Qué beben los que no leen como yo

Llegó el primer libro de cuentos de Luis Mey, y vino con todo un mundo masculino y errante de doce cuentos. La búsqueda de Mey es siempre interesante, vincula, destrona mitos, genera nuevos, se mueve en la contradicción como nadie, y cuando elige la digresión, lo hace para recordarnos que nada es tan parecido a la realidad como los sueños. Amé las caricias a un perro de la infancia, los elefantes de opalina y los pequeños detalles que construyen el universo literario de un Mey fuera de su zona de confort.

Los personajes desorientados, aturdidos, son maravillosos y no solo se encuentran perdidos frente al amor, son viscerales sin ser tangueros, actuales sin caer en la idiotez, van por un borde atractivo que los vuelve irremediablemente humanos, hombres que estafan, hombres que desean, muchos que escriben, otros que son abandonados, padres lamentables, decadencia y verdad.

Luis Mey sabe de novelas, mucho, y parece que ahora dará cátedra en cuentos, porque a pesar de toda la tragedia cotidiana que nos muestra, estos doce cuentos nos hacen reir, y en la mitad de la carcajada nos damos cuenta que es de nosotros que nos reímos. Que ahí estamos reflejados, en esas vanidades, en esas bibliotecas, en los licores, las sombrillas, los amores, los miedos. Mey nos pone en evidencia.

No se lo pierdan, y si pueden, les recomiendo leerlo El domingo a la tarde, en la hora del día en que parece que la semana no será nada grave.

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Purirú

Que bocanada de aire fresco es leer a Mariano Quirós. El autor chaqueño escribe con la periferia protagonizando la acción. Es maravilloso que un libro nos vaya dejando como si. Como si el tiempo se dilatara, se borrase y las cuestiones de la vida quedaran colgadas en un suspenso que flota, río abajo, río arriba, reflejando los días del un pueblo que no necesita ser fantasma de nada, más que de sí. Y en ese humo que deja el Purirú en los lectores está la trama, prensada.

El protagonista baja al río y con su perra inician la historia, la perra es la Cambá, compañera de tanto como si fuera parte de su vida, y se enloquece persiguiendo unos patos como si fuera un animal joven. Las páginas nos corren entre los dedos, muchas páginas y lo que narra Quirós es esa carrera entre el río, los patos y la Cambá y uno queda ahí también, colgado, ahumado en la trama de la perra y la historia que con fiereza provinciana Mariano Quirós deja entrever, una hermana, muchos hombres, una madre, alcohol, desidia, decadencia, pero también ternura. La vida del interior profundo aparece y nada con la perra en ese río, nada con nosotros, nos porrea y nos deja esperando más.

La prosa es de excelencia, y sabe como gran novelista, como intercalar la historia, distribuirla, pero como además de prosa hay poesía en este título, tambien sabe cuando condensar la acción. Purirú es una hermosa obra, que nos cuenta una historia trágica, es como si pudiéramos alcanzar la belleza en el dolor, algo de purirú que nos cosquillee, que nos invada, que nos deje para siempre en la atmósfera que crea el autor, meciéndonos en un mundo brutal y atontado que está al borde, entre realismo y fantasía.

Todo es chato, menos la prosa, que nos cachetea y nos expande como si la siesta de pueblo nos permitiese, de una vez por todas, soñar. Grandioso Quirós.Único.

En agosto nos vemos

En agosto nos vemos (Random House, 2024) es la novela inédita de Gabriel García Márquez (1927-2014), de la que se conocía su existencia por algunas publicaciones parciales y por la propia lectura del autor en. la Casa de América de Madrid durante un foro junto a José Saramago.

