No me cuentes que sos feliz

Reseña de Mirta Isabel Ramón, escritora, desde Villa Dolores, Córdoba

Una novela de lectura ágil, atrapante hasta un final inesperado que pensé mucho más, mucho
más cruel, aunque es cruel. La expresión que da el título a la obra, es la que te deja huellas para
toda la vida, te marca a fuego y se lleva grabada por el resto de la vida.

Sin palabras rebuscadas y totalmente contextualizada hasta en el más íntimo detalle de las décadas de nuestra niñez, adolescencia y adultez. Se vive, se siente, se sufre, se sueña y llena de añoranzas, hasta el punto de sentirse como lectora de esa generación, identificada.
La selección del nombre de la localidad, no pudo haber sido otro. Bondino es un vino que se
produce en San Rafael, Mendoza, de la selección La Colina de Oro, caracterizado por aromas que
recuerdan a pimientos rojos asados y frutos rojos maduros.

El rojo, el picante caracterizan }a la trama y la madurez, a la escritora.

Personalmente, paseé por Julio O. Campo, y obvio que el paseo sexual, la Circunvalación, el
periódico La Verdad, la plaza, la escuela, la panadería donde iba a comprar tortitas negras y
blancas. Vimos construir la Iglesia de Fátima y su barrio, justamente estuve caminando por allí,
este último viaje a mi ciudad. Nada mejor elegido que el nombre de la plaza Peláez. Peláez: el estudio de las presiones plantales. Cuantas presiones para la niña- adolescente protagonista de la historia.

El recuerdo de la noche que los milicos mataron al titiritero e iluminaron todo el barrio, papá escondiéndonos en la pieza en construcción del fondo, el silencio y la oscuridad final.

Tuve muñecas Piel Rose, pero solo sobrevivieron las Rayito de Sol. También guardo una camisa a
cuadros Wrangler, que suelo usar porque es calentita. El recuerdo de los besos, el vientre ardiente
y el temblequeo frente al gringo con aroma a Colbert. Las apretadas con Sting y el zarandeo con
los Rolling Stone. El Peugeot 504, con el que recorrimos Córdoba, 5 chicos, papá, mamá y hasta la
abuela. Existía la tía o el tío, que fumaba Benson, para demostrar que tenía más dinero, o no, solo
era un ave de rapiña, demostrando status.
Valiente la protagonista que soportó Apocalipsis Now y Halloween, yo no los soporté, y me fui
del cine. Eso marca la esencia. No las eligió al azar la autora.
La descripción del fondo de la laguna, espectacular, hundirse en el fango, para renacer.
Indispensable la guía Peuser para irse estudiar. La quemé hace unos meses. Secar cáscaras de
naranjas para el mate, una manía y particularidad regional, imposible de quitar. Nada de
desperdiciarlas para compost.
Nadie nos explicó que era esa efervescencia interna, solas debimos descubrirlas y acallarlas. Solo
cuando nos fuimos a estudiar la manifestamos en todo su esplendor, probamos una y otra vez,
creyendo ser redentoras de cuanto sexo masculino se cruzaba, cuanto más complicado más
atrayente. Y oscilamos entre los que estaba bien y mal, obvio que el sexo era el mal.

Buscamos redimirnos de los pecados en cuanta iglesia encontramos hasta que descubrimos que los curas
eran unos Hdp. Peores que nosotras.

Lili, me llevo a Lili, que vivía en Lebenshon entre Frías y Carlos Tejedor, solo que ella era Down,
terrible para esa época, era despreciada, marginada, golpeada, escuchaba la radio en el escalón de
la puerta de la casa. Solía sentarme con ella un rato hablar y contarle mis secretos, cuando iba a la
casa de la Tía María.
La descripción de la recepción de la promoción ochenta, la reviví, no la recordaba, estaba
borrada, solo conservo la foto.
Puedo seguir enumerando coincidencias, recuerdos, sucesos, sentimientos, pero invito a leerla y
redescubrirse, animarse hablar a calzón quitado del despertar sexual, en el seno de una familia
tradicional de los 70-80 , donde el hombre demostraba su amor, compromiso, ausente en el
“trabajo”, la mujer en la docencia y la careteada del que dirán. El lema “parecer”, no ser.
Amorosamente cruel, para rever historias y quitarse culpas.
Tuvimos más historias amorosas que la cola de los jubilados cuando vamos a cobrar, porque nos
resistimos a los cajeros.

Considero que da para una segunda parte. Diferentes, pero moldeadas en la misma esencia.

PD: Gracias Isa por la lectura, la minuciosa recopilación de hechos, la historia compartida y la que resta. Es raro que en mi página se reseñe mi libro, pero tu mirada valía la pena y como bien decís, no tenés redes.

Nota Revista Veintitrés

https://www.veintitres.com.ar/cultura/Queria-hablar-de-la-hipocresia-social-de-los-miedos-de-la-muerte-de-la-impunidad-y-tambien-de-la-posibilidad-de-habitar-lo-sobrenatural-20240620-0034.html

CULTURA 23-06-2024 21:08 Hs.

«Quería hablar de la hipocresía social, de los miedos, de la muerte, de la impunidad, y también de la posibilidad de habitar lo sobrenatural»

 Soledad Vignolo acaba de publicar su novela No me cuentes que sos feliz.

Por Maria Helena Ripetta

«La novela tuvo una primera etapa donde solo fue deseo, nacido por ver a un niño con un cuis muerto que llevaba de la mano con tranquilidad, y comenzó a ser una intriga sobre cómo sería una niña con esa capacidad de aceptación de la muerte, así, de a poco, entre caminatas, fue construyéndose Lili, primero su cuerpo, luego sus características emocionales, tan particulares, tan impúdicas. Pero tenía que tener un contrapeso, y así decidí que la historia la contara María José, su prima, una niña/adolescente/mujer que en apariencia, sigue todas las reglas sociales de comportamiento, sin mucho esfuerzo y que responde al estereotipo de la época», dice la escritora Soledad Vignolo.

