Purirú

Que bocanada de aire fresco es leer a Mariano Quirós. El autor chaqueño escribe con la periferia protagonizando la acción. Es maravilloso que un libro nos vaya dejando como si. Como si el tiempo se dilatara, se borrase y las cuestiones de la vida quedaran colgadas en un suspenso que flota, río abajo, río arriba, reflejando los días del un pueblo que no necesita ser fantasma de nada, más que de sí. Y en ese humo que deja el Purirú en los lectores está la trama, prensada.

El protagonista baja al río y con su perra inician la historia, la perra es la Cambá, compañera de tanto como si fuera parte de su vida, y se enloquece persiguiendo unos patos como si fuera un animal joven. Las páginas nos corren entre los dedos, muchas páginas y lo que narra Quirós es esa carrera entre el río, los patos y la Cambá y uno queda ahí también, colgado, ahumado en la trama de la perra y la historia que con fiereza provinciana Mariano Quirós deja entrever, una hermana, muchos hombres, una madre, alcohol, desidia, decadencia, pero también ternura. La vida del interior profundo aparece y nada con la perra en ese río, nada con nosotros, nos porrea y nos deja esperando más.

La prosa es de excelencia, y sabe como gran novelista, como intercalar la historia, distribuirla, pero como además de prosa hay poesía en este título, tambien sabe cuando condensar la acción. Purirú es una hermosa obra, que nos cuenta una historia trágica, es como si pudiéramos alcanzar la belleza en el dolor, algo de purirú que nos cosquillee, que nos invada, que nos deje para siempre en la atmósfera que crea el autor, meciéndonos en un mundo brutal y atontado que está al borde, entre realismo y fantasía.

Todo es chato, menos la prosa, que nos cachetea y nos expande como si la siesta de pueblo nos permitiese, de una vez por todas, soñar. Grandioso Quirós.Único.

Diario de una mudanza

“El erotismo es muy difícil de escribir y de traducir. Siempre me pareció que en inglés las palabras son más sensuales”

Inés Garland (Buenos Aires, 1960) en Diario de una mudanza, baila por las letras con su propia y exquisita voz, esa que te hace seguir leyendo este recuento de vida como si fuera una historia de espias. Es que eso nos permite, espiar la vida narrada, con dejos biográficos, con la avidez de un voyeur. “Escribir es dejar que emerja una verdad que parece estar por debajo de lo que pasó”, dice Garland, y emerge, aparece en algunas páginas eso no dicho que descubrimos plácidos mientras el libro trascurre en nuestras manos. Me senté una tarde a leerlo en mi nueva casa, nueva de tres años de uso, y la mudanza que en mí opera fue abriéndose paso entre la mudanza leída. Eso produce, es un libro empático, amable, que nos deja ser parte de los tranche de vie de la autora, de las vivencias femeninas en el climaterio, de la suerte del amor y el desamor, los riesgos, los recuerdos, las capas.

La mudanza y la menopausia sostienen la trama, que no sé si pretende ser una, sino que el libro entero es un transcurrir. La planta baja recién comprada con vecino arriba, es la excusa para contar una vida, rica, pobre, una vida, una más. Pero Inés Garland la cuenta con destreza, buen lenguaje y una cuidada narración, propia de una traductora avezada, que facilita la lectura. Las citas, las palabras etimológicamente pensadas, los cuestionamientos a las épocas y la autopercepción de la autora sobre su ser mujer merecen la lectura.

Garland intercala recuerdos y experiencias, con reflexiones, datos históricos y de a poco da forma a un compendio de vida donde un mal povo, un carpintero recurrente y algun otro señor sin nombre iluminan el amor, o la idea de; y un masaje de pie chino en Nueva Yorck, el riesgo tomado en un bar de Londres o el encuentro con un ex que va a morir parecen eslabones en su obra, en su mudanza, en esas pieles que nos va mostrando, u ocultando a lo largo del libro.

