Curabichera

Si los chinos comen perro, nosotros comemos perro. Después me mostró qué partes servían y qué partes podíamos tirar a los juncos, porque con los juncos, me dijo, también hay que tener buena voluntad.

 Curabichera es la nueva novela de mi querido y admirado Luis Mey, editada, esta vez, por La Crujía. Es una novela que puede asombrar a quienes no han leído al autor y crean que en él, lo gore o el terror puedan ser una apuesta extrema, sin embargo, en toda su obra Mey nos pone frente a infancias vulneradas, ambientes tremendos y destinos tachados desde el parto. Por eso fluye en Curabichera, y la leemos sabiendo que algo malo va a pasar, algo siniestro hay ahí, pero solo él nos permite cuando conocer esa trama maravillosa que teje con literatura de la buena. Martiniano «El Tano» es el protagonista de la historia, y parece un pobre pibe al que la vida le deparó todas las tragedias, como si hubiera nacido con mala estrella, y entonces el Tano va construyendo lejos, pero cerca, un pequeño nombre como escritor, y trata de alejarse de su barrio, de su gente, tal vez haciéndonos creer que es su deseo.

La historia está en dos escenarios, el campo de Villa Rosa, un lugar donde la luz mal existe, y el borde, con todo lo que esta palabra significa, del conurbano, una suerte de encrucijada en Florida en donde la General Paz se hace oír. Pero el Tano quiere y la vida dispone. Cuando muere la abuela, Martiniano deja su departamento en Recoleta y vuelve a esa zona que bordea Vicente López alumbrada por la cancha de Platense. Desde niño, el personaje supo de la maldad, la vivió, la vio en sus seres más queridos, y también sabe del más allá. Y el vive acá, pero no es el pibe que parece dejarse influenciar, hay en su aura la oscuridad y el espesor suficiente para que pueda hacer y decir lo que sea, por más grotesco que suene, por más repulsivo que parezca. El Tano es un tipo que tiene como mascotas una familias de ratas, tal vez por su clara identidad, porque no mienten, ahí están, son eso. Y en la novela hay muchas caretas que se cuentan, en la niñez y en los adultos que los rodean. Otra vez Luis Mey se atreve a los niños abusados, pero ahora nos muestra en que adultos pueden convertirse, y así la historia transcurre y comienzan las muertes, inválidas, como deben ser, los amores derrotados, la fe pisoteada por la realidad, el verdadero terror, que es el de lo posible.

Donde la vida nos lleva

«Mi vida había adquirido otro sentido; mejor dicho, había encontrado un sentido»

José Salem nació en Buenos Aires en 1959, estudió lengua y civilización francesa en la Sorbona, e historia del arte en el Museo Nacional de Bellas Artes. Vive en Buenos Aires y en París, tal vez por eso la luz y el color forman parte de sus historias mínimas, esas que nos pasan, que pasan y a veces nos pasan y pasan de largo. Sus personajes pueden ser el vecino, un primo, nosotros o el tipo sentado en la mesa siguiente del bar.

Sus personajes tienen la mala pata de tener que enfrentarse a pasados indeseados, o a esas circunstancias que evitamos a diario. Ellos no pueden esconderse, a ellos Salem se las impone, con vuelcos repentinos, con preguntas que la psiquis indiscreta avala y el destino protagoniza, ahí donde es posible el pinchazo, el dolor, la pérdida, ahí es donde el autor elige mostrarnos su universo. El desamor tiene el mismo peso que ajustar una cuenta pasada, porque claro, así es la vida. Y así es donde la vida nos lleva.

Las historias son muchas y de tonos diversos: dos hermanos que se reencuentran, un hombre que vuelve al hogar paterno para descubrir lo peor, parejas, de hombres solitarios, mucha gente rota que José Salem nos convida con una prosa prolija, disciplinada, pero a sabiendas, como si lo que cuenta es tan doloroso que no puede agregar caos en la construcción. Es que la vida da miedo, y ahi es donde pujan las historias que nos trae este autor, que por momentos habla de la soledad como lo haría Kjell Askildsen, un tanto asceta en su hacer, y por otros desata los más íntimos pesares, esos que nos dan cuenta de que no es la vida sino lo que hacemos con ella. Nuestras pesadillas miran nuestra vida, con ese cristal vivimos y José Salem nos deja ver a través de esos ojos siniestros de sus personajes, las historias que cuenta.