—¿Por qué el titulo?

—El título, que en la novela es una frase de Lili, representa la contradicción constante de una novela que elige ser políticamente incorrecta, que busca reflejar una realidad donde la sobrenatural está incluído y que además cuenta el fin de la dictadura y el inicio de la democracia, que telonean la historia de las primas. 

—¿En quien están inspiradas esta primas?

— Lili está inspirada en ese pibe callejero que me crucé, y María José es el modelo de chica de pueblo bien, pero bien rota también, con sus restos y sus bordes. No están inspirados en personas reales, aunque de algunas tome gestos, modos, o escenas

—¿Cómo definis a cada una de ellas?

—Lili forma parte de lo sagrado, es asquerosa, impune, cruel, terriblemente sincera, y capaz de trasmutarse. Lili es necesaria, es la que se atreve porque puede, la que no tiene miedo y pone a actuar los monstruos que ese mismo miedo construyó en nuestra niñez.  María José no sabe quién es. Para ser necesita a Lili, se pasó la vida buscándose y cuando llega a la juventud adulta sigue perdida. Sin embargo par. la sociedad, es una chica recibida y correcta que hace todo más o menos bien. Son lo mismo, en un sentido simbólico son la luz y la oscuridad.

—¿Qué es lo que las une?

—El hilo que construyeron cuando niñas, los miedos que las paralizaban, los juegos iniciáticos y el espanto ante una sociedad, padres incluidos, asquerosamente hipócrita.

—¿Por qué elegiste el humor negro para esta novela?

—Para que pueda soportarse. Si no tuviera esa cuota cínica, de humor negro, como bien decís, la historia que cuento sería inaguantable para el lector. Es necesario dejar que el cuerpo afloje ante tanto espanto, tanto dolor y tanta tragedia, y no hay mejor recurso que el humor oscuro, ese que nos sigue recordando que la historia horrible está ahí, pero que mientras tanto, nos relaja con una sonrisa, alejando la crueldad.



—Cuales eran los temas que querías tocar?

Quería hablar de la hipocresía social, de los miedos, de la muerte, de la impunidad, y también de la posibilidad de habitar lo sobrenatural, que nos acecha siempre en la vida cotidiana.

—¿Te costó dejarlas?

—Lili sigue ahí. Pero no me cuesta, porque soy muy prolifera, y estoy con varios proyectos ya que fueron corriendo a estas primas, sin embargo, estoy segura que Lili algún día volverá, pero dentro de mucho tiempo. Fue un personaje entrañable. 

—¿Qué te gustaría que el lector encuentre?

—Me gustaría que pensaran en mi novela como irreverente, que los interpele sobre algunas cuestiones que aceptamos dentro de la norma y que tal vez no nos pertenecen. Pero dejo libre al lector, como quiero ser libre escribiendo. Cada lector es un universo que lee nuestra historia con sus propias capas, y seguramente tendrán miradas plurales, muchas de ellas nuevas para mí, como ya me ocurre. Y está muy bien. 


—¿Cuándo supiste que querías ser escritora?

—Siempre escribí, desde los 12 años. Pero me asumí escritora a los 40, porque la vida se volvía pesada ejerciendo otras profesiones, así que me sumé a varios talleres de grandes escritores y empecé a tomarlo como una profesión. Ahora también dicto talleres en UNNOBA y en forma particular y me hace feliz nadar dentro de lo literario en el día a día. 

—Tenes rutina para escribir?

—Si. Me gusta escribir por la mañana. Varias horas, no siempre productivas, pero el mate y mi computadora, la ventana viendo verde y si es posible una brisa en la cara, forman parte de mi rito a la hora de escribir.

—¿Por que elegiste escribir?

—Porque sino moriría. No concibo mi vida sin letras, no solo escribir, leo mucho, más de cuatro libros mensuales, la literatura es mi oxígeno. Y el mar, cuando puedo escaparme. 



—¿Tenes otra novela en mente ?


—Tengo dos novelas terminadas, una leyéndose en editoriales y otra en corrección. Y estoy escribiendo dos más. Además tengo un proyecto de cuentos sobre la niñez vulnerada, desde los niños momias hasta hoy. Espero seguir con esta ansia productiva que me permite proyectar y poblar mi mundo de personajes y de preguntas. Para eso leo, para eso escribo

No me cuentes que sos feliz

Lili forma parte de lo sagrado. Los golpes le dan las piedras del Himalaya, los gritos suenan como chirridos masticados y las uñas sobre las paredes se vuelven charco. Un olor a orina no deja dudas. El borde entre placer y dolor es íntimo. El silencio, en cambio, siempre es brutal. Un globo fláccido flota, debe ser de un cumpleaños viejo, todos lo son. Nadie los ve. Nadie soy yo, apoyada sobre el banco del pasillo. Tengo esta cosa adentro.

Como si la solución para tanto fuera estar cerca. Elásticos y rondas en mi cabeza, un diente de leche tragado por Lili. Tres tornillos clavados en la cruz de madera en la que estaqueamos al grillo. Todo, de algún modo, encaja. Las veces que la vi gozar con hombres desconocidos en la ruta y las veces que lo hice yo. El sexo como magia. Necesitaba desgarrarme para ser virgen y restaurar mi cristal. Por eso estoy con Lili.

Ella sabe. Y una alquimia entre nosotras hace que cada contracción tenga sentido.