Inés Garland compila retazos, y el patchwork que nos presenta es el que desea que leamos, parece natural pero es muy cuidada esa selección, y también es atractiva. “Ahora empieza el tiempo de aprender a dejar ir” dice la autora, y si ella lo dice…

Las Indignas

Agustina Bazterrica, no es solamente la autora de la gran novela Cadáver exquisito, sino la gran autora distópica argentina, con una sensibilidad única, tiene la conciencia clara de que los humanos venimos destruyendo nuestra sociedad, y digo sociedad porque sus distopías no apelan en exclusivo a los recursos naturales, sino que nos muestra en ellas la vileza, la traición, la falta de empatía que los seres humanos venimos desarrollando como si fuera algo virtuoso. La compasión en esta nueva novela de Agustina Bazterrica viene de la mano del amor puro, de la luz, de la esencia y la naturaleza en un esplendor recordado y perdido, de la exquisita belleza de su texto que nos distrae de la cotidiana razón para insertarnos en un mundo probable y terrible, en el que una secta reemplaza la religión tradicional, con una inusitada crueldad. No han sido vanos los riesgos tomados, y todo lo que fue luz es ahora oscuridad, encarnada por un dios que no se deja ver, y que logra el control con miedo, abusos, y una Hermana Superior que se planta para ejecutar, bella y feroz.

«Nadie le dice que no a la Hermana Superior. Nadie que quiera seguir viva».

El planeta pasó querras y catástrofes ambientales. No hay agua, y la que se encuentra produce locura, o eso se cree. En el exóticoconvento, la Casa de la Hermandad Sagrada de Bazterrica, el aire pesa, huele mal y el cielo se pega a la tierra, gomoso y febril. Encerradas, las mujeres sobreviven hundidas en los designios de un culto que desprecia la divina trinidad. La Hermana Superior es la autoridad, por encima de quien se alza «Él».

La narración de la novela, es de una hermosura tal que sublima el horror, y ni los ojos cosidos pueden quitarle preciosura, la historia se narra en un diario con anotaciones que dan cuenta de los momentos de esa casa, las ceremonias, los intentos de redención o de castigo, es una historia escrita a escondidas y de noche. Sus páginas se ocultan en tablones levantados, hendijas, sitios privados, para asegurar que aún existen, que fueron cuerpo, que esas mujeres, Lucía, Lourdes, Circe, la protagonista, todas, estuvieron ahí.

Es muy difícil, después de una novela como Cadáver Exquisito, animarse a otra novela distópica, pero Bazterrica tiene con qué, tiene los recursos para emocionarnos, crear lazos con el lector, hablar de los miedos del mundo, narrarlos, hacerlo con riqueza, con preciosura y romper lazos con la fe.

Las Indignas es un novelón. Mil veces lo recomiendo, no es una historia para tibios, ni para aquellos que quieren que les endulcen la vista. Es una novela tremenda, maravillosa y única, como su autora.

Recuerden : «SIn fe, no hay amparo»

Que nadie duerma

 Juan José Millás es uno de los autores más laureados por los lectores y por la crítica. Que nadie duerma es una novela que utiliza a un personaje impresionante, Luicía, para romper las barreras entre lo cotidiano y lo sobrenatural. Lucía, una «falsa delgada», es el eje de toda la novela, su infancia, sus extrañezas, su psiquis y porqué no, su cartografía creada para soportar la realidad madrileña transformandola en Pekín. Lucía inicia la novela siendo una informática cuya vida no dista de un algoritmo más. Pero enseguida nos cuenta que de pequeña, vio cómo un pájaro negro caía sobre su madre mientras hacía pis en el jardín de la casa familiar. De allí a la muerte materna hay un paso y un suspiro que destruye la corporalidad de la madre y la convierte en una en una mujer pájaro. Ahí comienza la historia, una maravillosa serie de reflexiones, fantasía y lírica interesantísima que nos transporta toda la novela en taxi. El que compra Lucía al ser despedida. Las vidas de sus pasajeros, pequeñas, inmensas, tensas, terminales, tejen una trama entusiasta que logra que lo onírico y lo tremendo sean paralelas interminables. Algo va a suceder, dice la protagonista, y ahí quedamos jadeantes esperándolo. Millás, poco a poco, construye una narración que se arremolina en el surrealismo sin perder contacto con la realidad. El punto de partida de esta historia es un beso fugaz que se le escapó a Lucía, la protagonista. Una vez despedida de su trabajo, llora en su baño, por los conductos de ventilación le llegan fragmentos de Turandot de Puccini, que escucha su vecino. La ópera late en su cuerpo y se transforma en su obsesión. Bajar a ver quién es el sujeto que la oye y que canta , allí comienza a gestarse este actor de mala muerte como su Calaf.

