Diario de Cuarentena:12-0 Marcha

«La democracia debe permitir a todos llevar una vida digna y si los gobiernos no escuchan al demos (pueblo) falla algo», dijo Hessel en 2011 visitando España «hace falta que el poder escuche al pueblo. Es fácil de decir pero no fácil de hacer». Y es así, este escritor daba en la tecla. Un gobierno que no ve ni oye a su pueblo es una oligarquía.

El pensador francés, que se ha transformado en referente para los jóvenes de muchos países, apuntaba en ese tiempo a reclamar una sincera y verdadera democracia. Para eso hay que armarse de paciencia, confianza y valor porque las fuerzas populistas y económicas que pretenden mantener el status quo son listas y te enredan en sus discursos. Hessel fue miembro de la Resistencia francesa y superviviente de varios campos de concentración y sugería usar los partidos más democráticos, para apoyarlos en las próximas elecciones . No vale decir yo me abstengo porque todos son iguales; no es cierto, y creía también en apoyar los movimientos que están surgiendo y que reclaman una sociedad menos violenta y más consensuada, en especial en elecciones intermedias.Este humanista, candidato al Premio Nobel de la Paz, que siempre ha abogado por el uso de la no violencia y por el carácter pacífico de las protestas, ha justificado la desobediencia civil cuando «la legalidad está encontrada con la legitimidad», pero explicando que esa actuación va en contra de la legalidad impuesta.

Tomo sus palabras hoy, para analizar lo ocurrido ayer en la marcha, que no es la primera, y que siguen siendo desoída por un gobierno que parece creer en su propia historia construida sobre premisas hipócritas, pero sostengo como Hessel, que es necesario la pacificación social, la moderación y la sensatez, claro que en vez de pedirle a la gente que la tenga, debería partir del gobierno. Los ciudadanos sabemos lo que queremos y actuamos en consecuencia, y es la clase política la que no tiene el piné necesario para la crisis que debemos soportar y que la misma clase política con sus acciones propició. Los argentinos no damos más, ayer salió el pueblo, y el pueblo quiere saber de qué se trata. El Gobierno, éste que es a quien la gente le dio el voto, debe dar respuesta.

Diario de Cuarentena: Manifestación

Cuando un grupo de individuos se convierte en una unidad social reconocible es porque hubo un proceso dinámico anterior que lo fue gestando. Ayer gran parte del pueblo argentino se manifestó, en una ceremonia propia de los movimientos sociales, que aunque insistan en no reconocerlo, un movimiento social es todo aquel en el que el pueblo se manifiesta y no es propiedad de una izquierda que usa la calle como propia, sino que es esa transformación de individuo en sociedad reunida para la protesta. Es raro ver al populismo gobernante, que siempre utilizó la manifestación como modo de intervención política., desconocerla cuando otros la realizan. Solo muestra la relevancia que adquirió ayer esa unidad social apartidaria y hasta sin un lema único, sinónimo de pluralidad, fue una masa social organizada como en un ritual, personas unidas cargadas simbólicamente y escenificadas en la esfera pública por tercera o cuarta vez en un momento necesario para defender valores, la gente lucha como actor colectivo, en pos de la supervivencia de un modo de vida que está suspendido y se ve amenazado por conductas totalitarias. Las emociones desencadenadas en el curso de estas manifestaciones coadyuvan a reforzar la identidad y la solidaridad colectivas de un grupo social que se percibe a sí mismo vulnerado cuando trata de preservar lo que amenaza las fronteras de un sistema en el que desea vivir.. En la medida en que los actos de masas cohesionan a sus participantes, las autoridades, azoradas porque la calle fue tomada por aquellos que usualmente no lo hacen, intentan banalizar o desconocer el hecho, como si la manifestación hubiera sido un suicidio colectivo.

Ahora cuando estos mismos actos, son realizados para amedrentar empresarios por parte de sindicatos, o para apoyar los pensamientos únicos y reduccionistas del actual gobierno, es el pueblo que se manifiesta.

Yo fui al banderazo de ayer. Volvería a ir las veces que sean necesarias para defender la libertad y la república. No hace falta rotularse. Con ser libre alcanza. Hay mucho miedo a un virus, que es pandémico e inevitable, pido que también temamos a los destrozos que podemos evitar. El destino es todavía una quimera pero la realidad nos azota con la fortaleza habitual: la enfermedad que asola al mundo no es elegida ni nos pertenece, pero la sumisión, el destrato, el autoritarismo, el encierro, las inequidades, las malas decisiones, los idiotas al poder, y las insistentes políticas de miedo y el desoir a una ciudadanía que se adelanta al gobierno , toda ésta locura que supera ya los 150 días es soslayable. Reducir la manifestación de ayer a lo sanitario, habla de un gobierno que no tiene destino. Y como decía Borges:

“Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.”