Pero también hay lugar para la esperanza, y eso para los lectores, que normalmente viven en vidas similares a las que leen, en cuentos que no quieren narrar, que hay una oportunidad posible, solo una, hace estallar la luz en azules, rojos, ocres, tonos que Salem elige también con maestría.

Leer a Salem es leer literatura, tiene el peso de la palabra deseada, construye el universo propio de aquellos que han leido, me resultó particularmente atractivo el cuento El alma de las cosas, tal vez porque se explaya de una forma sencilla pero profunda en el momento de la muerte, que conlleva descubirmiento y liberación, y no siempre deja el pasado como lo conocíamos. Quiero destacar esta historia familiar que tiene la tragedia en sus genes, pero que no utiliza recursos vanales para narrarla. 

Hay humor también en sus realtos, ese que nos pertenece, rioplatense, irónico, sagaz, hay pertenencia en el autor, que resultó para mí, una linda sorpresa.

Pronto llega una novela de José Salem a la Argentina. Léanlo. Es de los autores que nos modifican.

La inocencia

“Un libro es una enfermedad de la que uno se cura escribiéndola”

Felipe Polleri

La inocencia tiene la suficiente molestia para incomodar al lector, esta novela feroz no se aparta de la meta: destruir la hipocresía de la clase media alta uruguaya, montevideana, pociteana, podríamos decir. Esas las familias en el borde que nos obligan a pispear y arriesgarnos.

Entrar en el universo de Felipe Polleri, es ponerse en riesgo, por similitud, o por envidia, su literatura arrincona, él mismo reconoce que intenta dejar contra las cuerdas a sus personajes para ver como encaran al mundo, si a las piñas o escondiendo la cabeza.

En La inocencia (Hojas del Sur) narra la vida de una familia de de clase alta de Montevideo, la típica familia del deber ser, del título profesional que es obligatoria descendencia, del parecer sobre todo. Y los hijos deciden escaparse hacia la locura, y se suceden bizarros hechos donde aparecen disfrazados frente al barrio, un cuidador los devuelve a las paredes que esconden esta herencia ominosa, pero algunos descienden al abismo arrojándose por el balcón, haciendo fila incluso. Hay tambien de los que se rebelan a los mandatos y deciden profesiones que ridiculizan el prosapio familiar. El ventrílocuo con sus muñecos nos presenta el segundo capítulo de la historia, en la que Polleri narra lo que pudo ser. Y es que este autor, solitario y costumbrista en su propia existencia, tiene una mordaz forma de ver la vida, y entiende a la literatura como un espacio donde hay que darlo todo, pero todo. Le debo a Debret Viana conocer este autor que merece ser leído, analizado, reseñado por no asirse a convenciones, por experimentar con estilo y lograr en su hacer una gran prosa, un manejo literario muy interesante que sale de los límites tan conservados en el mundo literario actual.

Nota Revista Veintitrés

https://www.veintitres.com.ar/cultura/Queria-hablar-de-la-hipocresia-social-de-los-miedos-de-la-muerte-de-la-impunidad-y-tambien-de-la-posibilidad-de-habitar-lo-sobrenatural-20240620-0034.html

CULTURA 23-06-2024 21:08 Hs.

«Quería hablar de la hipocresía social, de los miedos, de la muerte, de la impunidad, y también de la posibilidad de habitar lo sobrenatural»

 Soledad Vignolo acaba de publicar su novela No me cuentes que sos feliz.

Por Maria Helena Ripetta

«La novela tuvo una primera etapa donde solo fue deseo, nacido por ver a un niño con un cuis muerto que llevaba de la mano con tranquilidad, y comenzó a ser una intriga sobre cómo sería una niña con esa capacidad de aceptación de la muerte, así, de a poco, entre caminatas, fue construyéndose Lili, primero su cuerpo, luego sus características emocionales, tan particulares, tan impúdicas. Pero tenía que tener un contrapeso, y así decidí que la historia la contara María José, su prima, una niña/adolescente/mujer que en apariencia, sigue todas las reglas sociales de comportamiento, sin mucho esfuerzo y que responde al estereotipo de la época», dice la escritora Soledad Vignolo.

—¿Por qué el titulo?