El diario El País de España publicó tras ese foro uno de y desde ahí en adelante la novela fue esperada. Antes se publicaron las memorias, Vivir para contarlo en 2002 y la gran novela que fue su última publicada en vida Memoria de mis putas tristes, en 2004. En 2010 : Yo no vengo a decir un discurso, que fue una recopilación exitosa. Nada se supo luego de García Márquez que vivió sus últimos años con privacidad y recogimiento familiar hasta su muerte en 2014. Lo no publicado quedaría en los archivos de la Universidad de Texas en Austin. Sobre la novela el autor dijo de ella: «Este libro no sirve. Hay que destruirlo» dicho por sus hijos Rodrigo y Gonzalo García Barcha en el prólogo. Uno de los motivos por los que no se publicó fue la senectud de Gabo y la fragilidad de sus facultades. Si debió publicarse o no, ya es un debate sin sentido, la realidad es que la novela es una obra que aporta a la literatura, con el inconfundible estilo del Premio Nobel colombiano, con la tibieza de su prosa que parece mecernos mientras la leemos y con su maravilloso y singular estilo. Tal vez no tiene el peso de Cien años de soledad o El amor en los tiempos del cólera, pero es suya, es una historia entrañable donde la vida misma acontece un mes al año, mientras la libertad, que acecha en lo cotidiano, se vuelve protagonista, para que esta mujer de edad mediana se vuelva deseosa y vulnerable en brazos de hombres desconocidos. Una búsqueda exquisita que pone al Gabo tradicional a la cabeza de lo avant garde.

Para devorar en una tarde.

No me cuentes que sos feliz

Reseña de Mirta Isabel Ramón, escritora, desde Villa Dolores, Córdoba

Una novela de lectura ágil, atrapante hasta un final inesperado que pensé mucho más, mucho
más cruel, aunque es cruel. La expresión que da el título a la obra, es la que te deja huellas para
toda la vida, te marca a fuego y se lleva grabada por el resto de la vida.

Sin palabras rebuscadas y totalmente contextualizada hasta en el más íntimo detalle de las décadas de nuestra niñez, adolescencia y adultez. Se vive, se siente, se sufre, se sueña y llena de añoranzas, hasta el punto de sentirse como lectora de esa generación, identificada.
La selección del nombre de la localidad, no pudo haber sido otro. Bondino es un vino que se
produce en San Rafael, Mendoza, de la selección La Colina de Oro, caracterizado por aromas que
recuerdan a pimientos rojos asados y frutos rojos maduros.

El rojo, el picante caracterizan }a la trama y la madurez, a la escritora.

Personalmente, paseé por Julio O. Campo, y obvio que el paseo sexual, la Circunvalación, el
periódico La Verdad, la plaza, la escuela, la panadería donde iba a comprar tortitas negras y
blancas. Vimos construir la Iglesia de Fátima y su barrio, justamente estuve caminando por allí,
este último viaje a mi ciudad. Nada mejor elegido que el nombre de la plaza Peláez. Peláez: el estudio de las presiones plantales. Cuantas presiones para la niña- adolescente protagonista de la historia.

El recuerdo de la noche que los milicos mataron al titiritero e iluminaron todo el barrio, papá escondiéndonos en la pieza en construcción del fondo, el silencio y la oscuridad final.

Tuve muñecas Piel Rose, pero solo sobrevivieron las Rayito de Sol. También guardo una camisa a
cuadros Wrangler, que suelo usar porque es calentita. El recuerdo de los besos, el vientre ardiente
y el temblequeo frente al gringo con aroma a Colbert. Las apretadas con Sting y el zarandeo con
los Rolling Stone. El Peugeot 504, con el que recorrimos Córdoba, 5 chicos, papá, mamá y hasta la
abuela. Existía la tía o el tío, que fumaba Benson, para demostrar que tenía más dinero, o no, solo
era un ave de rapiña, demostrando status.
Valiente la protagonista que soportó Apocalipsis Now y Halloween, yo no los soporté, y me fui
del cine. Eso marca la esencia. No las eligió al azar la autora.
La descripción del fondo de la laguna, espectacular, hundirse en el fango, para renacer.
Indispensable la guía Peuser para irse estudiar. La quemé hace unos meses. Secar cáscaras de
naranjas para el mate, una manía y particularidad regional, imposible de quitar. Nada de
desperdiciarlas para compost.
Nadie nos explicó que era esa efervescencia interna, solas debimos descubrirlas y acallarlas. Solo
cuando nos fuimos a estudiar la manifestamos en todo su esplendor, probamos una y otra vez,
creyendo ser redentoras de cuanto sexo masculino se cruzaba, cuanto más complicado más
atrayente. Y oscilamos entre los que estaba bien y mal, obvio que el sexo era el mal.

Buscamos redimirnos de los pecados en cuanta iglesia encontramos hasta que descubrimos que los curas
eran unos Hdp. Peores que nosotras.

