MAGGIE, UNA CHICA DE LA CALLE

 

   

Durante mucho tiempo la ocupación de Jimmie consistió en apostarse en las esquinas y observar cómo el mundo desfilaba ante él, soñando sueños viriles al paso de bonitas mujeres. Amenazaba a la humanidad desde los cruces de las calles. En las esquinas estaba inmerso en la vida y era parte de la vida. El mundo seguía su marcha y él estaba allí para percibirlo.

Stephen Crane, Maggie

 

Stephen Crane es un autor del realismo social del siglo XIX, que se vuelve carne a medida que vamos transitando sus páginas, plagadas de personas que viven en la mísera realidad de una época en que la decadencia, una a la que estamos volviendo, no permite cambios. Nacer, reproducirse y morir en la mugre y la degradación total.

Maggie, la protagonista, ilumina la historia de esta novela descarnada. Pero su bondad no pertenece al mundo donde nació y por supuesto, eso la vuelve un ser sin rumbo, es una desclasada en su propio entorno sin escrúpulos, y la pisan todo el tiempo como si su ignotez fuese destino. Maggie no es una heroína es una mujer nacida víctima.

El autor no toma partido ni opina, describe los hechos, intercalando algunos diálogos. Es una novela social, pero a diferencia de Dostoievski, en el que hay ideas de porvenir, de profundas convicciones, Crane muestra personajes que no puede volar, que solo se tienen entre ellos, y sus tremendas limitaciones. Tal vez el autor comprenda de ese sentido mínimo del mundo por sus propias vicisitudes, murio de tuberculosis a los 28 años y esta novela, que es verdad que podría ser pulida, fue escrita a los 22 y autopublicada.

Maggie como novela y como personaje merece ser leída en contexto. La prosa del autor tiene la distancia necesaria para conmovernos, ambienta tan bien el entorno de esta chica que podemos sentirnos parte. Es un texto difícil, doloroso, sucio. Maggie y su inocencia son castigadas por no entender la dureza de la vida y la necesidad de desconfiar. Crane describe si pasarse de raya, los detalles son los justos, y logra ahogarnos en esta historia en la que sabemos desde el principio que la chica no tiene porvenir.

Maggie: una chica de campo o una chica de la calle es un libro de aprendizaje para lectores y escritores. Me lo recomendó el gran Luis Mey y lo agradezco. La historia me dejó la desesperanza como recurso, la que encontré en el paralelismo de esa marginalidad de otro siglo con la de nuestra sociedad actual.