—El título, que en la novela es una frase de Lili, representa la contradicción constante de una novela que elige ser políticamente incorrecta, que busca reflejar una realidad donde la sobrenatural está incluído y que además cuenta el fin de la dictadura y el inicio de la democracia, que telonean la historia de las primas. 

—¿En quien están inspiradas esta primas?

— Lili está inspirada en ese pibe callejero que me crucé, y María José es el modelo de chica de pueblo bien, pero bien rota también, con sus restos y sus bordes. No están inspirados en personas reales, aunque de algunas tome gestos, modos, o escenas

—¿Cómo definis a cada una de ellas?

—Lili forma parte de lo sagrado, es asquerosa, impune, cruel, terriblemente sincera, y capaz de trasmutarse. Lili es necesaria, es la que se atreve porque puede, la que no tiene miedo y pone a actuar los monstruos que ese mismo miedo construyó en nuestra niñez.  María José no sabe quién es. Para ser necesita a Lili, se pasó la vida buscándose y cuando llega a la juventud adulta sigue perdida. Sin embargo par. la sociedad, es una chica recibida y correcta que hace todo más o menos bien. Son lo mismo, en un sentido simbólico son la luz y la oscuridad.

—¿Qué es lo que las une?

—El hilo que construyeron cuando niñas, los miedos que las paralizaban, los juegos iniciáticos y el espanto ante una sociedad, padres incluidos, asquerosamente hipócrita.

—¿Por qué elegiste el humor negro para esta novela?

—Para que pueda soportarse. Si no tuviera esa cuota cínica, de humor negro, como bien decís, la historia que cuento sería inaguantable para el lector. Es necesario dejar que el cuerpo afloje ante tanto espanto, tanto dolor y tanta tragedia, y no hay mejor recurso que el humor oscuro, ese que nos sigue recordando que la historia horrible está ahí, pero que mientras tanto, nos relaja con una sonrisa, alejando la crueldad.



—Cuales eran los temas que querías tocar?

Quería hablar de la hipocresía social, de los miedos, de la muerte, de la impunidad, y también de la posibilidad de habitar lo sobrenatural, que nos acecha siempre en la vida cotidiana.

—¿Te costó dejarlas?

—Lili sigue ahí. Pero no me cuesta, porque soy muy prolifera, y estoy con varios proyectos ya que fueron corriendo a estas primas, sin embargo, estoy segura que Lili algún día volverá, pero dentro de mucho tiempo. Fue un personaje entrañable. 

—¿Qué te gustaría que el lector encuentre?

—Me gustaría que pensaran en mi novela como irreverente, que los interpele sobre algunas cuestiones que aceptamos dentro de la norma y que tal vez no nos pertenecen. Pero dejo libre al lector, como quiero ser libre escribiendo. Cada lector es un universo que lee nuestra historia con sus propias capas, y seguramente tendrán miradas plurales, muchas de ellas nuevas para mí, como ya me ocurre. Y está muy bien. 


—¿Cuándo supiste que querías ser escritora?

—Siempre escribí, desde los 12 años. Pero me asumí escritora a los 40, porque la vida se volvía pesada ejerciendo otras profesiones, así que me sumé a varios talleres de grandes escritores y empecé a tomarlo como una profesión. Ahora también dicto talleres en UNNOBA y en forma particular y me hace feliz nadar dentro de lo literario en el día a día. 

—Tenes rutina para escribir?

—Si. Me gusta escribir por la mañana. Varias horas, no siempre productivas, pero el mate y mi computadora, la ventana viendo verde y si es posible una brisa en la cara, forman parte de mi rito a la hora de escribir.

—¿Por que elegiste escribir?

—Porque sino moriría. No concibo mi vida sin letras, no solo escribir, leo mucho, más de cuatro libros mensuales, la literatura es mi oxígeno. Y el mar, cuando puedo escaparme. 



—¿Tenes otra novela en mente ?


—Tengo dos novelas terminadas, una leyéndose en editoriales y otra en corrección. Y estoy escribiendo dos más. Además tengo un proyecto de cuentos sobre la niñez vulnerada, desde los niños momias hasta hoy. Espero seguir con esta ansia productiva que me permite proyectar y poblar mi mundo de personajes y de preguntas. Para eso leo, para eso escribo

Adentro tampoco hay luz

“las hormigas…concentradas en el suelo, con la vista fija en el objetivo. No pueden mover el cuello. Son insectos diseñados para mirar hacia el futuro. Nunca dudan”

Adentro tampoco hay luz  comienza con una púber narrando los pies de su abuela, y así es la obra, cabeza gacha, agusanada, sin sol. Es también una novela donde la observación se vuelve historia, y entonces la autora puede jugar a clasificar gente, personajes, paisajes, animales, sexos, penes, pájaros, pozos y todo aquello con lo que esta adolescente se encuentra en un verano de campo forzoso.

