Éste es el mar

“Algunas noches el aire recordaba el final de una matanza. Era el humo de las parillas para hamburguesas en los puestos de comida, el de los fuegos artificiales y también la persistencia de los gritos: cuando las adolescentes gritan tanto y durante tanto tiempo, el sonido queda en el aire incluso después de que ellas volvieron a sus casas y a sus habitaciones.” Mariana Enríquez

La autora es garantía de buena literatura, esta novela en la que crea una mitología propia, asociada a las estrellas de rock que mueren jóvenes y trascienden como leyenda, y que recurre a las imágenes que Enríquez y muchos de nosotros, tenemos sobre rock stars como Jim Morrison o Kurt Cobain, parece forzar la idea de que la muerte es quien transforma al arte en leyenda.

No es la primera vez que un gran escritor recurre al mundo musical rockero para crear una historia, recuerdo con placer La calle de Great Jones  de Don DeLillo cuyo personaje es un una especie de clon de Dylan, sin embargo es una de las pocas veces en que la extrañeza y lo siniestro se le suma a la ya enriquecida atmósfera de recitales, fans, y mitos musicales.

En Éste es el mar, Mariana Enríquez contornea criaturas que pueden ser Enjambre, Luminosas como Helena la protagonista, o las peligrosas Imago. Todas interfieren en las vidas humanas rockeras, asesinando fans o músicos para cumplir con la voraz necesidad de ídolos. En ésta novela lo fantástico anida en la voz alucinada de la autora para dar lugar a un extraño encantamiento. Y por qué no cierto temor si fuiste una adolescente enloquecida por un ídolo del rock. ¿Eran tuyos esos deseos apasionados? ¿o Una Enjambre te manejaba hasta enloquecer?

La prosa como siempre es impecable, la historia, para amantes del rock y sus mitos.

Diario de Cuarentena: Un mundo huérfano

Ayer no recordé que era domingo, como se me pasan los días confinados sin nombre, aburridos y aprovechados a la vez en mi mundo de letras y lecturas sin fin. Por eso la recomendación literaria es de lunes.

Un mundo huérfano (Random House), la primera novela del escritor Guiseppe Caputo (1982), cuenta el amor entre un padre y su hijo. La narración está inmersa en un contexto de pobreza y soledad, en la que el padre busca la forma de crear universos que los salven de la opresión de sus paredes. Una casa sin muebles, con dibujos de lápices de cera en las paredes. Un bar en donde bajan del techo hombres enjaulados. Una calle oscura con postes de los que cuelgan cuerpos y partes de seres humanos y ese mensaje dejado al pasar en un muro: “Sigan bailando, mariposas”.

El hijo, encuentra en su padre un mundo poblado por felices recuerdos de infancia, pero también de angustioso por los miedos: de perderlo, de no poder llevar un plato de comida cada noche, de encontrarlo navegando en un universo denigrante. Es la historia, también, de dos seres que buscan sus propias maneras de enfrentar la soledad. El padre, usa la inventiva; el hijo, utiliza al erotismo con desconocidos, se vale de recorrer las calles oscuras y desoladas del barrio marginal en el que viven, y de enfrentar el miedo a la propia muerte como ya vio en otros hombres como él, sin suerte. Pero permanece siempre el amor filial y solitario. Se aman se necesitan y se encuentran librados a esa soledad de las ciudades que crecen y con ellas la desazón de ser ínfimo, cada vez menos trascendente .

La novela, , está dividida en seis capítulos que alternan la exploración psicológica del padre y en especial del hijo, por medio de los recuerdos y del contexto social al que se enfrentan. Un mundo huérfano es una novela interrumpida e insistente. Las escenas llevan al lector al hastío y al desagrado y lo obliga a leer, página tras página, cómo el protagonista tiene sexo con hombres extraños en un sauna, en medio de sudor, semen, poppers, en el brutal desespero del deseo y el uso sin por qué. Esta misma narrativa vuelve cuando, en medio del deseo y del hambre, el protagonista no puede abandonar la imagen de terror de los cuerpos de hombres homosexuales torturados y desmembrados, colgados de los postes de una calle oscura, expuestos como escarmiento para aquellos que aún viven. Los terrores que se mezclan con la necesidad del erotismo y la certeza de que nada puede cambiar lo que el protagonista siente y necesita. No teme salir a la calle con un atuendo de mariposa, animal que simboliza su identidad y la desaprobación social. La novela de Caputo puede clasificarse como “literatura gay”, una etiqueta reduccionista e inadecuada. ¿Es Orlando, de Virginia Woolf, “literatura trans” o “queer”?, ¿puede considerarse la correspondencia de la poeta Gabriela Mistral a su secretaria Doris Danna, “correspondencia gay o lésbica”? En ninguno de estos ejemplos puede negarse la presencia de componentes homosexuales, lésbicos o al menos disruptivos, pero la pluma es la valía. La novela de Caputo es interesante más allá del amor gay, es la novela de amor de un padre y un hijo, y una muestra de un mundo que muchas veces nos deja huérfanos.