Diario de Cuarentena: Lealtad a quién

Diario de Cuarentena: Lealtad a quién

Vivimos en un país donde ser leal siempre implica aceptar sin cuestionar. Seguir a un líder no importa lo que haga, sostener sus emblemas aunque sean inmorales. La lealtad fue una de las banderas del nazismo y el fascismo. Y no es casual que Perón las haya utilizado. Su temporalidad con esos regímenes y su admiración hacia Mussolini lo avalan. Hoy es el día de la lealtad peronista, mi pregunta sería lealtad a quién.

Porque si es al pueblo, fueron el partido que más pobres consiguió en la historia argentina, si hablamos de patria, han tenido los políticos más corruptos y asilan y defienden a nefastos seres políticos como Evo, Lugo, Chávez, Maduro , Lula y compañía. En lo personal creo que el fanatismo hace que no se tenga pensamiento crítico, es por eso que siempre tienen una masa inamovible de votos. No se cuestionan si está bien o mal, el verticalismo se impone. Por lealtad.

Y Nuevamente la pregunta, lealtad a quién.

Stephen Nathanson, una de cuyas más destacadas obras sobre el tópico del patriotismo es: Patriotism, Morality, and Peace ; frente al patriotismo actitudinal general y al universalismo, Nathanson postula el “patriotismo liberal moderado”, el cual se expresa en las características siguientes:

Especial afección por su país.

El deseo que su país florezca y prospere.

Especial, pero no exclusiva preocupación por el propio país.

Apoyo condicional a las políticas que se llevan adelante en su país.


De estas características, la central es la especial preocupación por el propio país, siendo que ella es la que convierte a una persona en patriota. Entiende el autor que ella no colisiona con el respeto por personas o grupos de otros países, lo que la convierte en una actitud moralmente aceptable. Su concepción de la moralidad guarda aspectos universalistas, en ella, si bien las diferencias especiales son permitidas no
existe una auténtica jerarquía moral entre las personas. Ese universalismo moral queda expresado, en general, en el hecho de que todas las personas tienen, por lo menos inicialmente, una igual demanda en la búsqueda de una vida feliz y la posesión de unos derechos que no se limitan a miembros de ningún grupo nacional particular, raza o religión. En la moralidad que propone Nathanson no hay un objetivo que sea obligatorio para todos, ella permite tener objetivos propios y personales, con lo cual deja abierta la posibilidad de elegir; no tiene una estructura prescriptiva que señale cómo se deben alcanzar los objetivos que cada uno pretende, deja libertad para lograrlos, pero, al mismo tiempo, dice que hay ciertas cosas que no deben hacerse, límites que no deben traspasarse, que son las “restricciones laterales” a nuestras acciones. Ellas prohíben infligir ciertos tipos de daño, como la muerte, el dolor o el sufrimiento a otras personas. Es una moralidad de sentido común que consiste en un conjunto básico de reglas que prohíben las acciones que van contra el derecho de los otros en cuanto personas humanas. Es una moralidad que tiene una función negativa, no prescribe metas, pero proscribe ciertas acciones para alcanzarlas. Dentro de
los límites establecidos por esas restricciones una persona puede hacer lo que quiera.
Es un patriotismo, cuyo significado es amor al país, aunque se trata de un amor condicionado desde dos sentidos. Uno, que las acciones políticas del gobierno deben ser dignas de apoyo, o al menos, no deben contener graves violaciones a la moralidad en sus medios y metas. El otro, es que se debe reconocer la posibilidad de que una nación pueda tener un apoyo indigno. El hecho de que “un país sea mi país” no significa que sea digno de devoción patriótica. Bajo estas premisas, no todo país es digno de lealtad patriótica, sólo lo son aquellos que desarrollan políticas acordes a la estructura de la moralidad.
El sentido de patriotismo que Nathanson reconoce como valedero permite hacer compatible el patriotismo con la moral universal.

El valor de la lealtad que hoy nos ocupa y la preocupación especial por el país de pertenencia no pierde de vista al ser humano común que se comparte con miembros de otras sociedades.
La postura sostiene que demasiado patriotismo o nacionalismo y demasiado universalismo liberal deben evitarse. Insistir en ser leales a quienes conducen un país a la pobreza, o en sostener un modelo de país que solo es un paraíso retórico pero en la práctica suma villas y denigración de valores, libera delincuentes, sostiene usurpaciones, las promueve incluso con dirigentes como Grabois, con movimientos que desconocen la bandera, las leyes, tras una lealtad a la nada misma, a un conjunto de historias mal contadas y de héroes holográficos nos lleva sin dudas a la inviabilidad. La lealtad, cercana al concepto de fidelidad es para mí, hablando de lo patriótico un sentimiento cuestionable. Me genera mucho temor, porque roza el fanatismo. Y los ismos…

Hay una frase de Hannah Arendt que me puso a pensar en mi adolescencia y que espero lo haga con quienes me leen: La lealtad total es posible sólo cuando la fidelidad se halla desprovista de todo contenido concreto del que surgen naturalmente los cambios de opinión.

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