“No entendiste nada”, le dice todo el tiempo la madre, que aparece para romper la voz crónica de la chica, y que trae una parafernaria de new age y un barbudo esquelético, Dios tal vez, que no hace nada. habla La abuela, en cambio, es bien campera, chismosa y llena de certezas prácticas y de las otras, de las que pululan en el campo. Es una novela iniciática, espero leer más de Leila, siento que aún nos depara otros escenarios, pero, en su primer obra, no nos deja en banda.Es una historia de familia, con todo lo no dicho a cuestas, con algunas profundidades que se dejan pasar, tal vez adrede, para que la primera persona se vuelva íntrínseca y nos agobie más. Es una novela de encierro, pero también de denuncia, de proclama, la femineidad, el lesbianismo, la menstruación, se vuelven puntos claves, sin eufemismos.

La casa de campo a la que cae la adolescente, la chancha con embarazo psicológico, el placard-escondite del lagarto, el auto, otra vez el pozo, todo, todo, nos llena de desazón y la soledad se abre paso para clavarse en el lector, para mostrarnos las roturas, la oscuridad.

La historia se diferencia en dos partes, que a su vez se dividen en tres partes cada una tituladas y con varios capítulos enumerados. Tal vez la forma que encontró Sucari para dar orden a lo imposible.En la segunda parte, la escuela aparece como parche ante la intolerancia de la vida familiar y no tarda en descubrir la erótica que entre niños también existe, como si esas historias justificar la prima calentona y sagaz. El dolor, la muerte, el sexo, son los pasos que da para entrar en la pubertad y dejar la inocencia y lo hace en un matriarcado donde aprenderá que el sexo opuesto no sirve para nada.

Lo más interesante de la novela está en que nos deja claro que el encierro, no pasa por no poder salir, sino por no poder irse. Me gustó su prosa feroz y la liviandad con que la crueldad se abre paso en la historia. No te la pierdas

Lo mejor (no) es que te vayas

«En este lugar, donde acontece lo que sigue, las mujeres perfilan las paredes con una delgada cenefa de nogalina. Aquí todos saben que la escritura es una cenefa… y que la cenefa es una escritura, virgen, ideogramática, secular, una escritura-surco. Si su cauce es indeciso y poco visible las historias se suspenden en un limbo de piedra sin desenlace claro.

Con el paso del tiempo, muchas casas y tierras se van quedando vacías y el trazo de la cenefa se va haciendo progresivamente más borroso e intermitente hasta casi desaparecer. Conforme esto sucede las familias dicen a sus hijas: «Lo mejor (no) es que te vayas». Algunas hacen oídos sordos y siguen pintando su cenefa, otras se marchan del todo y muchas «se van y se quedan».

En cualquiera de los casos se establece entre ellas un pacto implícito por el que acuerdan no hablar nunca más del tema y sí hablar de las pequeñas cosas. Se piensa en el lugar, que quien no se deleita con las pequeñas cosas es gente peligrosa»…

 Remedios Zafra, (Zuheros, Córdoba, 3 de noviembre de 1973) es una escritora, profesora y ensayista española, especialista en el estudio crítico de la cultura contemporánea, la antropología, el ciberfeminismo y la cultura digital.1​ Su obra ha sido reconocida con diversos premios, entre ellos, el Premio Anagrama de Ensayo en 2017 y el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos en 2022.

Remedios Zafra hace una recopilación literaria de situaciones en las que la mujer le resulta incómoda al hombre, por sus actitudes, por su forma de ser, por su actividad. Y todos son lugares cotidianos, lugares que apestan a domesticación. Este libro, Premio Mujeres del Medio Rural y Pesquero, 2007, nos adentra en historias de mujeres de pueblo, comunes, lógicas, bravas, soñadoras, sensibles, descoloridas, rayadas, muertas de miedo, atrevidas, estúpidas,mujeres que cambian, mutan, se mueven, establecen prioridades, tienen un eureka, o se dejan morir. Todas enredadas por la ruralidad de sus vidas, la precariedad de sus pueblos, las mentes estrechas, la magia de la naturaleza, contradicciones tambien diarias y serviles al reloj. Mujeres que se rebelan, pueden, no pueden, amenazan, son coartadas, y siempre pero se siempre tienen a un hombre incomodándoles la vida. Si sos feminista es un libro imperdible, y si no lo sos, es necesario, para reflexionar, para modificar, para comprender, para acomodar, tal vez, lo mejor (no) es que lo leas.

