesario para mantener el juego en la vida, sobre todo en tiempos donde es difícil hacerlo porque hay miedo e incertidumbre. Como ahora.

No podemos practicar nuestros rituales sociales como ir a recitales, a misa, a bailar o a bares. Y esos ritos colectivos nos sincronizan como sociedad. Nos une. Nos sentimos parte de algo que nos excede pero es nuestro, como cuando vamos al fútbol. Y ahora lo perdimos todo. En pocos meses, estamos atravesando un experimento social inédito. Estamos viviendo un trauma colectivo. Por eso creo que vamos a necesitar volver a restaurantes y pubs, al estadio, a recitales y a bailar en fiestas, lo antes posible.

Nos falta el tacto, tocar al otro, un abrazo que consuele, la piel es parte de lo cognitivo. Al no tocarnos, somos cerebros que flotan y piensan en un espacio donde el contacto físico no cuenta, y no alcanza el ver tras una pantalla. Hay que palpar, sentir. Nos hacemos falta.

La pandemia: nos recordó que somos parte y no aparte de la naturaleza, y que ser un animal de la misma especie es una fuerza muy democrática, porque el virus nos ataca a todos. La diferencia está siempre en las herramientas con que contábamos antes del virus. Y entonces aparecen las miserias, los violentos con estrés son más violentos, los solidarios más solidarios, los amorales lo mismo. Mostramos la hilacha como sociedad, y en una de las vueltas de la vida, el virus, que nos considera su casa, comienza a ser parte de nuestra vida, pero dejó tras él, y por malas decisiones, un larga secuela física, moral, económica y social. Por eso hoy miércoles 29 de Julio de 2020 voy a comenzar una nueva cruzada, La mía es porque no avasallen la justicia en Argentina, que no usen al virus para volverse impunes, Te invito a que me escribas y me cuentes la tuya, así cuando esto termine, la sinergia tal vez deje una sociedad más comprometida.

Diario de Cuarentena: Positivo

El mundo parece mentira. No es posible seguir el día a día sin relacionar lo que ocurre con cuotas de odio. Pero en Argentina, el odio es el pan de cada día. Odio al que tiene, odio al que no, odio al que se defiende, odio al que ataca, odio al rico, odio al pobre. Una constante segregación que nos va debilitando y transformando en seres mínimos, aterrados por un análisis que paradoja al fin, es mala noticia si da positivo.

Baruch Spinoza, definió el odio como un tipo de dolor que se debe a una causa externa. Aristóteles ve el odio como un deseo de la aniquilación de un objeto que es incurable por el tiempo. Por último, David Hume cree que el odio es un sentimiento irreductible que no es definible en absoluto.

Siguiendo a Hume, este odio social que parece atravesarnos, se transforma en su irreductible indefinición en una constante social. Pero si estamos ante un enemigo sistémico que no sabe de ideologías ni de partidismos, seguir sosteniendo el odio para ser la pantalla para ocultar el miedo. Miedo a un resultado positivo. Personalmente creo que el temor pasa por la falta de identidad. En un país que se empeña en falsificar su historia y transformarla en discurso, en castigar la honestidad y premiar la corrupción, parece hasta lógico el miedo a la verdad. Tal vez por eso no hacemos test. No queremos saber lo que pasa, lo que realmente ocurre. Porque el odio y el miedo son la comida necesaria para atropellar las instituciones y crear resentimiento y venganza. A nuestro gobierno le gusta disciplinar, así lo escribió la vice en su libro , textualmente habló de disciplinar al campo con retenciones, como si la Constitución no existiera, y las retenciones fueran legales. Y así lo hizo, tal vez porque el odio venga de la necesidad de castigar al que tiene sin haberse corrompido, o tal vez solo para la tribuna, Como todo lo que vivimos desde hace unos 130 días, en una crónica anunciada de un posible positivo.

Diario de Cuarentena: Giros

La vida corre en círculos, nos propone tantas vueltas que a veces nos mareamos. Hoy amanecí así, mareada, revolcada en mi propia historia. Porque los giros no siempre son externos, a veces los creamos como un surco en el interior del alma.