Lili, me llevo a Lili, que vivía en Lebenshon entre Frías y Carlos Tejedor, solo que ella era Down,
terrible para esa época, era despreciada, marginada, golpeada, escuchaba la radio en el escalón de
la puerta de la casa. Solía sentarme con ella un rato hablar y contarle mis secretos, cuando iba a la
casa de la Tía María.
La descripción de la recepción de la promoción ochenta, la reviví, no la recordaba, estaba
borrada, solo conservo la foto.
Puedo seguir enumerando coincidencias, recuerdos, sucesos, sentimientos, pero invito a leerla y
redescubrirse, animarse hablar a calzón quitado del despertar sexual, en el seno de una familia
tradicional de los 70-80 , donde el hombre demostraba su amor, compromiso, ausente en el
“trabajo”, la mujer en la docencia y la careteada del que dirán. El lema “parecer”, no ser.
Amorosamente cruel, para rever historias y quitarse culpas.
Tuvimos más historias amorosas que la cola de los jubilados cuando vamos a cobrar, porque nos
resistimos a los cajeros.

Considero que da para una segunda parte. Diferentes, pero moldeadas en la misma esencia.

PD: Gracias Isa por la lectura, la minuciosa recopilación de hechos, la historia compartida y la que resta. Es raro que en mi página se reseñe mi libro, pero tu mirada valía la pena y como bien decís, no tenés redes.

QUE VIOLENCIA PERFECTA LA DEL MUNDO VIEJO

A veces me llama, como a una hermana muerta de frío. Y tiemblo

Pamela Terlizzi Prina

Si uno piensa en viejas, piensa en madres, en abuelas, en tías, en vecinas, en escritoras, en políticas, en muchas y variopintas mujeres que pasaron, nos tocaron, nos marcaron, nos dolieron, o simplemente nos facilitaron nacer. Pensar en viejas, es pensar en algo del orden de lo ancestral, vieja viene del latín Vetulus «de cierta edad, algo viejo, viejecito, que en latín vulgar sustituyó el cásico vetus-eris, viejo, del que aquél era diminutivo. Pero también la conforma oculus, que es huevo, origen. Es cierto que las viejas con las que Terlizzi Prina nos invita a conversar, son sus viejas, pero la autora logra que con las preguntas, los miedos, el desparpajo, la crítica, la búsqueda de cada uno de sus poemas, se vuelvan universales. Y entonces nos damos cuenta que en cada lector hubo una Emilce, una Olivia, Belén, una madrina para sumar a la charla.

Pero la autora no se queda en contarnos el mundo femenino del viejo mundo. Nos trae las violencias implícitas, a veces imperceptibles con las que estas viejas convivieron, se enfrentaron, se sometieron y hasta se volvieron gángsters para no morir ante lo inevitable. O morir de a poco. O trascender en un libro de poemas tan reales, tan bien puestos que se vuelven piel, y nos forran preciosos y pinchudos como una de las copas rotas en la batea de la primera vieja, la que dio inicio, la pudo, no pudo, supo, contó, calló o ató para no quedar en el agujero negro de la ignorancia.

Que violencia perfecta la del mundo viejo debería ser de lectura obligada para todos los que amamos la literatura, gracias Santos Locos poesía por volverlo libro.

La autora, de lujo.

El cuaderno rojo

Cien páginas bastan para contar historias que Auster nos anuncia como reales, y apuntadas en El cuaderno rojo.. Las historias nos introducen en una serie mágica de coincidencias en la que determinadas personas terminan relacionándose a pesar de la distancia y del tiempo, porque aparece siempre otra persona X para relatar una historia sobre alguien que vive en tal o cual lado que justamente es el tal o cual lado donde vive la hermana de una de las primeras personas, o un hecho fortuito que por capricho o por el designio divino presagia el infortunio o la muerte. Un hecho tan nimio como el de pinchar un neumático.

El autor nos pone a prueba, a ver qué lugar ocupa lo azaroso en nuestra vida, como si se valiera de lo aciago para avisarnos, para dejarnos entrever el final. Todo el anecdotario va y viene entre las finas líneas de la realidad y la ficción, y como yapa nos deja ver como se fue pariendo Ciudad de cristal, en la que un cuaderno rojo también es parte y la llamado equivocada da inicio a la primera de las novelas de la Trilogía de Nueva York. En la novela, el desconocido llama por error aienl protagonista -Quinn- preguntando por el detective Paul Auster; Quinn le dice que se ha confundido, las dos primeras veces; a la tercera, contesta: «yo soy Paul Auster». Y continúa contándonos como una persona marcó por error el número de su casa en Brooklyn: «¿El señor Quinn?»