La sombra del mamut

.En “La sombra del mamut”, cuento que titula este libro, Morábito construye todo un universo alrededor de la conversación entre dos historias con tiempos paralelos y diversos, y va logrando que lo real sea mágico segun la historia, muy interesante manejo en capas que resuelve con un lenguaje impecable. “El clavo en la pared”,nos muestra cómo se rompe un matrimonio en el preciso instante que el narrador pone un clavo en una columna para colgar un cuadro, y se fascina con la perfección lograda, impidiendo que se cuelgue nada allí. Ese objeto insignificante da origen a toda una perorata filosófica que abre paso a un camino de análisis emotivo sobre las relaciones interpersonales. “La hierba de los aeropuertos” utiliza el pasto para plantear los lazos ontológicos entre naturaleza y hombre o humanidad, con el mismo criterio que el anterior cuento, y en “La llegada a la Luna” nos remite como lectores al momento familiar de ver a Armstrong en la tele, y lo confronta con lo que un nieto y su abuela hacen mientras los que esperan se fuermen, la pantalla y la realidad vuelven a conversar bajo la maestría del autor.

Son cuentos con una gran estructura interna, mínima a la vista, pero que se van anlazando con momentos y escenarios nuevos, o que los vemos como nueveos aunque formen parte de nuestro cotidiano por las historias que contruye el autor.
“Extras”, es el mejor ejemplo de esto, toda una historia hablando de las caraz fugaces que aparencen en los films, la voz narradora, en primera persona del plural, relata cómo Pencroff, un director que fue extra, filma la historia de vida de una pareja pero el foco está puesto en los extras. Las estrellas pasan a ser fondo en este cuento donde los bordes son lábiles. En “El carnero del rey”, el rey le cede el papel protagónico a su carnero, lo mismo hace con el pastor y por último a la naturaleza ( el cañón), eligioendo la falta de categorización casi como un rezo pleno de ideología.

Fabio Morábito cuenta historias maravillosas, en las que nos muestra la relevancia de lo secundario, de los bordes, de los márgenes, viendo en ello tal vez, la vida misma.

Carcoma

Carcoma, de Layla Martínez, ensayista, traductora y editora, es una novela que tuvo éxito editorial, y una obra que arremete contra los prejuicios de la brevedad. Escrita con un estilo cartográfico y con metamensajes y planos superpuestos, Carcoma se vuelve compleja y muy interesante, con una rica voz que puede y supera los límites de la realidad temporal.

La novela se vale de una historia de terror, para hablar de temas contundentes como la violencia hacia las mujeres, el del conflicto de clases y el rencor intrínseco que la Guerra Civil española y la dictadura franquista construyenron en España y que transciende hasta la actualidad. El resentimiento al que la marginalidad de ciertas comunidades no se resiste ​y la esencia hiperbólica e hipócrita de la humanidad, más alla del grupo social de donde se venga.

Es una breve novela de terror, pero no es el clásico terror, lo sobrenatural queda justificado por la historia que la atraviesa, y aunque pertenece al subgénero de «encantamiento», lo gótico es más claro y fuerte, un gótico hispánico que se le parece a Giovanna Rivero en algunos cuentos, o a Mónica ojeda en sus obras, está situada en un pueblo de Cuenca y en una casa humilde, y eso es novedoso. El encantamiento en la pobreza, los placares escondiendo basura de clase trabajadora, secretos prohibidos, que en general se les endilgan a palacios y clase dominante. El desarrollo en general es ameno, con algunas reiteraciones, tal vez debería haber sido más breve aún. Escrita en una primera persona de varias mujeres, abuela y nieta, manchegas, que a pesar de imperfecciones estilísticas nos deja como lectores, con el odio y la rabia en la piel, logra envenenarnos con el mismo rencor que padecen las protagonistas. El peso de tanta oscuridad se ve equilibrado por cierto humor desopilante.

