Diario de Cuarentena: Metamos todo en la Olla

A río revuelto ganancia de pescadores dice el refrán. Y nadie pesca mejor en la argentina que el asesor del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz Juan G. dirigente de la CTEP que contiene a la MTE a la que pertenecen los angelicales recolectores que aman la ecología de nuestra ciudad pero que responden a un líder político que, aunque trabaja para el Vaticano, si hay algo que no propicia es la paz. Aclaro esto ante dudas planteadas sobre qué tenían que ver los pobres recolectores con Grabois. Pertenecen a los mismos movimientos, están asesorados y son fuerza política, no beneméritos ecologistas. Pero este es un país donde metemos todo en la Olla, como pasa actualmente, que tenemos más ollas populares que intenciones de cambiar el rumbo. Yo me pregunto, esas ollas, ¿quién las mantiene?. La política. Uno y otro lado de la política sigue sosteniendo el clientelismo y con él la continua desvalorización de las personas.

Los trabajadores recolectores, dicen realizar un trabajo social, pero no fueron elegidos o contratados para ello. Es su negocio, uno que por supuesto no es simple, pero no seleccionan por bondad. Y tampoco son empleados del Municipio. Y digo todo esto sabiendo lo antipático que suena y siendo defensora acérrima del paisaje y una construcción de ciudad sustentable racional. Pero no es así como se va a lograr, sino con políticas de estado al respecto y conciencia ciudadana. No metamos todo en la olla, no es todo lo mismo, no se pueden avasallar instituciones, derechos, edificios públicos, y propiedad privada en nombre de algunos ideales, aún cuando pensemos que son válidos, hay que sostener un marco jurídico razonable.

Los moderados, los del centro, si seguimos quedándonos quietos y callados, seremos aplastados por personajes de la categoría de este dirigente, que dice: odio las tomas, mientras las propicia y alienta.

 Sé que al Ir contra la corriente voy a enfrentarme a la falta de aprobación de la sociedad. Pero siento desde el fondo de mi corazón que es hora de hacerlo, de frenar la quietud intelectual que proponen estos movimientos autoritarios, que suponen que lo de otros es de ellos porque se les ocurrió tal o cual proyecto agroecológico, mientras su líder, mantenido por la política ya sea la clásica o la eclesiástica se pavonea con propuestas cool a cuesta de los que como clase privada trabajadora, empresarios, productores, profesionales y cuentapropistas, mantenemos un estado ausente que no nos brinda seguridad de ningún tipo, ni estabilidad económica, ni salud pública ni transporte. Un estado que nos tiene encerrados mientras los Grabois, Boudou, Baez, Moyanos y compañías descansan cuidados por sus fueros pseudo populistas.

A la gente hay que darle educación, para que sean libres, y se ganen su sustento con honradez, no guisos comunitarios para comprar voluntades mientras se los mantiene pobres, o se los empobrece más. Los recolectores de Junín lucían camperas con logos de sus movimientos, así que aunque JG quiera decir que no los conoce, algunos de nosotros sabemos que no es así. Yo sueño con una revolunión. No me equivoqué. Revolunión. Pero para que ocurra, debe haber sobre la mesa cuestiones claras sobre los derechos adquiridos y respeto a la bandera y a la república, de las otras, de esas revoluciones bolivarianas ya vimos los resultados: muerte y destrucción. Pero seguimos a veces, sosteniendo palabras bonitas que llevan a un destino miserable. Tal vez a nuestra gran olla argentina, le haga falta un caldo de verdad.

Feliz día a los Gestores Culturales, que no podemos evitar involucrarnos en la patria.

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