Páez dice: Giros. Existe cielo y un estado de coma, cambia el entorno de persona en persona. Giros.Dar media vuelta y ver que pasa allá afuera, no todo el mundo tiene primavera. Flaco ¿Donde estás? Estoy imaginándome otro lugar, estoy juntando información, estoy queriendo ser otro (otro tipo, loco)
Mi necesidad se va modificando con las demás, así mi luna llega a vos, así yo llego a tu luna. Giros.
Todo da vueltas como una gran pelota, todo da vueltas casi ni se nota. Giros. Fotografía de distintos lugares,
fotográficamente tan distantes. Suena un bandoneón, parece el de otro tipo pero soy yo, que sigo caminando igual… Silbando un tango oxidado.

Y sí, existe un estado de coma, y estamos en él, infectados por la falta de empatía y la grandilocuencia de los mediocres, que ponen al pueblo en su boca corrupta para escupirlo más pobre aún. Hay que dar media vuelta y ver que pasa ahí afuera, al lado nuestro, antes de hablar del otro empecemos por nosotros. Por nuestras propias miserias, inocultables en esta pandemia que vino para destapar corazones oscuros. SIn miedo a imaginarnos otro lugar, donde la necesidad de uno se modifique con la del otro. Girando juntos como una gran pelota, que nos unifique en pos de una sociedad más justa, que no se genere en torno a feudos que predican un pseudo socialismo provinciano, sin más versos que los de las canciones y con la fotografía clara de la realidad de cada lugar, sin intendentes que banquen ventas de droga en ambulancia, sin dirigentes que tilden a mafiosos de ejemplares y sin millonarios que hablen de productores oligarcas, desconociendo el trabajo y la dignidad.

Suena un bandoneón, y sí, sigo caminando igual, erguida en la memoria de los justos y buscando la paz en este cambalache.

Diario de Cuarentena: Los pájaros de la tristeza.

Cada día un diario. Cada domingo un libro recomendado. Éste domingo uno de los autores más interesantes de nuestro país: Luis Mey. Un escritor consciente de los ambientes, del entorno como personaje, que en Los pájaros de la tristeza nos enfrenta con la realidad de dos hermanos con capacidades diferentes que viven en una soledad precaria, sórdida y deciden salir a buscar otra. Y lo hacen con toda la bronca y la potencia de la inequidad en sus manos. Manuel, uno de esos niños arremete la injusticia con su gomera, sin tapujos y sin eufemismos. Es lo que es, y eso lo justifica.

Manuel, de nueve años, padece una discapacidad mental; y Jaime, de once, una limitación física. Los dos conviven con su madre, sostén de ésta familia sin padre, una madre que los deja solos. Toda la historia de estos niños, tiene a ese padre ausente y a esa madre desgarrada y abandónica atrás. Los actos de los menores resultan búsquedas intransigentes y fatales.

La novela, editada por Seix Barral, no presenta la discapacidad como invalidez, por lo contrario los vuelve violentos,neuróticos, en un mundo lleno de perversiones, que no se limita al abuso o las drogas, sino que nos invita a ver otras, no tan claras, pero aún más infames. Los protagonistas responden con caos y muerte, alienados, sin posibilidad de planificar, en una lucha desigual contra la naturaleza humana y lo que les tocó.

Manuel utiliza su increíble manejo de la gomera para destruir a todo el que , en vez de convencerlos de salir de ese destierro que la inequidad produce, los re victimiza, hundiendo a los hermanos en lo aciago. Entonces, como un héroe y su arma letal, la gomera emerge sin piedad.

Mey dice de estos personajes: «Son como soldaditos que están peleando por la palabra, para ver quién tiene voz, porque los dejaron ahí creyendo que tenían que ser una cosa y ahora se encuentran en una circunstancia donde tienen que dar una batalla hacia el afuera, romper etapas, entender que tienen que combatir la tristeza en la que viven.»

Con ésta descripción no hace falta más. Sí voy a establecer, como cada domingo, un parangón con la realidad cotidiana, con esta falta de voz que nos aliena y que trasciende el momento pandémico. Somos como Jaime y Manuel, sin justicia y sin verdad, peleando con un afuera que nos obliga a comprender para poder sacudirnos la tristeza.

