Diario de Cuarentena:Dejando que el futuro se nos pierda

Lo que ocurrió ayer, esa mezcla de dolor con fantochada, la trastienda burda de la politiquería, la vergüenza del desgobierno y tanta gente de mierda jugando el juego ante un muerto, que no fue un santo, pero sí leyenda, una que se trasgredió como todo lo válido en este último destiempo, y entonces se pasaron por el trasero las recomendaciones sanitarias y llamaron a millones a nuestra casa de gobierno, mientras los individuos no pueden llorar sus deudos. Entonces me acordé que Rubén Blades había contado con claridad la hipocresía:

La sociedad se desintegra. Cada familia en pie de guerra.
La corrupción y el desgobierno hacen de la ciudad un
infierno. Gritos y acusaciones, mentiras y traiciones,
hacen que la razón desaparezca. Nace la indiferencia,
se anula la conciencia, y no hay ideal que no se desvanezca.
Y todo el mundo jura que no entiende por que sus sueños
hoy se vuelven mierda. Y me hablan del pasado en el
presente, culpando a los demás por el problema
de nuestra común hipocresía.

El corazón se hace trinchera.Su lema es sálvese quien pueda
Y así, la cara del amigo se funde en la del enemigo.
Los medios de información aumentan la confusión, y la
verdad es mentira y viceversa. Nuestra desilusión crea
desesperación, y el ciclo se repite con más fuerza.
Y perdida entre la cacofonía se ahoga la voluntad de un
pueblo entero. Y entre el insulto y el Ave María, no distingo
entre preso y carcelero, adentro de la hipocresía!

Ya no hay Izquierdas ni Derechas: sólo hay excusas y
pretextos. Una retórica maltrecha, para un planeta de
ambidiestros. No hay unión familiar, ni justicia social,
ni solidaridad con el vecino. De allí es que surge el mal,
y el abuso oficial termina por cerrarnos el camino.
Y todo el mundo insiste que no entiende por que los sueños
de hoy se vuelven mierda. Y hablamos del pasado en el
presente, dejando que el futuro se nos pierda,
viviendo entre la hipocresía.

Diario de Cuarentena: Sentido Común

Anoche me dormí angustiada por Solange, por la falta de lógica de esa muerte en soledad. Ver a una joven cadavérica, rogar por un padre a quien una norma dictada por decreto, le impidió abrazar antes de su partida. Por la madre de Facundo, que descubre esqueletos tratando de encontrar en huesos algo de su hijo perfecto de veintidós años, que un control policial de cuarentena detuvo y nunca más apareció. Por las víctimas de género, que superan las 100 pero no las nombran más, por los niños del hambre que no pueden achacar a la pandemia, porque crecen y crecen y se ven condenados a ollas populares sin control alguno. Y por cada argentino padeciente, que no puede realizar su vida cotidiana, mientras sus derechos son asaltados por quienes deben garantizarlos.

Me doy cuenta que hay intencionalidad en mucho de lo que vivimos y también que hemos perdido el sentido común de la vida en sociedad. Ese sentido común que es la capacidad para juzgar razonablemente las situaciones de la vida y decidir con acierto. Nada ha sido acertado durante la pandemia. Vivimos entre permisos burocráticos y abusos de poder. No podemos practicar deportes pero podemos hacer colas por horas para pagar impuestos. No vemos a nuestros familiares pero conversamos con los delivery. No hay justicia civil que resuelva visitas de padres e hijos o divorcios pero sí la hay para soltar presos o corruptos. No hay posibilidad de abrir algunos negocios pero las grandes cadenas nunca cerraron. Todo ridículo y de los pelos, todo embarazoso y complicado. Turbio, sería la palabra.

Sin sentido común, estamos viviendo la tragedia de los comunes. La tragedia de los comunes describe una situación en la que los individuos, motivados solo por su interés personal, acaban sobreexplotando un recurso limitado que comparten con otros individuos. La tragedia de los comunes refleja un conflicto social sobre el uso de los recursos comunes, en donde los intereses personales entran en conflicto con el interés común. La sobreexplotación de un recurso común por un individuo en muchas ocasiones acaba reduciendo el bienestar social e incluso perjudicando al propio individuo que está provocando esa sobreexplotación. Hoy estamos padeciendo una tragedia de los derechos comunes, como el de recibir justicia que solo está disponible para una persona, el derecho al trabajo, a la libre circulación y miles de derechos avasallados. También hay recursos que pretenden transformarse en tragedia. Las tierras están siendo tomadas. El biólogo Garrett Hardin aplicó la idea al análisis de temas como la carrera de armamento, la contaminación y la sobrepoblación. Y podemos aplicar hoy a la energía, la producción y la justicia. La tragedia de los comunes nos aqueja.

Y es entonces que se afectan los sentidos, entre ellos, este sentido tan preciado que es el común. Cualquier persona que lo tenga comprende la descabellada defensa de los ciegos a un gobiernos que los destruye a ellos también. Que nos obliga a vivir y morir en soledad. ¿Con qué derecho?. no hay certezas sobre el virus que nos aqueja, ni siquiera son ciertos los análisis para detectarlo. La ciencia no ha acordado todavía, sus trascendencias. Los países con sentido común, volvieron con cuidado a la vida diaria, con respeto y protección de los derechos individuales. Nosotros nos estamos hundiendo en una ciénaga mentirosa y tan feroz que ni alguno de los aliados del gobierno quieren entran en ella.

Esta mañana me desperté con la certeza de que nos quieren envenenar la vida, que pretenden desarmar la trama social para que mientras nosotros, los comunes, discutimos, los corruptos se aseguran la impunidad. La vida se nos pasa, la muerte nos arrebata personas queridas que no podemos despedir, y el miedo nos paraliza, debemos apelar a nuestro sentido común para cortar con tanta locura.

Les dejo un párrafo de la canción de Molotov

Perros callejeros,
Topes y baches,
Tops permanente y migrañas constantes,
Tenis colgados del poste de luz,
Como yo del cable como el metro bus,
Te retordillan con los aerosoles,
Un cuadro en blanco una cuadra de colores,
Licorerías en cada esquina,
Limosneros piden limosna al de la limosina,
Los diputados ellos viven muy bien,
Y desde sus mansiones eso es lo que no ven,
Que somos muchos muchos más de cien,
Que creen que el cambio esta adentro de cada quien,

El sentido común, no ha sido tan común
No ha sido tan común, el sentido común
El sentido común, no ha sido tan común
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