Así nos deja, con un viso de suspenso sobre las posibles coincidencias de la vida en un mundo amplio de probabilidades, el misterio y también de soslayo algunos retazos de su vida con Sri.

Algo para dejar nota aparte es el prólogo, que no tiene nada que envidiarle al propia libro de Paul Auster, tal vez jugando con el azar en la vida del autor, quer lo fue convirtiendo en semejante hombre, primero estudiante, luego traductor, novelista o tal vez apretado intérprete de las coincidencias del mundo.

Ha sido un honor, gran Paul Auster.

Chicos que vuelven

“La mayoría de los chicos que faltaban eran chicas adolescentes. Que se iban con un tipo mayor, que se asustaban por un embarazo. Que huían de un padre borracho, de un padrastro que las violaba de madrugada, de un hermano que se les masturbaba en la espalda, de noche”

Mechi, la protagonista, trabaja en el archivo de chicos perdidos y desaparecidos en la ciudad de Buenos Aires, un rejunte de mujeres y burocracia donde terminan los casos que no se investigan. Son esos chicos que no van a volver, secuestrados por sus padres, los casos que nadie va a volver a mirar. Salvo Mechi. . Ellla se hace cargo, los clasifica, agrega los datos que a veces, traen parientes o amigos, también perdidos. Y usa sus almuerzos en el Parque Chacabuco para estudiarlos, mirar las fotos, casi como única porción de placer en su vida. Hay historias que la obsesionan, como la de Vanadis, una piba exótica de 14 años que se prostituía en Constitución hasta desaparecer. Vanadis es quien la induce al inframundo de la calle, los vendedores de droga, la más absoluta privación de humanidad, el Moridero, la prostitución, los cuerpos destruídos por abusos de toda calaña, tomados por la mierda de otros, por el vicio, por la indiferencia. Los cuerpos como resultado del dolor social.

Con la profunda densidad que nos trae siempre Mariana Enriquez, Chicos es uno de los que más pega, aterroriza, incomoda, tal vez porque la rutinaria vida opaca de Mechi nos toca cerca, la soledad, ese enemigo que horada hasta soportar el asco de acostarse con Pedro, su amigo periodista investigador de trata. La autopista como ruido y como escape, la escena terrible de una vida mínima. Los chicos raptados como parte de un todo aciago, que a nadie incomoda.

Y de golpe, los chicos perdidos van apareciendo. Y el lector se alivia, pero claro, no son los mismos, lo siniestro se hace lugar, estos chicos de un más allá que nos rodea toman la vida de los otros, a veces literatalmente. Y los periodistas que se vanagloriaban de hablar de ellos, callan, porque lo inexplicable se anuncia, y todo lo que se susurra y desconoce se vuelve miedo. Nos cala, nos atraviesa.

Chicos que vuelven es una novela corta, impresionante, muy bien escrita, que otra vez trae a una autora que sabe el valor de los cuerpos, para que sangren, para que griten, para que nos duelan al leera. Aquí faltan cuerpos durante gran parte de la novela. Y nos hacen falta, pero cuidado, hay chicos que vuelven.

Nota Revista Veintitrés

https://www.veintitres.com.ar/cultura/Queria-hablar-de-la-hipocresia-social-de-los-miedos-de-la-muerte-de-la-impunidad-y-tambien-de-la-posibilidad-de-habitar-lo-sobrenatural-20240620-0034.html

CULTURA 23-06-2024 21:08 Hs.

«Quería hablar de la hipocresía social, de los miedos, de la muerte, de la impunidad, y también de la posibilidad de habitar lo sobrenatural»

 Soledad Vignolo acaba de publicar su novela No me cuentes que sos feliz.

Por Maria Helena Ripetta

«La novela tuvo una primera etapa donde solo fue deseo, nacido por ver a un niño con un cuis muerto que llevaba de la mano con tranquilidad, y comenzó a ser una intriga sobre cómo sería una niña con esa capacidad de aceptación de la muerte, así, de a poco, entre caminatas, fue construyéndose Lili, primero su cuerpo, luego sus características emocionales, tan particulares, tan impúdicas. Pero tenía que tener un contrapeso, y así decidí que la historia la contara María José, su prima, una niña/adolescente/mujer que en apariencia, sigue todas las reglas sociales de comportamiento, sin mucho esfuerzo y que responde al estereotipo de la época», dice la escritora Soledad Vignolo.