Millás  rompe los límites entre la realidad y la ficción, se anima a delirar y nos deja inquietos, desesperados buscando de donde asirnos como lectores, yendo a escuchar la ópera «Turandot»que en su argumento se vuelve Lucía, de Millás.

«Que nadie duerma» hibrida pájaros y ópera, dentro de un taxi, que se transforma en el espacio donde la historia explota, entre la ficción y la realidad, entre Pekín y Madrid, con Lucía vuelta pájaro, vuelta china, vuelta aire, humo espeso, madre tal vez. Los pasajeros, como oyentes de las historias de Lucía, sin espantarse las convalidad, y la fantasía acontecer.

Una novela cautivante, de esas que nos obligan a leer sin respiro.

Donde retumba el silencio

«Donde retumba el silencio se incorpora a la sólida tradición de novelas de la intimidad, desarrolladas por escritoras como Virginia Woolf o Natalia Ginzburg.»
Clara Obligado

La novela ganadora del Premio Clarín no corta el aire del lector, tampoco recurre a grandilocuencias. Está escrita desde algún rincón del alma y por eso nos conmueve. Cuenta, además, con una prosa prolija y cuidada, que permite que la transitemos con fluidez.

Agustina Caride, su autora, estudió Letras, fue crítica literaria y colaboró en distintas revistas. Trabajó en editoriales; coordinó LiterAr junto a diversas editoriales para promover la literatura argentina; organizó eventos culturales para la agencia Schavelzon. Obtuvo tres premios y beca del FNA. Actualmente es correctora; dicta talleres de escritura y lectura y coordina eventos literarios en Literatura Bazterrica –Caride. Sus libros publicados son Y sin embargo no llovióCuentos con historiaCuando ella supo quién era GoldambeckPanambí y otros cuentos con historia (fue adaptado a la lectura fácil para personas con
incapacidad lectora), Última generación, Generación cero, Testigos invisibles, No habrá sino ausencias, La chica de papel, Los sueños también flotan (ganador del concurso Soy autor y editorial Quipu) y Donde retumba el silencio, novela objeto de esta reseña, publicada por Alfaguara.

Tiene herramientas de sobra para narrar la historia, y eso se agradece. Por momentos la intimidad, por momentos la crónica histórica, pero siempre sin perder la verdadera trama que es la amistad y la vida compartida entre estas amigas ahora enfrentadas: Leo y Vira. Caride construye un mundo familiar
verosímil, con personajes que terminamos llamando por su nombre de pila a medida que leemos. Y nos encontramos preguntándonos ¿Cuándo llega María? o ¿No le avisa a Gabriela?

Los simbolismos son impecables, por eso la novela nos retumba para llegar hasta el lugar donde todos fuimos o seremos una de estas dos mujeres de ochenta, que criaron a sus hijos desde donde pudieron, como sucede en esta Argentina que nos pesa, y que desde mediados del siglo veinte, nos va dejando
solos. Una arriba y la otra abajo, no es casual. Una emprendedora y ex dueña de un campo, la otra docente, peronista y sindicalista; tampoco es fortuita la elección. Somos nosotros, los argentinos, vos y yo, los Ríver-Boca, blanco-negro, las cuestiones que ni el mundo líquido nos deja disolver para
unirnos y no perder lo querido, lo valioso. 

Y de toda esa identidad habla Donde retumba el silencio, también muestra las consecuencias del orgullo, la soberbia, de la incomprensión, la rebeldía, la admiración y resulta que tras todo ese diálogo literario que propone Caride, lo entrañable termina siendo lo que se descuelga de la historia. Con las vidas
efímeras de dos amigas longevas se desmoronan silencios, miedos, deseos, sueños, alegatos y ridículas posturas políticas que a veces sostenemos para no desarmarnos, y que nos llevan a perder afectos únicos. O los postergamos como si fuéramos eternos, hasta que lo eterno llega.

No encontré a Virginia Woolf en la novela de Agustina Caride, aunque es clara la influencia de muchos autores que una gran lectora como ella tiene; yo sentí que Leo y Vira fueron susurradas al oído de la autora por Manuel Puig, para que no nos quedemos sin estas señoras memorables de la literatura
argentina.

Buena lectura, de calidad.