Contador

Trabajo todo el día, en condiciones esclavas, con la paciencia al límite. La ira se me escapa por debajo de la piel cuando el hambre me deja respirar. Mi trabajo es insano, agotador, con fríos extremos y terrores nocturnos, posiblemente sea desconocido por el pueblo, por los gobernantes de turno y hasta por las autoridades internacionales. A veces creo que debe ser ilegal. Sin embargo, no puedo parar de trabajar, sin descanso, desconociendo climas y tormentos, anunciando quiebres que se harán grieta en la trama social que habitamos. Lo grito de muchas formas específicas, en tirones que se vuelven rojos de tanto tirar. En saltos abismales que no suelen temer aterrizar, porque el vuelo es eterno, y en voces varias, a ver si alguien se entera que trabajo. A ver si alguien me paga de una buena vez. Todo el día creando identidades e impidiendo la desaparición de otras. Buscando posibles soluciones que se puedan contar. Mirando la vida, en fin, escribiendo.

Free Pass

¿Era una posibilidad extrema la libertad? palabra de tres simbólicas silabas procaces, que conducen irremediablemente al deseo de ser. A un posible desenlace temido e inevitable que promueve inconsistencias propias y relativas a la dicotomía vida- muerte, por la que caminamos diariamente, en esta encrucijada existencial. Porque posibilidad sería si alguna vez hubiéramos sido libres. Para ser extrema tendríamos que haber conocido el revés, la otra punta, que podría ser la esclavitud. Por lo tanto, entender que la libertad existe, como condición inherente a nuestra cualidad humana, posible de lograr por propia cuenta, con el decoro innato de la libre humanidad. Eso claro está, es un paradigma imposible de comprobar, por lo que seguiremos amontonados en la ciega actitud del que añora llegar a un nuevo estadío resplandeciente y blanco. Lleno de puntos y con un còdigo digital que dice: free pass.