—¿Por qué el titulo?

—El título, que en la novela es una frase de Lili, representa la contradicción constante de una novela que elige ser políticamente incorrecta, que busca reflejar una realidad donde la sobrenatural está incluído y que además cuenta el fin de la dictadura y el inicio de la democracia, que telonean la historia de las primas. 

—¿En quien están inspiradas esta primas?

— Lili está inspirada en ese pibe callejero que me crucé, y María José es el modelo de chica de pueblo bien, pero bien rota también, con sus restos y sus bordes. No están inspirados en personas reales, aunque de algunas tome gestos, modos, o escenas

—¿Cómo definis a cada una de ellas?

—Lili forma parte de lo sagrado, es asquerosa, impune, cruel, terriblemente sincera, y capaz de trasmutarse. Lili es necesaria, es la que se atreve porque puede, la que no tiene miedo y pone a actuar los monstruos que ese mismo miedo construyó en nuestra niñez.  María José no sabe quién es. Para ser necesita a Lili, se pasó la vida buscándose y cuando llega a la juventud adulta sigue perdida. Sin embargo par. la sociedad, es una chica recibida y correcta que hace todo más o menos bien. Son lo mismo, en un sentido simbólico son la luz y la oscuridad.

—¿Qué es lo que las une?

—El hilo que construyeron cuando niñas, los miedos que las paralizaban, los juegos iniciáticos y el espanto ante una sociedad, padres incluidos, asquerosamente hipócrita.

—¿Por qué elegiste el humor negro para esta novela?

—Para que pueda soportarse. Si no tuviera esa cuota cínica, de humor negro, como bien decís, la historia que cuento sería inaguantable para el lector. Es necesario dejar que el cuerpo afloje ante tanto espanto, tanto dolor y tanta tragedia, y no hay mejor recurso que el humor oscuro, ese que nos sigue recordando que la historia horrible está ahí, pero que mientras tanto, nos relaja con una sonrisa, alejando la crueldad.



—Cuales eran los temas que querías tocar?

Quería hablar de la hipocresía social, de los miedos, de la muerte, de la impunidad, y también de la posibilidad de habitar lo sobrenatural, que nos acecha siempre en la vida cotidiana.

—¿Te costó dejarlas?

—Lili sigue ahí. Pero no me cuesta, porque soy muy prolifera, y estoy con varios proyectos ya que fueron corriendo a estas primas, sin embargo, estoy segura que Lili algún día volverá, pero dentro de mucho tiempo. Fue un personaje entrañable. 

—¿Qué te gustaría que el lector encuentre?

—Me gustaría que pensaran en mi novela como irreverente, que los interpele sobre algunas cuestiones que aceptamos dentro de la norma y que tal vez no nos pertenecen. Pero dejo libre al lector, como quiero ser libre escribiendo. Cada lector es un universo que lee nuestra historia con sus propias capas, y seguramente tendrán miradas plurales, muchas de ellas nuevas para mí, como ya me ocurre. Y está muy bien. 


—¿Cuándo supiste que querías ser escritora?

—Siempre escribí, desde los 12 años. Pero me asumí escritora a los 40, porque la vida se volvía pesada ejerciendo otras profesiones, así que me sumé a varios talleres de grandes escritores y empecé a tomarlo como una profesión. Ahora también dicto talleres en UNNOBA y en forma particular y me hace feliz nadar dentro de lo literario en el día a día. 

—Tenes rutina para escribir?

—Si. Me gusta escribir por la mañana. Varias horas, no siempre productivas, pero el mate y mi computadora, la ventana viendo verde y si es posible una brisa en la cara, forman parte de mi rito a la hora de escribir.

—¿Por que elegiste escribir?

—Porque sino moriría. No concibo mi vida sin letras, no solo escribir, leo mucho, más de cuatro libros mensuales, la literatura es mi oxígeno. Y el mar, cuando puedo escaparme. 



—¿Tenes otra novela en mente ?