Diario de Cuarentena: La sonrisa de una lágrima

Me acosté feliz de ver amigas tras cuatro meses de cuarentena, socializar un poco me había recordado que soy mujer, que puedo arreglarme y festejar el nacimiento de Maru, con quien comparto vida desde ese instante inicial, verla soltar sus rulos y ser feliz, me llenó de energía. Pero la vida…

Me desperté con la noticia de una muerte joven e injusta, como casi todas las muertes jóvenes. Gustavo Tilot, alguien con quien compartí por años cuestiones laborales, pero a quien aprendí a apreciar en pequeñas charlas entre tandas, o esperas de ferias de libro, o notas en lo de Niní, o actos oficiales, que pertenecía a una familia que vino con mi abuelo desde Europa y que como él, traían unión y arraigo a esta tierra de inmigrantes y trabajadores. Su voz única, su carisma, su clase, pero sobre todo, los valores que tenía, y que mejoraba esta realidad lo hacían particular. Recuerdo el año pasado, el orgullo con el que fue a izar la bandera, el honor que sentía, que pena. Qué gran pena. Se fue un bueno. Uno de los pocos. Y sonreí entre lágrimas.

Así es la vida. Una y una, pero cuando la vivimos limitada, nos duele más. Porque hace cuatro meses que nos perdemos amigos, tiempos que no vuelven, hijos que se extrañan, nietos que nacen y no se conocen, momentos irremplazables. ¿En pos de qué?

Un abrazo al cielo, comparto con ustedes uno de los poemas de la gran Pizarnik

Tu voz

Emboscado en mi escritura
cantas en mi poema.
Rehén de tu dulce voz
petrificada en mi memoria.
Pájaro asido a su fuga.
Aire tatuado por un ausente.
Reloj que late conmigo
para que nunca despierte.

Diario de Cuarentena: Hechos

Dónde comenzar. Cuando me planteé registrar mis sentimientos sin tapujos en un diario de cuarentena, algo que la humanidad vive pocas veces en un siglo y que seguramente viva una vez en forma personal, jamás creí llegar a más de 125 días, y mucho menos estar en la situación sanitaria en que nos hallamos hoy. Como tengo la fortuna de no ser anti nada, y mucho menos enamorarme de personalismos, puedo notar que las mismas cosas podemos verlas diferente.

Mi mirada sobre la cuarentena, que no es lo mismo que la pandemia, es crítica, porque mi convicción liberal me lleva a cuestionar todo lo que cercena libertades y derechos individuales. SIn embargo, para muchas personas esos derechos y libertades sólo le pertenecen a algunos. Es más, a los que a ellos se les ocurra. Y en nombre de la arbitrariedad son capaces de todo. De soportar todo, de aceptar todo, de perder todo y aún así defender un espacio al que creen pertenecer.

Si de miradas se trata, le presto especial atención a las de aquellos que difieren conmigo. Mehmet Murat ildan decía «Si estás observando cualquier cosa desde un punto, desde un ángulo, jamás puedes alcanzar la sabiduría, porque la sabiduría es ver todas las cosas desde todos los puntos y desde todos los ángulos posibles». En esta cuarentena me tomé el trabajo y el tiempo de intentar ver como otros lo ven, para comprender qué miran.

Los hechos que voy a describir son hechos.

Hay una pandemia, se enteraron, la desconocieron, dejaron abierto y sin control real el aeropuerto, entró el virus, no hicieron los test suficientes ni el seguimiento necesario, circuló el virus, encerraron a la población, quitándole el derecho a circular, a trabajar, a comer dignamente, a crecer y a cuidarse con sus propios criterios. Se bloqueó y aniquiló la economía, se resintió el resto de la salud pública, se emitió a lo loco y se sigue en default. Mientras, los presos salieron, los corruptos también, desaparecen jóvenes, hay abuso policial, nos asaltan y aumenta el delito y la circulación de droga, se paró la obra pública, cierran empresas, hay seis dólares diferentes, cepo cambiario y se alienta la especulación, aquellos a los que dicen querer destruir, son los beneficiados, los que producimos o trabajamos, en sector privado o público, estamos en el horno; creen que hacen todo genial y critican a los vecinos, pero hoy, 24 de Julio, más de cuatro meses después, hay 150000 casos y superamos los 100 muertos diarios, con el índice de aumento de casos más alto de la región, casi todos en AMBA, la mayoría del lado de provincia.

Mi mirada es de fracaso total, despilfarro y alerta por atentar contra la propiedad y la libertad. La otra mirada está sentada en bases supuestas, si no hacían esto morían más, o se contagian más. La vida vale más que la economía, los anti cuarentena son la muerte, etc. Todo está justificado, hasta cuestiones que supuestamente son tan sensibles para sus miradas como la desaparición de personas o la multiplicación de pobres. No la comprendo. No me siento cómoda mirando así.

