Diario de Cuarentena: lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos.

Mientras el mundo sigue, Argentina está estancada, atravesando la peor crisis de su historia. Una que en la que confluyen todos los ámbitos de la vida. Si queremos resolver nuestros problemas económicos y sociales, tenemos que empezar a actuar de manera congruente. Para eso debemos volver a pensar en valores y en principios y accionar en consecuencia.

Me dí cuenta de que gran parte de los problemas que nos afectan como sociedad son causados por una gran incongruencia de nuestra dirigencia, que emana de nosotros, entre lo que quieren, lo que dicen, lo que piensan y lo que terminan haciendo. Como por ejemplo, cuando nos dicen que ahorremos en pesos pero ellos tienen cuentas llenas de dólares, pero si se trata de nuestros ministros o gobernantes lo que hacen con su dinero es una cuestión privada personal, ahora si se trata de nosotros ahorrar en dólares es desestabilizante y anti solidario. Aunque, a la hora de elegir, elegimos este tipo de gobernantes incongruentes. Desde mi punto de vista —lo aclaro— se trata de un problema de voluntad. Sobre todo porque incluso la gente más humilde vota un bonito discurso cargado de versos polimórficos hilvanados para el engaño. Pero hay una voluntad social de mantener la farsa. Porque nos parecemos a nuestro estado. Para la gran mayoría de la gente es más fácil gastar más de lo que gana y recurrir al crédito para complementar el gasto. No se dan cuenta de que esa deuda hay que pagarla más adelante y eso significa que tendrán aún menos dinero para gastar en otras cosas. Comprometen parte de su ingreso futuro. Lo mismo vienen haciendo los gobiernos para sostener un estado imposible de sustentar. Es necesario, imprescindible, bajar el déficit, actuar, en consecuencia, de forma congruente. Se tiene que considerar esto como una prioridad y destinar el esfuerzo de la ciudadanía para ese fin. Si en lugar de hacerlo ponemos pretextos, terminaremos muy mal y culpando a otros: al fmi, una multinacional, el campo, al clima o al gobierno de Norteamérica.

Es necesario tener una buena meta en nuestro horizonte de inversión, y elegir qué instrumentos usaremos para lograrla. La incongruencia entre lo que queremos, decimos y hacemos sucede también en otros muchos aspectos. Nos quejamos pero ni siquiera sabemos , ni pagamos. Nos quejamos de los fondos , pero no cambiamos para no necesitarlos.

Si queremos resolver nuestros problemas económicos y sociales, tenemos que empezar a actuar de manera congruente con lo que pensamos, lo que sentimos y lo que realmente hacemos, como personas y como país.

Diario de Cuarentena: Pensar el recuerdo

Hoy es 26 de septiembre 269.º día del año. Quedan 96 días para finalizar el año espantoso que supimos conseguir. Y digo conseguir porque no era necesario agregarle a la pandemia tanto dolor. Hoy también nacía Heidegger, el filósofo alemán que hablaba del ser y el tiempo y que tiene un pensamiento al que en estos tiempos vuelvo una y otra vez: Lo verdadero, ya sea una cosa verdadera o una proposición verdadera, es aquello que concuerda, lo concordante.

Ya llevamos más de 190 días de cuarentena, que no nos ha curado sino enfermado de muchos males, como la soledad, la intransigencia, la desdicha, el irrespeto, el miedo, la condena prejuiciosa y la miseria en todos sus sentidos. En ningunos de estos días hubo concordancia. Nada concuerda. Lo que se dice no es lo que se hace, los números no son los números, las muertes no son las muertes, los anuncios no son verdaderos, los test no testan sino que toman la fiebre. Así, en esta falta de concordancia que arriba en la falta a la verdad, vamos enloqueciendo y viendo como nuestra vida, nuestro porvenir y nuestro país se derrumba. Una cosa es lo que el ojo ve y otra lo que el alma siente.

La verdad no es verdad porque se la enuncia, sino porque concuerda con lo que acontece. No basta con que yo diga hoy somos libres si no podemos transitar, si debemos pedir permiso hasta para hacernos el test que analiza la enfermedad pandémica, si nos eligen los trabajos, si nos niegan la socialización, si está prohibido reunirse. Sería interesante recordar en qué época de nuestra historia ocurría esto. No fue en los breves cuatro años anteriores. Muchos argentinos confiaron en la verdad de este proyecto político, el 49 por ciento. Ahora, esa verdad ¿concuerda? Parece que no es relevante pero la concordancia viene a ser el equilibrio necesario para ser sin tener que cuestionarnos todo cada día.

No sé porque como pueblo votamos siempre supuestas epopeyas pasadas, creamos mitos incomprobables y nos gustan más las frases grandilocuentes que las verdaderas. Pero tal vez, y volviendo al filósofo alemán debamos revisar nuestros recuerdos a la hora de elegir, bien decía el susodicho: Lo más antiguo de lo antiguo llega desde atrás a nuestro pensar y, sin embargo, se nos adelanta. Por eso el pensar se detiene en la aparición de lo que fue, y es recuerdo.