—Tengo dos novelas terminadas, una leyéndose en editoriales y otra en corrección. Y estoy escribiendo dos más. Además tengo un proyecto de cuentos sobre la niñez vulnerada, desde los niños momias hasta hoy. Espero seguir con esta ansia productiva que me permite proyectar y poblar mi mundo de personajes y de preguntas. Para eso leo, para eso escribo

Quiénes somos ahora

Quiénes somos ahora (Literatura Random House, 2022) de la escritora Katya Adaui, simbolizar la muerte se vuelve trama, y la autora logra que un tema universal se transforme en personal, lo dignifica volviéndolo paisaje. EL mar en los ojos de la madre y la tierra en los del padre, el agua como cuna fecunda, la tierra como simiente.Y se vale de eso para el almizcle que logra en la historia de Mara, iniciática y pecadora, deshilvanando las historias desde la narrativa para que todos en la familia sean etéreos. Que no significa buenos, ni santos, ni siquiera humanos. Y se van desencadenando actos, nos muestra manías, las vuelve latidos, como los rencores viciosos de los personajes que cuando empezamos a odiarlos nos sorprenden con la ternura más alucinante, esa que es verdadera. Y se nos pega esa ternura, para que todo el tiempo acompañe la lectura de lo atroz.

La muerte es natalicia, dice Adaui, es que sí, cada vez que nacemos nace una vida y su muerte, y nace rebalzando vida y aspirando muerte, como un atlántico sangriento el útero contenedor se acuerda, y nos obliga a recordarnos, nadando en la creación precisa de la vida y la muerte del embrión que somos. Y es un acierto de la autora esa niñez en la playa, el sol, el ma, de Máncora, de La Punta, como retazos de vida a los que se puede volver para no morir.

Pero Katya Adaui es también una narradora conciliadora, que trae la bondadosa mirada del que sabe decir, y entonces sigue simbolizando con el auto del padre, con la justificación, aunque sea mínima de la madre terrible, que se realiza en la historia como si la maravilla fuera posible. El mundo es tazón y atizo en los ojos azulez de la madre, la casa se vuelve cartón pintado ante su mirada, y todos los miembros de la familia se escapan para salvarse. La madre alzada en un pedestal vicioso otra vez, empedernido, sin embargo tan cotidiano que la autora puede fluir en ella como si aún el útero fuera habitable. .

La novela es evocativa, pero también memoriosa, y el lenguaje es la herramienta para que la vida de esta familia se revele al lector, como un sistema imperfecto y a veces disperso que juega a ser unido, solo juega, y que naipe al fin, se desmorona cuando quiere ser sostén. No puede ayudar el sistema, no puede avanzar en el tiempo con las mismas bases, porque algo destinado a morir no puede evitar la muerte.

Una novela muy interesante, una autora para seguir.

Foco Noticias Universidad de Lomas de Zamora 20/02/2024

https://foconoticias.com.ar/post/la-nueva-novela-de-soledad-vignolo-recurro-a-lo-fantasmagorico-sobrenaturall

Actualidad

Soledad Vignolo: «Recurro a lo fantasmagórico sobrenatural»

 Soledad Vignolo:  "Recurro a lo fantasmagórico sobrenatural"

Por Camilo Carbonelli

Soledad Vignolo es escritora vive en Junín, acaba de publicar su primera novela No me cuentes que sos feliz editada por Yorick Ruru un sello de Hojas del Sur. Además publicó cuentos Una más una. Libros de poesías Ángulos y Ferrogonía, entre otras obras.

 FOCO NOTICIAS: -¿Cómo surgió la novela?

SOLEDAD VIGNOLO: La novela en particular surgió a través de una caminata por mi pueblo de Junín vi a un chico con un cuis (roedor) en la mano revoleándolo mientras caminaba al lado de una cantarilla. Me surgió la idea de qué pasaría si fuera una nena la que estaba haciendo eso en vez de una barón, que pasaría en la cabeza de una nena de 10 o 12 años que es capaz de agarrar un cuis para analizarlo y revolearlo. Una conducta masculina pasada a una femenina, entonces  ahí empezó a surgir Lili el personaje de la novela que es como todos los monstruos infantiles, vuelto en realidad trabajando con lo siniestro.  Tambien se logró este proyecto  gracias al apoyo de la editorial Hojas del Sur que creyó en la novela, ademas me sentí muy respetada.

 FN: -¿Cómo es la relación del personaje Lili con su prima María?