Para Friedrich Nietzsche, los que luchan contra monstruos deben velar para que en el proceso no se conviertan en uno. Y sugiere «Si miras el tiempo suficiente en un abismo, el abismo mirará dentro de ti». Tal vez ahí esté la explicación a tanta ceguera social. Siempre intentaré pararme en diferentes ángulos antes de tener una mirada definida, pero jamás disfrazaré los hechos.

Diario de Cuarentena: Vida Sencilla

Estamos en una semana gris, de muchos grises, algunos negros y algunas profundidades ajenas al color. Siete inquietos días donde los que deben hablar callan, y los que hablan quiebran en tonos desagradables. Un par de meses atrás todavía creíamos. Ya no. No hay en quién creer ni en qué. Cuando los de siempre siguen construyendo inequidades y la sociedad toda se debate entre la razón y la locura, yo propongo retomar lo simple. La vida sencilla. La que tiene reglas claras. Un semejante soy yo con otra piel. No nos matemos, no nos robemos, no destruyamos la poca trama social que nos queda. La vida puede ser mejor, más limpia, sin tantos dobleces que nos hieran. No podemos llegar al poder hasta las próximas elecciones, pero podemos ser buenos ciudadanos, buenos vecinos. Comprender al otro en vez de juzgarlo. Escuchar al que disiente y no denostar, buscar el punto de coincidencia para construir desde allí. Comprender que la diversidad es la riqueza, y que si nos mantenemos en la ignorancia del otro, nos volvemos ignorante. Estos últimos meses, les cuento, he padecido muchas agresiones, solamente por disentir. Por no apoyar un proyecto que para mí, y a los hechos me remito, nos lleva al derrumbe. Pero no agrego a quienes lo profesan, solo digo lo que pienso. Eso hace que sea mucho más indeseable en mis ámbitos que hace seis meses o siete atrás. Pero no importa. No siempre las personas comprenden las diferencias, o las respetan. SIn embargo, sigo en pos de un mundo donde el otro, distinto, variopinto, estimado, sea tan importante como yo. Una vida en la que no irriten los hechos ciertos, y en la que no construyamos post verdades para pertenecer. Octavio Paz escribió como nadie de que se trata «La Vida Sencilla»

Llamar al pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes, papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento?
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.

Diario de Cuarentena: No te arrodilles

Un día más de este año de cuarentena. Un día nuevo de desilusiones antiguas. Otra vez siento que sigo luchando por lo mismo que lo hacía a los 18, cuando en el 83 creía que íbamos a cambiar el destino de la patria. Sin embargo, la inequidad pasó de mano en mano para acentuarse. Y seguimos sin comprender que la solución no es populista. Santiago Kovadloff define muy bien nuestra situación: «La reducción al Estado prebendario de la iniciativa privada, de las instituciones de la República no tiene otra finalidad que instaurar modalidades autoritarias de poder: la palabra única, el silencio general, el «yo» que se dice vocero del «nosotros». El populismo no es peligroso porque ayuda a los pobres, sino porque los explota; el populismo no es peligroso porque es de derecha o de izquierda, sino porque es autoritario en cualquiera de sus formas y aspira a reducir la ley al poder del mandatario». Y en eso estamos.

Nunca comprendí el sostén y defensa del populismo que la mayoría de los intelectuales argentinos y de las personas de la cultura hacen. Tenemos un país con pasado, lleno de ricas historias de construcción y de trabajo, que demuestran que la única limitación es la falta de educación. No rifemos nuestro porvenir. El pueblo debe educarse si quiere tener libertad y porvenir, de lo contrario está condenado a dar vuelta en círculos, a la chatura humillante y dependiente del estado y a la constante frustración. Ayer escuchaba a periodistas sosteniendo barbaridades, a políticos defendiendo posturas absolutistas con improperios, a ciudadanos sin palabras para definir lo que viven. El disenso parece ser mala palabra, no obstante eso, somos responsables. Vos y yo y todos los ciudadanos que ponemos con nuestro voto a gente inescrupulosa en el poder, no importa el partido, hay personas valiosas de todos los colores. Elijamos bien, elijamos sin miedo, sin odios. Nos va a salvar la educación, que es la solución a todos los problemas. Si sos humilde, educate, si sos de izquierda, educate, si sos de clase media, educate, si sos de centro, educate, si sos peronista, educate, si sos liberal, educate, si sos radical o de cambiemos, educate, si sos socialista, educate, si sos rico, educate. La educación nos puede salvar de la violencia, de la falta de empatía del odio abusivo que los corruptos quieren generar en el pueblo. Educate siempre y por favor, no te arrodilles.