La historia plantea la clásica cuesitón de conflictos de género y de clase de todos los tiempos, pero su trama apela al terror y la fantasía para que la obra se aleje de lo tradicional. Me pareció un acierto que las protagonistas que cuentan la historia no se planten solamente como víctimas y que muestren también sus pulsiones y cierta asquerosa ignorancia.

Es una novela inquitante, con la mancha del dolor arrepentido y con un odio profundo arrebatando sus páginas. Tal vez le falta construcción a cada una de las mujeres (abuela y nieta), a sus voces, pero también puede ser una elección esa ambigua voz, casi igual, de estas historias que repiten violencia y deseos como si fuesen una.

Gorda

Ana María Schua (Buenos Aires, 1951) es escritora, periodista, guionista y profesora en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. En 1980 ganó con su novela Soy Paciente el premio de la editorial Losada. Otras novelas son Los amores de Laurita (llevada al cine), El libro de los recuerdos (Beca Guggenheim) y La muerte como efecto secundario (Premio Club de los XIII y Premio Ciudad de Buenos Aires en novela). Sus libros para niños, que obtuvieron premios nacionales e internacionales, se leen en toda América Latina y en España. Parte de su obra ha sido traducida a quince idiomas.

Gorda es la historia de Marina Rubin que pasó su vida buscando alcanzar el cuerpo deseado, o al menos el que, se supone, debería tener. No lo consiguió a sus más de cuarenta años aunque probó casi todo. Se interna en La Espigas, un espacio estrictísimo y cerrado dirigido por un gurú que promete bajar de peso a través de métodos infalibles. Por supuesto que son falsos y llenos de perversiones. Hace firmar un contrato con cláusulas millonarias de rescición. Aunque este libro es una reedición, su actualidad impacta, en una época en que se supone, que hemos superado el concepto de gordo como enfermo, y en el que estamos mejorando los bordes entre obesidad y enfermedad y Shua vuelve para recordarnos que la tendencia a pensar la delgadez como meta estética, como sinónimo de élite y como marco de una supuesta salud perfecta, sostenida por instituciones corruptas que se mecen en la infelicidad de aquellos que no cumplen el sesgo cultural.

Un libro que lleva al debate, y vale le pena.

Cameron

“La huella es la memoria de una ausencia”

Cameron  es una novela narrada desde una ciudad indeterminada que posee clases marcadas por la altura de sus barrios, contrapuestos, los pobres en el barrio Alto, los de vida cómoda en el barrio bajo de este lugar atravesado por un río y por un puente que soportanla historia. Julio Cameron es el último de una estirpe otrora galardonada que nace con un General patriótico y termina en un viejo con una pierna ortopédica, decrépito y solo, una historia prohibida, llena de pertenencias y nubes de nombres pretéritos en su cabeza. Mita, Juan Silverio, Elda Cook, Orsini son los que lo rodean en un presente delirado en el que Cameron intenta contenerse. Mita es unamujer que vuelve todos los inviernos, Silverio un locutor nocturno y borracho, Eda una cantante de jazz, y Orsini un financista que trabaja con horario oriental y múltiples pantallas, y juntos son el ancla temporal de Cameron, o tal vez no, porque el tiempo no siempre es tal. Cameron es como novela, una muestra breve de una buena historia policial , negra, trascendente, con la potencia suficiente como para referir nuestra historia argentina, tal vez a la altura del deseo del autor, un deseo que es base y cimiento. Es excelente la verosimilitud argumental de la historia, que se abre en múltiples relatos que nos construyen un mundo que deseamos seguir leyendo.

Hernán Ronsino propone lalgo nuevo, un nuevo lenguaje que sin embargo nos remite a otros textos del autor, porque las relaciones de Cameron con la historia, a diferencia de otras obras de Ronsino, tienen más que ver con lo simbólico, con lo que hace ruido, hay rastros de un eje histórico pero no hay obviedad. Nos propone un lenguaje de lo mejor de la literatura negra americana, con hombres rudos, hostiles. Y los personajes del pasado, como en un sueño, quitan los velos de la historia. En el final, Mita, la mujer que vuelve con el frío, vuelve a la casa, acechando un destino.

En la novela de Ronsino, como reza en su texto un muro, no hay olvido ni perdón.