SV: Lili es todo lo sagrado, para María José a pesar de que es terriblemente su carácter de  sacralidad. Las dos primas son las dos caras de una misma moneda, una es la que cumple las normas de la sociedad y la otra es la que se anima a transgredirla.

FN: – Es una novela extraña ¿Hay una imposición por el concepto sobrenatural?

SV: Me gusta mucho la extrañeza en las novelas leo muchos autores del estilo de Samanta Schweblin. En este caso me pareció muy interesante que ante hechos terribles de la vida e institucional como pasó en la historia argentina, la novela habla  del fin de la dictadura. Recurro a lo fantasmagórico sobrenatural. Al espíritu de una amiga muerta, a Lili misma vuelta como fantasma a pesar de estar viva. Lo sobrenatural como lo siniestro esa es mi idea en la novela.

FC: -Hay una crueldad en los personajes que a veces son ingenuas o mal vistas.

SV: Lili es una niña que en su adultez pone en práctica lo que de niña no hizo, esos miedos, esos sueños, las premoniciones que todos sentimos de niños, ella los pone en práctica y eso la vuelve cruel pero no hay maldad per se, hay una perversión que tiene que ver con lo que fue en su niñez.

FN: – Hay una párrafo en un capitulo en donde uno de los personajes no comprende que es el amor ¿Para los personajes el amor es la felicidad?

SV: El amor para Lili es tragedia y para María José el amor apunta a la felicidad hasta que se da cuenta que se puede ser feliz con un amor más tranquilo, menos complicado.

FN: ¿Cómo es ser una escritora del interior de Buenos Aires sabiendo que un gran porcentaje del  mercado editorial se concentra en la Capital federal?

SV: Es todo un reto, en estos momentos estoy entrando en el mundo de los escritores capitalinos y sin embargo no quiero vivir en la capital, quiero seguir siendo del interior. Lo lúdico se pierde en la capital y lo sobrenatural tiene que ver con lo lúdico, esta cosa de lo aparecidos no es tan rara en el  interior, en el campo que te aparezca un fantasma nadie le tiene tanto miedo, tampoco la crueldad en el interior. En los pueblos esta menos crucificadas que en la capital. Es una cuestión factible no se cataloga como algo terrible, tiene cierto permiso la crueldad, es más real y se muestra más y en la capital eso se esconde porque hay que ser políticamente correcto. La novela no es nada políticamente correcta, ni pretende serlo, no muestra mujeres como víctimas, de hecho uno de los personajes es bastante cruel. Mi idea es poner al ser humano en un concepto que transciende el género que tiene que ver con lo que somos intrínsecamente.

FN: Hay un transfondo social de lo que fue la  dictadura ¿Por qué ese contexto?

SV: Uno siempre pone un ambiente en la historia porque tiene que haber un contexto. Quería hablar de la dictadura y contar también porque esa crueldad de Lili, ella fue niña en una sociedad en la que se aplaudía a Videla. En la cual transcurre la novela a  fines de los años 1970 hasta los 2000, desde su niñez hasta su juventud. Ella es cruel porque fue criada en un mundo cruel, no había los valores sociales que tenemos hoy.

FN: -¿Que roles deben de tener las librerías, las bibliotecas, los libros en la cultura?

SV: Creo que ninguna debe de dejar de existir, tienen que estar aun cuando el libro cambie de formato y se vuelva digital que es hacia lo que vamos, a mí no me da miedo los nuevos formatos creo que es normal y que tampoco está bueno talar árboles para publicar libros, van a quedar como un objeto mágico que va pasando por manos y que además va transmitiendo historias con esos olores.

FN: -¿Cómo se construye un escritor?

SV: Se necesita mucho tiempo, un escritor va generando sus propias capas, las historias tienen capas y los escritores también. No soy la misma escritora a los 20 años que a los 40 años y espero no ser la misma dentro de 10  años. Porque vas creando colchones a tu texto y nuevas experiencias de vida. La literatura para mí es muy importante, además leer para ser escritor y por otra parte creo que es un oficio, hay que trabajar y aprender mucho.

FN: -¿A qué publico apunta la novela?

SV: Es para un público adulto de ficción con intereses en la comedia negra en lo sobrenatural, no es una novela romántica, es oscura porque creo que la vida es crueldad y humor.

Tapa novela. Editorial Hojas del Sur